José Feliciano: “Mi guitarra es mi pasaporte”

El resto de los mortales necesitan de pasaporte para moverse por el mundo. Ese no es el caso de José Feliciano, cantante, compositor y virtuoso de la guitarra que no duda en afirmar eso de que su guitarra es su pasaporte. Un instrumento que también podría denominar su ventana al mundo. O sus ojos. Un objeto del que no se ha separado desde que su padre le regaló una cuando sólo era un niño que encontró en la música la vista que un glaucoma congénito le arrancó nada más nacer.

De ahí que este puertorriqueño de 68 años que nos hizo las Navidades más felices con su Feliz Navidad, prendió nuestro fuego con su versión de Light My Fire y nos hizo evocar el futuro con nostalgia gracias a su Che sará (Qué será) se sintiera como en casa cuando se reunió con los miembros de la Asociación de la Prensa Extranjera a su paso por Nueva York donde pudo dar la vuelta a un mundo que conoce bien gracias a sus giras y tomárselo con humor entre canciones y recuerdos.

Porque los que conocen José Monserrate Feliciano García lo primero que recuerdan no son sus canciones. Ni tan siquiera su ceguera. Lo más característico de este intérprete es su humor, ese con el que siempre se ríe de si mismo. ¿Lo más duro del momento más álgido de su fama? Salir corriendo hacia la limosina y encontrar la puerta. ¿Y el momento que más recuerda de su carrera? Cuando le vino Frank Sinatra, o el señor Sinatra como prefiere llamarle por respeto, y le dijo eso de “¿quién soy?” Son muchas más sus anécdotas, como esa canción que le quiso dedicar hace muchos años a Howard Hughes “pero como no le veo”, dijo en el concierto, se la dedicó a Jaqueline Onassis.

Sinatra fue uno de sus ídolos, como lo son para este amante del Rock & Roll Jimmy Hendrix, Carlos Santana –“un buen amigo”, subraya- Jimmy Page de Led Zeppelin, Eric Clapton o George Harrison de Los Beatles. Pero sus verdaderas influencias fueron Andrés Segovia y Ray Charles. El primero porque le enseñó como a muchos otros a amar la guitarra. El segundo porque le dio la esperanza. El si se puede. Si Ray Charles tuvo una carrera aún siendo ciego, el también podría conseguirlo.

Pero la mayor influencia en este artista casado con Susan Feliciano desde hace más de 40 años y con tres hijos fue su madre, la mujer que nunca le tuvo pena y le enseñó a valerse por si mismo, algo que ha demostrado en los escenarios de todo el mundo.

Feliciano se sintió cómodo entre la prensa extranjera recordando cómo fue descubierto en Argentina, en el Festival del Mar del Plata con sus boleros, los seguidores tan leales que dejó en México, compartiendo las palabras de tagalo aún en su memoria lo mismo que su japonés y paladeando las diferentes comidas que ha probado por el mundo, su mejor forma de conocer una nueva cultura.

Su último destino fue Israel. Allí grabó durante un concierto en Tel-Aviv con la orquesta sinfónica Raanana lo que será su nuevo álbum. También cuenta con un nuevo sencillo, Please Don’t Go Away, un dueto con quien denomina la Madonna de Serbia de un tema compuesto por Roussinoff. Fiel a sus raíces latinas, Feliciano interpretará el tema en inglés y en castellano.

Rocío Ayuso

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