Andrea Testa y Francisco Márquez, directores de 'La larga noche de Francisco Sanctis': "Que nuestra película siga estrenándose es más que un premio para nosotros"

by Gabriel Lerman September 1, 2017
Directors Andrea Testa and Francisco Márquez

getty images/anne christine poujoulat

El pasado viernes llegó a los cines norteamericanos la película argentina La larga noche de Francisco Sanctis, la adaptación de la novela de Humberto Constantini con los que Andrea Testa y Francisco Márquez debutaron como directores de cine de ficción. El hecho es simplemente la culminación de una larga trayectoria marcada por el éxito, iniciada cuando los dos ganaron el concurso de Ópera prima del Instituto de Cine local, con lo que obtuvieron el dinero para poder filmarla. Presentada en el BAFICI, el festival de cine de Buenos Aires, resultó ganadora de 4 premios, entre ellos Mejor película y Mejor actor para su protagonista, Diego Velázquez. Pero además fue seleccionada para la sección Un certain regard en el Festival de Cannes y ganó recientemente el Condor de Plata al Mejor guion que otorgan los críticos cinematográficos en Argentina. Hablamos con ellos por teléfono mientras preparan en Buenos Aires sus nuevas películas, esta vez por separado, Francisco otro film de ficción y Andrea un documental.

Después de los festivales y los premios, incluido Cannes, ¿qué significa para ustedes que su película se estrene en Estados Unidos?

A.T.: La verdad es que todo el recorrido fue bastante sorpresivo. Comenzó en el BAFICI en Buenos Aires, pero lo de Cannes, y en simultáneo, no era algo que esperábamos. Hicimos la película pensando solamente en eso, y sobre todo pensando en hacer la mejor película posible con los recursos que teníamos. Que siga estrenándose y que siga recorriendo el mundo es más que un premio para nosotros. Siempre decimos que lo más lindo es encontrarnos con la gente, o recibir mensajes y que sea un trabajo activo. También nos pasó que poder presenciar la proyección de la película en diferentes partes del mundo nos conectó con algo universal, porque es un conflicto que históricamente se repite a lo largo y a lo ancho de este mundo.

F.M.: Que se estrene en Estados Unidos nos genera una linda sorpresa y también  mucha expectativa. Venimos leyendo las críticas que son buenas. Cuando la hacíamos teníamos dudas de qué tan universal era la película, pero evidentemente logró atravesar el conflicto netamente argentino. Es una película que está ambientada en la dictadura argentina, sin embargo hemos tomado la decisión de que no haya mucha referencialidad sobre ese momento histórico. En otras películas están más concentradas en el terror ejercido por los militares, y la nuestra no tenía todas esas referencialidades, por eso nos preguntábamos cómo se va a comprender el drama de este personaje, y lo que nos encontramos es que el público en otros países lo relacionó con sus propias experiencias.

¿Cuán meticuloso fue el trabajo de reconstrucción de época?

F.M.: Hubo una reconstrucción profunda, por más que nosotros ya estábamos empapados por nuestra propia formación. Hay un libro que fue publicado acá que se llama Los 70 de la gente común, que se basa en los sectores medios y sobre los consumos populares en la dictadura, y usamos algunos otros estudios más sociológicos que se han hecho sobre el tema. Y después hicimos investigaciones visuales, no sólo yendo a ver fotografías de la época, los archivos que hay acá en Buenos Aires, sino también hay un trabajo de un fotógrafo que se llama Marcos Zimmermann, que hizo una serie de fotos que se llama Buenos Aires en dictadura, en la que él sacó fotografías de manera clandestina, porque estaba prohibido sacar fotos en la vía pública, a gente caminando por la calle. Ver esos rostros, que uno no sabe ni dónde están, ni a dónde van, nos cuenta de el terror que la gente estaba viviendo en el país. Otro aspecto tuvo que ver más con el lenguaje cinematográfico; pensar qué era la sociedad en esa época, conceptualmente,  que era la opresión, y tratar de transmitir esa sensación de manera cinematográfica.

A scene from the Argentine filme The Long Night of Francisco Sanctis

Una escena de La larga noche de Francisco Sanctis.

breaking glass pictures

 

 

Diego Velázquez es la carta ganadora dentro de la película. ¿Cómo fue el trabajo con él, puesto que todo dependía de lo que hiciera frente a la cámara?

F.M.: Hubo un momento en que el personaje era más grande en edad y habíamos pensado en otro actor. Y finalmente cuando decidimos que el personaje tenía que ser más joven empezamos a pensar en actores, y la verdad que Diego Velázquez, si bien no ha hecho mucho cine en Buenos Aires tiene un recorrido importante en el mundo del teatro. Él hace un papel muy pequeño en Relatos Salvajes y cuando lo vimos en cine su imagen impregnaba desde la pantalla y, además, tenía mucho que ver con cómo nosotros nos habíamos imaginado al personaje. Seguimos ahondando en el trabajo de Diego y finalmente lo fuimos a ver a una obra que estaba en cartel en ese momento que se llama Estado de ira. Veníamos ya como medio jugados, porque teníamos el guion ya impreso y dijimos “Si sentimos que es el, vamos y le damos el guión”. Y en la obra hacía un personaje muy distinto al de la película, pero maravilloso, y bueno, ahí no tuvimos dudas. En ese sentido no fue difícil, porque Diego es un actor increíble. El trabajo con él, y con los otros actores, no fue tanto de ensayo, es decir, pasadas de las escenas, sino más bien de comprensión del conflicto del que estábamos hablando. Entonces fue un trabajo más de lectura del guión, donde íbamos leyendo frase por frase, acción por acción. Intentábamos juntos ir construyendo lo que le estaba pasando al personaje por la cabeza en ese momento.  Y el trabajo que tiene que hacer él a nivel actuación es muy difícil, porque él no puede decir nada, porque si dice algo pone en riesgo a él y a su familia. Y tampoco lo puede demostrar y se lo tiene que mostrar al público de alguna manera. Entonces es de una gran sutileza lo que tiene que hacer, y a su vez pasar por un arco dramático muy grande en un tiempo muy chico, en una sola noche. En cada escena tiene que ir cambiando un poquito ese arco por lo que el trabajo se tuvo que calibrar de una manera muy precisa.

En Estados Unidos, cuando uno hace una película que tiene un éxito equivalente al de ustedes, en seguida los van a buscar y les hacen ofertas. Si no fue así, ¿qué dice de la industria cinematográfica argentina que después de todo esto ustedes tengan que salir a levantar cada uno su propio proyecto como si nada hubiera ocurrido? 

F.M.: - Nosotros habíamos tomado una decisión con esta película, que hoy se muestra acertada, pero que en ese momento era un riesgo. Ganamos un premio para hacer esta película que se llama Ópera prima y fuimos a buscar productor, porque era nuestra primera película y nos parecía que no teníamos que producirla nosotros. Pero terminamos haciéndolo porque los que aceptaban producirla proponían condiciones que no estábamos dispuestos a aceptar. Entramos a estos festivales sin ningún contacto. Mandamos nuestra película a Cannes por internet, no es que un productor se la dio a un programador, que son cosas que pasan porque no es ilegítimo que cuando uno conoce a un programador le diga “mirá esta película que es algo especial”; es lo más común, no es algo raro ni corrupto. Pero nosotros no teníamos a nadie a quién dársela. Sentíamos que no teníamos chances de jugar en esa liga. Yo creo que si ahora nosotros ahora vamos con un proyecto a algún productor probablemente se interese en el proyecto, pero hemos decidió seguir en este camino de hacerlo nosotros mismos. Sí buscamos una coproducción internacional, porque nos va a permitir rodar con más recursos. Hemos filmado con muy poco dinero, y eso implica limitarse, si salía un plano mal durante la noche no podíamos repetirlo. Y yo creo que el problema de la industria en la Argentina hoy está en la distribución, que eso hace que no haya proyectos atractivos para los productores y que nadie te venga a buscar. Porque en la Argentina lo que ocurre es que antes del cambio de gobierno se producían muchas películas, pero las salas estaban copadas por los grandes tanques hollywoodenses, o unas pocas películas argentinas ligadas a las empresas televisivas. Y nosotros, con nuestra película, teníamos que ir a pelear pantalla de una manera totalmente desigual. Las películas argentinas independientes tienen mucho más potencial de público, pero ese potencial es coartado por una falta de apoyo estatal y por liberar al cine a las reglas meramente comerciales o mercantiles cuando el Estado debería apoyar a las películas argentinas en su distribución si, encima, ya nos apoya en la producción. Entonces yo creo que lo que ocurre es que económicamente son proyectos quijotescos los que uno realiza.