Alfredo Castro en Cannes: "Me gustan los personajes conflictivos"

by Gabriel Lerman May 26, 2017
Chilean actor Alfredo Castro in Cannes, May 2017

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Han pasado casi 10 años desde que llegó a Cannes por primera vez como el protagonista de Tony Manero, la segunda película de Pablo Larraín. Hoy, su director de entonces se ha convertido en una de las voces más prestigiosas del cine latinoamericano y también ha logrado hacer el famoso crossover, con un debut hollywoodense de la mano de Natalie Portman. Y a Alfredo Castro, su actor fetiche, tampoco le ha ido nada mal. Por algo en este tercer retorno al festival más importante del mundo, lo ha hecho con dos películas, una argentina, La cordillera, en la que tiene varias escenas impactantes con Ricardo Darín, y otra chilena, Los perros, en la que comparte cartel con otra actriz habitual de Larrain, Antonia Zegers. Pero además, el nativo de Santiago de 61 años ha desarrollado una impresionante carrera cinematográfica que lo ha llevado a trabajar a casi toda América Latina y le ha dejado numerosos premios. Pronto se lo podrá ver en Museo, del mexicano Alonso Ruizpalacios y Severina, coproducción entre Brasil e Uruguay de Felipe Hirsch.

Llegaste a Cannes por primera vez con Tony Manero. Era tu segunda película y ahora llevas 50...

Tony Manero vino después de un fracaso muy grande, del mismo Larraín. Era una película que le fue muy mal, donde yo hacía 20 minutos de un homosexual que estaba preso. Esos 20 minutos, gracias a Dios, fueron los que Pablo Larrain tomó como su poética ya que después vino Manero.

Y ahora tienes 50 películas. ¿Cómo te ha cambiado como actor toda esta experiencia cinematográfica?

Yo había dado mi vida por las tablas en el sentido de que todo pasaba por el teatro. Lo hago, tengo una sala, una escuela, doy clases, hago investigación. A esa altura de la vida pensaba que iba a seguir por ahí. Pero apareció el cine como algo muy nuevo. A los 50 años empecé desde cero. Pablo fue muy generoso porque me enseñó a hacer cine. Yo no lo había hecho y no sabía cómo hacerlo. Aprendí mucho con él. El teatro es otra ilusión, otra poética. En el cine hay un tipo de actuación que es muy leve, que no es lo mismo que el teatro, hay que aprender.

Tú crees que el fenómeno del cine chileno, que de golpe explotó ¿Tiene que ver con que había muchos actores muy buenos en el teatro y en la televisión que no tenían esa cámara adelante?

Puede ser, pero yo creo que además vino una generación joven, muy interesante, muy diversa, muy heterogénea, muy plural, con mucho pensamiento. Hombres, mujeres, diferentes estilos y dinámicas. Lo de venir a Cannes fue un hallazgo, una locura. Mandaron un DVD de Tony Manero por si acaso, como quien manda una carta cualquiera a quien sea y ahí empezó a abrirse algo interesante. Fue producto de que hubo un recambio, yo creo, muy interesante, de gente a la que le interesaba ver ciertos temas desde otro ángulo. El escenario de Pablo siempre es la dictadura, pero es el fondo la usa para relatar historias de seres muy sicópatas, siendo Chile una sociedad que también está muy loca.

Cuando llega la fama internacional ¿cómo se hace para seguir siendo este hombre de teatro independiente que siempre has sido?

Todo pasa por no creérsela mucho. Y trabajar con gente que uno quiere, porque los directores con los que he trabajado afuera son gente muy adorable. He entrado en proyectos más por mi afinidad emotiva y por el humor de esos directores que por dinero, por fama o por un rol. La cordillera es un buen ejemplo. Es un rol pequeñísimo que resuelve toda la película, pero son 6 escenas magníficas. En mi imaginario no está presente la fama. Si llega, es hermoso y suelo aprovecharla, pero hay otras cosas: la humanidad me interesa más.

¿Cómo fue trabajar con Darin?

Muy interesante porque es un actor muy efectivo. Es muy diestro, sabe mucho el oficio. Dialogamos muy bien. Hicimos una escena muy críptica, muy extraña. Y con Dolores Fonzi también. Ha sido un ambiente maravilloso. Santiago Mitre es un chico muy sensible, amoroso. Llegar a filmar con Darín en Argentina no es cualquier cosa, porque es su lugar, su gente, su ambiente, y uno viene como extranjero. Fueron todas personas muy cariñosas, muy acogedoras. Fue igual que en Venezuela y que en todas partes porque lo que nos une son las ganas de hacer un muy buen cine regional.

¿Te parece que sigue habiendo una desconexión en el cine que se hace en los distintos países de América Latina?

Cada vez menos, fíjate. Yo estoy filmando ahora en México, con Alonso Ruizpalacios, que hizo Gúeros. Hice No, dónde me tocó hacer del padre de Gael García Bernal, una película muy interesante. Estuve en Colombia haciendo Narcos, voy a Argentina a filmar con Benjamín Naishtat, con un joven director fabuloso, brillante, un film que se llama Rojo. Se están haciendo muchas coproducciones. Creo que estamos viviendo un momento muy interesante.

Paulina García ha hecho una película en EE.UU. ¿Y tú?

No, yo no, porque no me han llamado. No sé si me interesaría. Me gustaría algo como lo que ha hecho la Paulina, una película independiente. Pero yo creo que no estoy preparado para una superproducción. No tengo interés de que me impongan ciertas cosas que tienen que ver con el mercado, con la venta. Estoy bastante lejos de eso. Y todo lo que yo he hecho va por otro lado, es independiente, se forja solo.

Militar acusado de violación de los derechos humanos, cura pedófilo… ¿nunca le dices que no a un papel o tiene que haber algo que redima a estos personajes?

Creo que, como latinoamericanos, esto de la redención está muy presente por toda la cosa católica. Pero finalmente, la vida no es así. Me gustan los personajes conflictivos. Me es muy aburrido hacer de gente a la cual no le pasa nada. Me ha tocado hacerlo y he dicho que sí a todo.

Con respecto a Los Perros, como chileno y hombre de teatro, imagino tu posición frente a la dictadura de Pinochet. ¿Cómo es meterse en la piel de alguien que en tu vida personal probablemente detestas?

Me ha tocado hacer eso dos veces: en El club con el cura pedófilo y la pedofilia para mí es un crimen que no puedo lograr entender. Cada uno con sus gustos, pero ese me es muy difícil de aceptar. Pero, fíjate que en Los Perros fue un placer meterme en ese rol porque intentamos precisamente que fuera un hombre bastante encantador y que le diera mucho placer a esta muchacha a todo nivel: afectivo, amoroso, sexual. Yo creo que la película es muy “maleducada” porque te hace sentir compasión por un criminal. El problema es que la película es un reflejo de lo que pasa en Chile hoy en día. Sigue sin haber justicia. Puedes ir en un taxi con gente que torturó a tu padre perfectamente bien...