En Cannes con Antonia Zegers, protagonista de Los perros

by Gabriel Lerman May 25, 2017
Actress Antonia Zeger in teh film "Los Perros"

Antonia Zegers en Los perros

cínemadefacto/jirafa

Sopla fuerte en la playa de Cannes en donde tiene lugar la entrevista, frente al sitio en donde almuerzan los jurados de las secciones paralelas del festival. Allí está Antonia Zegers, una de las actrices más prestigiosas de Chile, que ha llegado para presentar junto a la directora Marcela Said y a su compañero de reparto, Alfredo Castro, Los perros, la película que representa a su país en la Semana de la Crítica. Allí, interpreta a una mujer de clase alta que vive un affaire con un profesor de equitación que tiene un pasado oscuro durante la dictadura de Pinochet. El film es una gran oportunidad para Zegers, muy recordada internacionalmente por El club, la película de Pablo Larrain que obtuvo la primera de sus dos nominaciones a los Globos de Oro y en donde encarnaba a la hermana Mónica, una monja que comparte una casa con un grupo de curas pedófilos que han sido separados de la sociedad por la Iglesia Católica. Esa fue una de muchas colaboraciones que Zegers ha hecho con él como actriz, aunque detrás de las cámaras fue su esposa durante 8 años y es la madre de sus dos hijos.

 

Un papel femenino protagónico, rico, con muchas facetas… ¿Es un sueño hecho realidad?

Sí. No sólo por lo de protagonista, porque he tenido secundarios maravillosos. Por ejemplo, la hermana Mónica en El club era un secundario que era tan complejo y tan interesante como un protagónico. Lo que sí es que haber habitado este universo que me invitó a encarnar Marcela es un privilegio. Ahora uno empieza a medir resultados, pero el proceso creativo fue de un tremendo aprendizaje.

Uno a veces cree que necesitas contar con una directora para que te dé el espacio de hacer una historia de mujeres...

Ocurrió así. Esa es la verdad, me llamó una directora para contar una historia de mujeres. Y no es paradójico, también hay un montón de hombres que generan muy potentes y poderosos universos femeninos, pero en mi caso fue una mujer la que me invitó a habitar esta historia de una mujer. Un personaje demasiado bello.

Esta mujer está por un lado en una gran crisis personal, y por otro lado atraviesa por un despertar, como que de golpe empieza a darse cuenta del universo que la rodea.

Yo no creo que el personaje esté en una crisis particular. Su vida es así y ella la habita, con cierta abulia,  Y de ahí le viene un poco su desparpajo con su cuerpo, de un espacio de abulia, de falta de sueño. Es una persona que está en una clase y en una familia equivocada, que uno lo ve a propósito de todo ese imaginario artístico que ella tiene con estos cuerpos mutilados, el armado de máscaras y eso le da un universo bastante perverso. Ella vive en el seno de una familia muy conservadora, con los hombres que lo único que quieren es que ella se quede embarazada. Pero ese cuerpo jamás va a recibir una guagua, porque está en otro lugar. Y ella es así, lo que pasa que si hubiera nacido artista capaz que se hubiera desarrollado más, pero está en esa tradición. Mariana es fuerte, pero no lo suficiente como para romper con su realidad, y es frágil, pero no lo suficiente como para ser poseída por nadie.

Son llamativos los hombres que la rodean. Por un lado está éste te coronel que ha hecho cosas terribles pero la puede ver como mujer y tener un gesto cálido hacia ella, por el otro el fiscal de derechos humanos que termina abusándola en el peor lugar y de la peor manera posible. El padre que esconde secretos y el marido que la maltrata...

La menosprecia. Yo creo que es eso lo que pasa, el marido la quiere, pero la menosprecia porque yo creo que es de una misoginia importante. Todo el mundo le habla como si ella se pasara la vida de shopping. Nadie la puede ayudar porque creen que se pasa todo el día en el mall, y ella no es así. El único que la ve, paradójicamente, es un torturador, un monstruo. Es el único que se preocupa de darle placer. Le ve la fuerza, la belleza, la luz. Entonces eso es lo diferente que tiene esta película, porque instalar a un torturador como el único ser humano que hay, aparte de la fragilidad la fortaleza y la belleza de la protagonista, es de una insolencia - para mi país, yo creo- suprema. Y eso a mí me gusta mucho, porque es controversial. Porque los seres humanos somos en gran medida muchas personas. Entonces aunque el torturador haya sido una bestia que merezca estar en la cárcel, tiene la posibilidad de que alguien le inspire belleza, y eso es algp muy subversivo para mi juicio.

Tú ya has trabajado con Alfredo montones de veces. ¿Cómo fue crear con él una nueva historia?

Cuando Marcela me llamó y me habló de la película y me dijo que al coronel lo hacía Alfredo, yo le dije que era maravilloso que fuera Alfredo, porque con la complejidad de lo que me estaba contando yo sabía que con él la voy a encontrar. Con Alfredo tuve un encuentro muy poderoso en Post Mortem, en la que tuvimos que hacer escenas muy difíciles. Yo estaba aterrada y él me dice “¿Cómo lo vamos a hacer?” y yo le dije: “Mira, yo me voy a colgar de tus ojos, te voy a amar” Y él me dijo “Okey, yo me voy a asentar en los tuyos.” Por el hecho de que yo me asentaba en el personaje más fuerte. Y nos colgamos uno en el ojo del otro y así resolvimos todo el problema. Yo creo que de ahí en adelante se abrió un espacio de confianza creativa absoluta. Yo con Alfredo me siento capaz de encarnar cualquier cosa.

¿Qué es lo que te dio a ti como actriz trabajar tantas veces con Pablo Larrain, más allá de tu relación personal?

Yo creo que Pablo nos enseñó un poco a todos, porque él inventó un lenguaje, una realidad tan real que no era real, en la que había que ser menos que la realidad, había que esconder siempre qué es lo que pasaba. Uno estaba acostumbrado a gritar lo que un texto proponía y si tú eras realista, es decir, si movías las manos intensamente, para Pablo era mucho. Y no solo eso, sino que además debías esconder tus intenciones. Y esa para mi es la escuela: la he aplicado en otros trabajos. Escondes las cosas en vez de ponerlas por fuera. Para mí otro tremendo aprendizaje que tuve con Pablo fue en El club, en donde el guion se fue escribiendo sobre la marcha. Y los interrogatorios, que eran esta especie de monólogos que teníamos los habitantes de la casa, escritos por el magnífico Guillermo Calderón, fueron saliendo como del horno, y el mío fue el último en salir, cuando ya estaba muy avanzado el rodaje. Cuando salió yo no tenía ni idea. Nadie me había dicho las cosas del África, de que probablemente había maltratado a una niña, de que no se sabía si era monja o no, todas esas cosas aparecen en el monólogo y es alucinante porque yo no lo sabía, porque aún no se le habían ocurrido a él todavía.