Alejandro Jodorowsky: "Cuando trabajas con algo verdadero, eso dura"

by Gabriel Lerman August 6, 2020
Filmmaker, artist Alejandro Jodorowsky

pascal le segretain/getty images

Tiene 91 años, ha hecho absolutamente de todo a lo largo de su vida y ahora Alejandro Jodorowsky estrena una nueva película, Psychomagic, a Healing Art, un documental en el que también es el absoluto protagonista. En su tercer largometraje después de regresar al cine tras décadas de ausencia, el realizador chileno radicado en Francia experimenta delante de las cámaras con la psicomagia, una disciplina que combina teatro con psicología y en la que invita a quienes lidian con un trauma a "actuar" una serie de cosas para revertirlo. El hombre que fascinó a John Lennon con El topo y a Orson Welles con su nunca concretada versión de Dune habló desde París sobre su nuevo filme, la restauración de varios de sus clásicos que saldrán pronto en Blu-ray, entre ellos La montaña sagrada y Fando y Lis, y su regreso al cine en 2013 con La danza de la realidad.

Cuando usted mira hacia atrás, ¿se sorprende de todo lo que ha hecho?

En mi pensamiento real no hay atrás. Es decir: yo me preocupé todo el tiempo de vivir en el presente, no por las teorías de vivir en el presente, esas cosas budistas, sino que yo he estado trabajando siempre en el presente. Yo no tengo familia, por ejemplo. No tuve relaciones con mi madre, no tuve relaciones con mi padre, no tuve relaciones con mi hermana. Eran gente con la que yo viví, y a los 24 años dejé por completo Chile, mi país, y terminé con todo, nunca más volví. Como que a los 24 me hubiera muerto y empecé otra vida. Nunca viví con el pasado y no me sorprendo de lo que he hecho, porque si usted estuviera en mi cabeza, lo entendería. Mire: pasó que yo estudié una carrera universitaria, filosofía y psicología, pero a los dos años me cansé del trabajo intelectual porque a mí no me conducía a nada. En vez de ir por el camino de la inteligencia voy a ir por el camino de la imaginación. Soy artista: me conviene estudiar más la imaginación que la inteligencia. Entonces me puse a hacer ejercicios para la imaginación.

Ha sido un hombre valiente. Porque cortar con su familia y decirle no a la universidad requiere de valentía por sobre todas las cosas. Sobre todo en la época en que usted lo hizo.

Claro. Mi padre era comerciante. Estaba haciendo una siesta y le dije “voy a dejar el pedagógico en la universidad por los títeres”. “¡Qué es que es los títeres!” “Unos monitos que yo muevo…” Se puso a llorar, porque sabía que yo lo iba a dejar y lo dejé.  Porque para él era muy importante, comerciante como era, tener un hijo universitario. Dejé eso, dejé una novia, dejé todo.

De todas las disciplinas en las que ha incursionado¿cuál es la que más satisfacciones le ha dado, y por qué?

De nuevo le vuelvo a contestar como yo soy: como yo vivo en este presente, yo no creo en la industria. El arte industrial no piensa en la obra, piensa en el fruto de la obra. La obra principalmente es el dinero, después viene la gloria y después viene el poder. A esas tres cosas va Hollywood, a eso va el cine, a eso va todo cuando es industrial. Yo hago arte puro, es decir: arte sin finalidad. Pienso en la obra y no en el fruto de la obra. Estoy haciendo comics, los hago todavía. Estoy haciendo cine. Todo lo que he hecho lo estoy haciendo, no es que lo vaya dejando atrás. Hasta he hecho música. Yo partí de la base esta: ¿por qué limitarse? Yo veía a artistas como Leonardo Da Vinci, (Jean) Cocteau, etc., que eran artistas completos, hacían de todo. Pronto vino la moda de que uno hacía una cosa y nada más que esa cosa. El cine es lo más completo que un artista puede hacer, porque tiene todo:  arquitectura, pintura, literatura, teatro… tiene todo el cine. Pero no el cine industrial.

Hablemos de la psicomagia. ¿Es un arte para usted? ¿Qué lugar ocupa en su vida?

Yo hice mucho teatro. En México hice cien obras de teatro: Samuel Beckett, Ionesco, todo el teatro de vanguardia, tengo una gran experiencia teatral donde hice todo. Pero en un momento dado sentí que el teatro me aprisionaba: el edificio del teatro. Entonces empecé a hacer el estudio de cómo sacar al teatro del teatro. Hacer el espectáculo en autobuses, en un cementerio, en un bar. Metiendo el teatro en la realidad. “No necesito el teatro. Después dije no necesito la obra”, y me acordé de un poeta que en el futurismo italiano decía: “la poesía es un acto”. ¡Eso me cambió la vida! Entonces dije “voy a hacer actos poéticos”. Improvisaba la escena, y empecé a hacer algo antes del happening, porque el happening nace de la pintura, yo era del teatro… “Voy a hacer teatro improvisado así, sin nada”. Y después dije “no voy a hacer teatro; lo importante es darle a una persona un acto y que lo realice: ése es el arte que voy a hacer yo”. Pero partió como arte, no como algo científico. Hice psicoanálisis con Erich Fromm, estudié a Freud, estudié a Jung, todo el psicoanálisis, porque me interesó. Pero llegué a la conclusión, después de un drama familiar donde perdí un hijo en un accidente y caí en una depresión muy grande, le perdí el valor al arte, estaba sufriendo mucho. ¿Qué hago aquí, para qué quiero el arte? Me planteé ¿para qué me sirve? Me sirve para ganarme la vida, para ser famoso… ¿y de qué me sirve? Me dije: el arte a mí me va a servir cuando me saque de este dolor que estoy teniendo. Y ese dolor tiene que ser un trabajo psicológico, del inconsciente. Y ahí empecé con la psicomagia, un arte para sanar. Pero no es una ciencia, es una forma de placebo. El placebo cura, pero al ser un placebo artístico donde yo doy un consejo para hacer una acción de una persona sabiendo lo que es su árbol genealógico, y esa persona, al hacer el acto vive el inconsciente, está haciendo algo que nunca ha hecho, y entonces viene un conocimiento de sí mismo.

¿Lo curó a usted, también, lo sacó de la depresión?

Bueno, mira: yo ahora tengo 91 años. Si a los 91 no estoy curado soy un viejo idiota… No me encuentro idiota.

Las películas con las que volvió al cine, La danza de la realidad y la que hizo después (Poesía sin fin), ¿fueron parte de su propia psicomagia para curarse de su historia familiar?

Totalmente. La danza de la realidad: yo vivía en un pueblito que para mí era el infierno y el paraíso, hasta los 9 años. A mi pueblito nunca más volví. Al hacer esa película, La danza de la realidad regresé a mi pueblito en el norte de Chile: no había cambiado. Me fui a los 9 años y llegué a los 86. Y entonces fue el encuentro definitivo con mi niñez, porque estaba todo: mi casa, el edificio de bomberos, el peluquero japonés —casi me desmayé, pero no era el japonés, era su hijo o su nieto—, y ahí me enfrenté con el mundo real: reconocerlo y saber qué era. Yo creía que era un mundo inmenso, y eran 4 manzanas, chiquitito. Yo tenía problemas con mi padre: me interpretó mi hijo Brontis, fue un encuentro muy fuerte. Y en mi película Poesía sin fin, mi otro hijo, Adán, actúa de mí mismo. Incluí a la familia en esto, incluí mis recuerdos, mis amigos. Y de pronto, filmando La danza de la realidad, me iluminé y me metí en la película yo en mi propio cuerpo: metí mi ser vivo en el mundo irreal. Una gran experiencia psicomágica.

Después de su regreso al cine hace películas muy personales pero de ficción, y ahora nos muestra en un documental básicamente cómo es la psicomagia, cómo trabaja, sus encuentros… ¿Por qué quiso compartirlo con la audiencia?

Cuando uno hace arte se plantea “¿es el yo, o es el nosotros?” Y te das cuenta de que uno es un yo encerrado en un auto-concepto, cuando en realidad uno es colectivo. Somos una raza humana en peligro, en un planeta en peligro, vamos a destruirlo así como vamos. A mi edad uno tiene una pata en la tumba ya, ¿qué he hecho yo por el mundo? No lo puedo cambiar, pero puedo comenzar a cambiarlo, puedo aportar mi granito de arena. Entonces voy a hacer algo que sirva. Si en el cine lo que más me interesa es la realidad, voy a hacer un cine totalmente con la realidad. Los actos de psicomagia filmados no son preparados, y descubrí otra manera de hacer cine, muy diferente a la manera del cine que se creó: es una mentira, no hay sentimientos verdaderos. Hay documentales pero son del pasado, el documental habla de lo que pasó, pero yo filmo algo que está allí, vivo, todo es real. La persona va a ver si se cura o no se cura, hace la experiencia, es una verdadera aventura y no todos la pueden dirigir como diriges una película. La fotógrafa es mi esposa, porque somos cómplices. Le digo “para de filmar”. Ella hace click pero no para, pero la persona que está actuando cree que ya paró de filmar. Apenas está filmado, estás mintiendo, estás actuando para el qué dirán. Entonces descubrí la técnica para trabajar con personas de forma real pero que parece verdaderamente arte.

 

¿Usted cree que la relación tan peculiar que tiene con el dinero y que lo lleva a no cobrar por sus sesiones tuvo alguna relación con los 23 años que se quedó sin filmar?

No sólo eso, sino mi relación con toda mi infancia. En mis películas muestro cómo para mi padre era un tema crucial contar el dinero. Y luego, como mis películas fueron de culto y hubo problemas —porque una película no se puede producir sin 2, 3, 4 millones de dólares: 4 millones es lo más que he tenido para hacer una película. Como ya había dicho todo lo que tenía que decir, dije “no voy a hacer una película al año como salchicha para ganarme la vida. Voy a hacer una película cuando yo tenga algo que decir. También decidí juntar dinero para producir yo. Durante 20 años ahorré para hacer La danza de la realidad y para hacer las dos películas que hice. Busqué un socio y lo pude hacer, con el ahorro de 20 años. Así hice las películas. El arte está prostituido actualmente, incluso la pintura, todo, es industrial. El arte no es una industria. El arte es arte, entonces hay que hacerlo en otra forma. Hay que transformar eso, sin mucha ambición, tendrá menos público, pero el público dura más, porque cuando trabajas con algo verdadero eso dura. Cuando haces algo industrial eso dura unos meses y se acaba. No es arte, entonces no se conserva.

O sea que para usted el hecho de que El topo siga estando vigente tantos años después es como usted esperaba que fuera.

Sí, y también La montaña sagrada, todas las películas que he hecho. Van a salir varias en el nuevo sistema de reproducción, en agosto comienza. Eso significa que el arte verdadero atraviesa el tiempo. El arte industrial es devorado por el tiempo

¿Siente que fue un adelantado a su tiempo con el cine que hizo?

Por lo menos 30 años. El público que tengo ahora es 90 por ciento de jóvenes.

Se lanzó a adaptar Dune cuando todavía no estaban los medios para hacerlo bien..

Hollywood había ensayado hacerla, tenía los derechos Hollywood, los fuimos a comprar y no costó nada, como 2000 euros, porque ellos decían que era una película imposible de hacer. No visualizaban el cine así. Yo la visualizaba. Ahora van a hacer Dune. Me dicen “¿cómo te vas a sentir?”, es que el Dune que yo hice es Dune de Jodorowsky, porque usé gente real y filmó Orson Welles… Dalí… Un elenco, como de costumbre, buscando la realidad, se puede hacer. Sólo un loco como yo conseguía esa gente. Era una aventura conseguir a Dalí.

¿Qué le queda por hacer

Morirme. Va a ser un momento muy interesante para mí, porque voy a morir consciente a ver qué me pasa. No voy a luchar, voy a ver qué es y cómo desaparezco. Es un gran momento.