Alejandro Ibáñez Nauta: “Los niños están cayendo como piojos”

by Rocio Ayuso September 16, 2020
Spanish director Ibanez Nauta

¿Cómo escribir una carta de amor al hombre más conocido del cine y la televisión española? Películas como ¿Quién puede matar a un niño?, programas dramáticos como Historias para no dormir y, sobre todo, el concurso del Un, dos, tres hicieron de Narciso Ibáñez Serrador, más conocido como Chico, el centro de la cultura popular para muchas generaciones de españoles que vivieron los años de la transición. Pero poco más de un año después de su muerte es su hijo, Alejandro Ibáñez Nauta, quien toma el relevo dedicando a su padre una carta de amor en forma de película. Se trata de Urubú, continuación, remake o, simplemente, una nueva manera de contar ¿Quién puede matar a un niño? para una nueva generación. Película que Ibáñez Nauta no solo dirige, sino que interpreta.

¿Qué le lleva a realizar su primer largometraje de ficción?

Nunca hablé con mi padre de retomar ¿Quién puede matar a un niño? Es cierto que desde que empecé a dirigir y a producir documentales pasaba mucho tiempo con él. Escribíamos historias de terror juntos y hacíamos competiciones. Una semana escribía yo, otra él, y luego veíamos quién contaba la mejor historia mientras decíamos eso de ‘a ver si algún día nos juntamos y tenemos la oportunidad de trabajar juntos’. A la vez, como hijo, se te va formando ese dolor en el pecho de ver que tu padre se está yendo. Me hubiese encantado que haber rodado Urubú con él, pero fue imposible no solo que viniese a Brasil sino porque cualquier rodaje son muchas horas y muchísimo trabajo. Pero sí que pensaba sentarme con él y poder montarla juntos. Y eso me dijo cuando vio el tráiler y le gustó. Estaba muy orgulloso y se sorprendió de que era una especie de segunda parte, de secuela de ¿Quién puede matar a un niño? La verdad es que tenía muchas ganas de sentarse a mi lado y ver el “chorizo” de tres horas que teníamos hecho y yo, por supuesto, con muchísimas ganas de aprender a su lado. Pero no pudo ser así.

¿Cuándo vio por primera vez la película de su padre?

Tantas veces que nos decía ‘siéntate, vamos a ver el Un, dos, tres’ que de esta recuerdo un ‘siéntate y vamos a ver una película porque salgo yo, sale tu madre’ -un momento en la tienda de fotografía- y sale mi tío Rober, que es el malo, el niño rubio. Sí, me acuerdo sentado con mi hermana en el salón del piso de Madrid. Recuerdo el momento en el que el protagonista le pega un tiro a un niño por una ventana. Le grité a mi padre ‘¡qué es esto!’ El siempre me explicaba, ‘es ficción, es una historia’. Son esos pequeños flashes los que más recuerdo

Y… ¿quién puede matar a un niño?

Además de la película, lo que me marcó fue el mensaje que mi padre lanzó en 1974/75. Un mensaje que no solo no ha mejorado, sino que ha empeorado. He trabajado con Save de Children, he trabajado con los campos de refugiados en Lesbos, me han contado sus historias y cada cinco segundos muere un niño. De hambre, en una guerra, es algo exagerado. Estamos matando a niños constantemente y no somos ni conscientes de ello. Aunque sean muertes accidentales, los estamos matando. Los niños están cayendo como piojos en el mundo.

¿Cuán duro fue el rodaje en Brasil?

Ni los propios brasileños van a rodar al Amazonas teniendo en el sur el Pantanar más a mano. No lo recomiendo. Te enfrentas a un cambio climatológico en cuestión de horas. Por no hablar de los bichos o los peligros que te rodean si no vas con gente que conoce el terreno.

¿Puede hablar de los numerosos guiños de su película al original?

Hay muchos guiños que el público no llegará ni a captar. El más rebuscado, el que más me divirtió es que mi tio Rober, el hermano de mi madre, al final de ¿Quién puede matar a un niño? es uno de los tres que se van de la isla. En Urubú, en la escuela, las fotos que hay son de mi tío en la película, luego pongo una foto de él, más joven, y otra con los 60 años que tiene ahora, rodeado de niños y vestido de cura. ¡El niño que salió de la isla española y llegó al Amazonas! Y en la televisión del restaurante ves imágenes de la película y rompes con la idea de una secuela porque te preguntas cómo puede serlo si en la película también lo están viendo.

¿Puede hablarnos del reparto? Intérpretes como Pepe Carabias o Carlos Urrutia están también muy unidos a la obra de su padre.

Como era un rodaje difícil decidí que solo quería rodearme de conocidos. Carlos trabajó con mi padre en el teatro hace muchos años y el me sugirió a Pepe, alguien que trabajó con mi padre, con mi abuelo (Narciso Ibáñez Menta) y con mi tío abuelo. Lleva toda la vida trabajando con los Ibáñez y ahora tiene que trabajar conmigo. Es una persona adorable de la que he aprendido muchísimo. Cuando se lo propuse, se echó un poco para tras porque le dan miedo los bichos y no quería ir al Amazonas. Pero le convencí de que era un papel pequeño, en Manaos, sin bichos ni serpientes. El viaje casi lo mata y cuando le llevé al encuentro de las aguas, no quería bajarse del barco pero lo cogí en brazos y lo metí en el agua porque podía ser su primera y única vez en el Amazonas. Y disfrutó mucho.

¿Cómo recuerda su infancia en casa de los Ibáñez?

Ahora que soy padre de dos niñas, de 16 y de 12 años, a veces recuerdo mi infancia y sí que fue diferente a lo normal si acepto que mi familia, mi mujer y mis hijas, somos normales. Era una casa en la que entraban y salían artistas y en la que había continuas reuniones de trabajo. Mi padre era un ser creativo y viajar con él era hacerlo con un director. Te dirigía por dónde tenías que pasar o te daba la cámara y te decía ‘haz una panorámica’. ¡Con ocho años!  Yo no sabía ni lo que era. Mi padre era muy activo y vivir con él era un aprendizaje continuo.

¿Cuándo se dio cuenta de la fama de su padre?

Fue triste porque me di cuenta cuando los niños en el colegio me insultaban o me pegaban. Tuve años muy duros en la escuela por ser el hijo de Chicho. Me llamaban ‘Mama Chicho’. Sufrí ‘bulling’ físico y verbal durante varios años. Luego te das cuenta que es porque papá es quien es, por envidia o por lo que sea. Y como eres niño, te lo vas callando.  Me convertí en un niño que lo guardaba todo, muy tímido y nunca lo llegué a hablar con mi padre.

¿De tímido a actor?

No recomiendo a nadie que se dirija a si mismo, pero fue maravilloso. Ahora comprendo más al actor. Y a nivel personal me lo pasé muy bien y me ahorré un intérprete. Ahora me ha salido una representante y no es lo que busco como artista pero encantado si van saliendo cosas. De momento en lo que estoy trabajando es en una serie con plataformas internacionales como Viamoc, TVE y Amazon para una ficción que esperemos que podamos dar la noticia en los próximos meses.

¿Cuál es la fascinación de la familia Ibáñez con el terror?

Mi padre siempre decía que tener miedo nos hace niños. Yo me veo mucho cine de terror en casa solo porque ni mis hijas ni a mi mujer les gusta y te sientes indefenso ante la oscuridad, ante un grito. Y a mi me gusta esa sensación. Yo defiendo el terror porque entretiene. Incluso cuando es malo.

¿Cuál es la película que más miedo le ha dado?

El exorcista con la nueva reedición especial 5.1 que sacaron en 2000 y en la que pusieron una secuencia nueva, que no se había visto, de ella bajando con la espalda rota por las escaleras. Mira que tenía yo 20 años, pero como ya había visto la película cien veces casi me muero al ver esto porque entré en pánico.

¿Y en lo personal? ¿Qué es lo que le produce más miedo?

Me da miedo la soledad, sobre todo ahora que soy padre de familia. No me da miedo la muerte en sí. Me da miedo el dejar de ver, de abrazar, de oler, a mi mujer y a mis hijas. Es mi mayor temor. Perderlas. Y eso es lo que reflejo en la película porque no sabría cómo afrontarlo.