Fernando Guzzoni, director de Jesús: "Cuando hay un tema que me molesta intento convertirlo en una película"

by Gabriel Lerman August 24, 2017
Chilean director Fernando Guzzoni

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Aún cuando el cine chileno se ha convertido en uno de los más fuertes de América Latina, no es habitual que en Estados Unidos se estrenen producciones de ese país, por eso es una buena noticia que casi un año después de su paso por los festivales de Toronto y San Sebastián se pueda ver en las salas de nuestro país Jesús de Fernando Guzzoni. El film es un crudo retrato de un joven sin rumbo (Nicolás Durán) que pasa sus días en Santiago bebiendo, compartiendo su falta de interés en el mundo con otros como él y consumiendo drogas, hasta que un hecho fatídico cambia su vida por completo. Hablamos por teléfono con Fernando Guzzoni, director de la película, quien previamente realizó Carne de perro, ganadora de premios en San Sebastián y Gotemburgo así como el documental La colorina.

¿Cuán importante es para ti que tu película se esté estrenando en los cines de Estados Unidos?

Yo creo que en el mercado norteamericano, en general, el cine latinoamericano no tiene suerte. Desde ese lugar, me da mucha alegría haber podido vender la película allí, lo cual nos da mayor visibilidad.  Donde ya la hemos tenido en los análisis del Hollywood Reporter y Variety, pero también instalar la película en un mercado que no sea sólo el europeo o el latino, con la importancia que tiene, y empezar a generar un vínculo pensando también en futuras producciones.

¿Cómo surgió la idea para Jesús?

La idea de Jesús surge básicamente de una reflexión que yo quería hacer sobre una relación padre-hijo, sobre esta crisis de las relaciones filiales, donde a veces, más allá de que uno tenga un vínculo sanguíneo, uno puede ser perfectamente un desconocido con su padre o con su hijo. Eso ha tenido también mucho que ver con la figura patriarcal latinoamericana, chilena, que es más bien ausente, un poco intermitente, y ese elemento ha sido siempre muy constitutivo de las idiosincrasias latinoamericanas. Quise mostrar esto en un contexto urbano y contemporáneo. Y cuando comencé el proceso de escritura hubo un crimen en Santiago en el que cuatro jóvenes asesinaron de una forma muy violenta y brutal -como más o menos ocurre en la película- a otro chico en un parque, y los medios empezaron a especular diciendo que se trataba de un grupo de neonazis y yo hice una investigación sobre los asesinos, movido sólo por la curiosidad  y descubrí que no se trataba de neonazis sino de un tema mucho más complejo y profundo, mucho más enrevesado que lo que planteaban los medios; pero el elemento que más me llamó la atención fue que tanto la víctima como los victimarios tenían gravísimas faltas afectivas, tenían ausencia de la figura paterna, entonces eso se cruzó con mi primera idea y decidí incorporar estos elementos de este caso al relato.

Tu película hace un retrato muy crudo de la juventud actual. ¿Surge de tu investigación? ¿Por qué crees que se da esta crisis en la juventud?

Yo no creo que la película sea representativa de una normalidad sino que muestra un caso particular de un grupo de chicos, creo que la juventud como cualquier generación es difícil de clasificar de forma tan concreta. Pero yo creo que una juventud que está enclavada en un país como Chile, que no es muy diferente de otros países donde hay una generación capitalista, un modelo neoliberal que genera mucha brechas, donde hay poca movilidad social, la violencia se consume por internet y se comparte por Whatsapp, y donde también hay una crisis de los afectos, esos y muchos otros elementos más van generando una suerte de nihilismo, de violencia subterránea, y a veces surge de la manera más inesperada o más cruel. Yo creo que la película muestra eso, a estos chicos en búsqueda de la identidad afectiva, amorosa, laboral, en la que tienen pocos espacios de contención, poca estructura, y en ese descubrimiento y en ese tránsito hay partes de desmesura.  

 

A scene from the Chilean movie "Jesus"

Una escena de Jesús, de Fernando Guzzoni.

breaking glass pictures

 

Sueles tener como protagonistas a personajes desagradables. ¿Cual es la razón?

Carne de perro y Jesús son dos películas que tienen la particularidad de abordar el tema del homicidio con personajes que no son, en términos convencionales, “héroes”, con los cuales uno puede generar una empatía o un amor. Tiene que ver con que me interesa la complejidad que hay detrás de estos personajes y me interesa desnudarlos. Entender esta complejidad humana, porque hay personas que en el fondo caen en el exceso, o caen en espacios de violencia. Creo que es más fácil entender lo que proponen los medios, donde siempre hay un eslogan o una generalización, que nos dejan tranquilos pero que no profundizan, y un poco me pasa eso con la película, busqué desde una sensación de curiosidad infinita entender qué había arrastrado la dictadura, quiénes eran estos seres que habían estado en el lado oscuro de la fuerza, que habían hecho las atrocidades mayores, y que lamentablemente son seres humanos y no robots, y que seguramente no renunciaron al amor, o al afecto o a las relaciones. Y eso me parecía muy violento de pensar. Cuando hay un tema que me molesta intento convertirlo en una película. Y en este caso ha sido así, cuando me enteré de este caso real, por qué chicos jóvenes terminaron matando a otro, cuál era el móvil de eso, qué había detrás, cuál era su vacío, cuáles eran sus razones más personales. Y la película expresa a todos ellos, yo entiendo que no son muy luminosos, pero a mí me parece que siempre hay una responsabilidad de abordar temáticas que son complejas, y me resulta interesante hacerlo.

¿Çómo explicas este fenómeno del cine chileno que cada vez tiene mayor trascendencia internacional?

Creo que se debe a la democratización del cine porque con la aparición del formato digital irrumpieron muchos directores, porque los costos de producción son más bajos, y también hay muchas escuelas de cine que empezaron a aparecer en los 90. Yo creo que el cine de Chile ya se convirtió en un polo, ya no es una novedad, y por lo general son directores jóvenes, que han hecho muchas películas y muchos documentales. Creo que aquí en Chile, luego de la dictadura y hasta entrados los '90 se entendió que había que insistir en estas políticas culturales.

¿Hay una influencia del otro cine latinoamericano? Porque tu directora de fotografía es uruguaya y ha trabajado con Lucrecia Martel en Argentina. ¿Sientes que formas parte de una corriente que va más allá de Chile?

Sí. Me pasa cuando converso con otros directores latinoamericanos, que entre nosotros nos vemos, nos interesa genuinamente qué es lo que pasa en la región, y cuando hay cinematografías que son más maduras, más coherentes, relatos más eficientes, uno naturalmente las mira. Yo miro siempre a Víctor, a Lucrecia, a directores del cine brasileño, y también tengo amigos peruanos, colombianos, argentinos que miran el cine chileno con atención. Ese ejercicio es muy interesante, ver más allá del lenguaje que hay ciertos imaginarios comunes. Yo creo que sí hay influencias necesarias entre todos nosotros.