BAFICI 2017: Una fiesta para el cine en español

by Gabriel Lerman May 2, 2017
The scene at the 19th BAFICI festival, Buenos AIres, april 2017

bafici

El crítico del diario argentino La Nación, Diego Battle, no podría haber definido de mejor manera la edición número 19 del BAFICI, el festival de cine independiente que cada abril inunda a Buenos Aires de propuestas cinematográficas. En su resumen publicado en ese diario el pasado domingo, Battle señala que con 400 largometrajes, 100 de ellos argentinos, y muchísimos cortos, nadie que haya cubierto el evento puede estar en condiciones de ver un porcentaje representativo de lo que allí se proyectó. Con numerosas salas repartidas por toda la ciudad pasando películas provenientes de todos los rincones del mundo, ciertamente fue imposible adivinar donde estaban las joyas escondidas, sobre todo porque en el BAFICI buena parte de lo que se presenta es inédito, particularmente si es cine hablado en español.

Así, aunque en Buenos Aires se pudo ver la película mexicana La región salvaje, por la que Amat Escalante se llevó el León de Plata a la Mejor Dirección en el pasado Festival de Venecia, y la catalana Estiu, 1993, que le dejó a Carla Simón el galardón al Mejor debut en el reciente Festival de Berlín, además de otros premios en Málaga y Estambul, también tuvo su premiere mundial la boliviana Las malcogidas, debut como directora de la actriz Denisse Arancibia, y llegó a los cines por primera vez Le Blu, una inusual producción realizada con actores y financiación local en la provincia argentina de Misiones, que de otro modo no tendría un espacio para encontrarse con el público.

Pero si algo quedó en claro en este evento que tuvo como máxima figura al italiano Nanni Moretti, que participó de buena gana de una vasta restrospectiva, una presentación de un libro sobre su carrera y un diálogo con la audiencia, es la buena salud que tiene el cine hablado en español. Entre lo mejor que pudo presenciar este enviado se cuenta la primera incursión por la ciencia-ficción de Escalante, ganador en 2013 del premio al Mejor director en Cannes por Heli, aunque con una clara mirada latinoamericana. Su filme cuenta por un lado una historia intimista, en donde analiza cómo se lidia en México con la homofobia y la violencia de género, y por el otro muestra a un ser llegado de otro mundo que provoca en los seres humanos con los que entra en contacto una pasión irrefrenable que a veces puede tener un resultado trágico.

Otra película para celebrar es la uruguaya El candidato de Daniel Hendler, segundo largo como director del actor fetiche de Daniel Burman, que con humor, buenas actuaciones y un análisis inteligente del mundo actual de la política, muestra el detrás de escena del lanzamiento de un nuevo partido. El cine argentino presentó, en cambio, propuestas que reflejan una mirada sobre el cine muy diferente de la que se tiene en otras partes del mundo y en donde que exista una historia no parece ser una prioridad. Entre ellas sobresalen La vendedora de fósforos de Alejo Moguillansky, que obtuvo el Premio a la Mejor película en la competencia argentina y El corral de Sebastián Caulier. La primera explora la estrecha conexión entre el cine, la música y la literatura a partir de una adaptación del famoso cuento de Hans Christian Anderson, mientras que en la segunda la trama supera a las interpretaciones en un thriller ambientado en una escuela secundaria.

En otros casos, las buenas intenciones no alcanzaron, como en Cetaceos, de Florencia Percia, sobre una mujer (Elisa Carricajo) que aprovecha la ausencia de su esposo para dejarse llevar por lo que se le presenta en el momento sin que haya un desenlace que explique su comportamiento o en Corralón, de Eduardo Pinto, que aún con buenos trabajos actorales de Luciano Cáceres y Pablo Pinto refleja un argumento surgido de la improvisación en una historia en la que los héroes que la protagonizan se transforman rapidamente en villanos. Hubo, ciertamente, joyitas. Estiu, 1993, que se llevó aquí también algunos premios, hizo que quienes la vieron salieran del cine con el corazón emocionado, y la rusa Zoology de Ivan Tverdoskly dejó boquiabiertos a una audiencia que descubrió que en el cine aún quedan historias que nunca han sido contadas.