Alejandro Landes: "El cine no tiene banderas"

by Gabriel Lerman February 1, 2019
Director Alejandro Landes at Sundance 2019

rich fury/getty images

Nació en Brasil, de padre ecuatoriano y madre colombiana, y su primera película, Cocalero, fue un documental rodado en Bolivia, con el que llegó por primera vez en Sundance. Su segundo film, Porfirio, con el que ganó el premio al Mejor director en el Festival de Cartagena tras debutar en Cannes, fue una coproducción entre Colombia, Argentina, Uruguay y España. Sin embargo Monos, también realizada con la ayuda de varios países que incluyen a Holanda, Alemania y Suecia, es una historia absolutamente colombiana, la de un grupo de rebeldes armados que en un sitio alejado de la civilización deben cuidar de una rehén estadounidense (Julianne Nicholson), con la particularidad de que muchos de ellos no han llegado a cumplir los 17 años. El filme, en el que tiene un papel importante Moisés Arias (Hannah Montana), fue adquirido por Neon para ser distribuido en Estados Unidos y en febrero participará del Festival de Berlín.

Da la sensación de que en Monos realmente te metiste a filmar en el medio de la jungla y de los descampados...

Claro, nosotros no teníamos el presupuesto para tener un set, así que la idea fue ir a esos espacios, las escenas de la montaña están filmadas en el Páramo de Chingaza, que queda a 4.000 metros de altura, un lugar de muy poco oxígeno y ahí estuvimos. La verdad es que es un páramo húmedo donde el clima puede cambiar al instante y bastante drástico así que esas condiciones fueron feroces. Las escenas de la selva las hicimos en un lugar que se llama Río Samaná que queda como a tres horas de Medellín bajando por el cañón, bajando la comida y todo el instrumental en burros y después estaba el equipo nacional colombiano de rafting que nos llevó por un río. Una familia de mineros ilegales de oro, nos recibieron porque los había contratado la producción y vivimos en ese río, y ahí filmamos otro mes. En total fueron unas nueve semanas de rodaje aunque bastante más de preproducción. Fue lo más difícil que he hecho en mi vida, a nivel físico e intelectual creo que todos estuvimos en un límite y también abandonamos nuestro mundo. Nadie tenía ni recepción en el celular, ni regresaba a la casa. No había refrigeración en la selva, estuvimos comiendo enlatados. En realidad fue como abandonar tu domesticidad para crear este mundo y creo que eso era lo que le da mucha autenticidad porque no había un regresar a la cama, había monos y solo monos, en el desayuno, el almuerzo y la cena.

Viviste un tiempo en Miami. ¿Hubo algún momento en el que dijiste "¿qué diablos estoy haciendo aquí? ¡quiero mi aire acondicionado!"

No, no, la verdad es que estaba tan metido en la película, en el deseo de poder hacer cine que nada me importó. Fueron unas condiciones intensas y me sacaron en camilla una vez de la selva, creían que tenía apendicitis y tenían pocas horas para llevarme por el cañón porque sino me explotaba. Finalmente el médico estaba equivocado como estuvo tantas veces durante el rodaje. Me acuerdo que se me fueron las lágrimas no tanto por el dolor sino porque pensé en lo duro que había sido alinear las estrellas para hacer esta película, tener a Julianne Nicholson, un fotógrafo de agua, efectos especiales, los chicos, esta familia de mineros que nos estaba ayudando a navegar por el río, los kayakeros. Pensaba que no las iba a poder alinear de nuevo, porque esto sucede una vez pero afortunadamente volví en 24 horas y seguimos filmando, sacamos la película y aquí estamos.

¿Cómo lograste convencer a Julianne Nicholson para que se fuera a filmar a Colombia en las peores condiciones imaginables?

La enganchamos con el guión, vio mi película anterior, Porfirio y después empezamos a hablar. Yo creo que Julianne nunca había hecho algo así y es alguien a quien le gustan los retos. La hemos visto en papeles donde tiene una cierta ternura, pero no hemos visto esa ternura cuando de repente se torna violenta y eso es lo que hace el papel tan interesante para ella. Había algo medio icónico en su apariencia, tiene algo de Blancanieves pero de una manera más oscura y creo que ese reto para ella fue lo que le llamó la atención. Llegó y quería hacer todas sus stands y quería estar ahí y nada, las condiciones fueron parejas para todos.

¿Y Moisés Arias? ¿Por qué querías a un actor latino de Estados Unidos?

No lo vi así, me encantó su apariencia, él estaba con ganas de hacer algo en Colombia, porque es de una familia de exiliados que dejaron Colombia por la violencia como tantos y creo que ese era un costado que no se había visto. Él tiene una cara tan fuerte pero a su vez una fragilidad. Me pareció un costado interesante para Patagrande así que lo fuimos descubriendo. También hubo una etapa de tener a 30 chicos juntos en una especie de campo de entrenamiento tipo Full Metal Jacket y de esa dinámica de esta mini sociedad escogimos a los ocho finalistas que serían los Monos...

Algo que me impactó de la película es que a pesar de que nunca mencionas a la organización a la que pertenecen, parece ser muy auténtica en cuanto a la manera en que se manejan, ¿hiciste alguna investigación? ¿Tuviste asesores?

Sí. Hicimos un montón de investigación pero nos alimentamos de todo tipo de guerrillas, de izquierda y derecha, paramilitares e incluso dentro de distintos grupos paramilitares tienen distintos códigos. La guerra hoy en día ya no es como la Primera o la Segunda Guerra Mundial que tienen líneas tan claras que están trazadas. Ahora hay como una gran bruma, una neblina, todo está muy fragmentado, no sabes quién está peleando contra quien, por eso para mí era importante la idea de la organización y la alegoría porque es un país donde las líneas de conflicto son tan nublosas que me parecía más interesante ir al corazón de eso.

¿La historia refleja una realidad de Colombia o es solamente una alegoría como tú dices?

Yo creo que refleja una realidad de Colombia pero sin dudas la trasciende. En Colombia efectivamente hay muchos frentes de batallas, paramilitares, guerrillas, distintos grupos que luchan entre ellos, narcos, intervención extranjera, ejército, la paz es tan frágil y tan delicada. Una cosa que si es cierta es que siempre hay rehenes en estas guerras. En Colombia todos los secuestros han sido un arma que se ha utilizado siempre y la manera más costo eficiente de cuidar a un secuestrado es dárselo a los soldados más rasos, ¿quiénes son por lo general? Los más jóvenes, a veces niños porque dicen “puedo mandar a este secuestrado a un lugar remoto, le pongo tres o cuatro guardias que poco van a molestar y lo cuido”. Efectivamente eso pasó y yo leí muchos cuentos de esos, de extranjeros y de colombianos así que es tal cual.

 

A scene from "Monos", 2019

Una escena de Monos.

jasper wolff/sundance institute

 

Una de las cosas que impactan de esta película es que en estos guerrilleros no hay ningún rasgo ideológico...

Me parece un muy buen punto y muy válido. Yo si hice un ejercicio de ir a pasar un tiempo con chicos que estaban en procesos de reinserción, que venían o de paramilitares o de guerrilla pero no es que uno creía en el capitalismo y los mercados libres y el otro creía en Carlos Marx, no había ese tipo de información lastimosamente, también yo creo que hemos visto un descenso de la guerra que nace de un proceso ideológico, de una disparidad de riquezas que es real, el narcotráfico y todo lo que ha sucedido ha vuelto que la lucha se vuelva ante todo mercenaria.

Tus películas anteriores fueron más pequeñas...

Mi primera película que fue un documental, Cocalero, fue como mi educación porque yo no fui a la escuela del cine, no tenía formación. Porfirio ya tiene otro tipo de puesta en escena y sin duda al centrarse en un personaje en silla de ruedas que está experimentando su cuerpo como la cárcel del alma puede ser algo mucho más contenido. Para hacer Monos tuvimos que pasar el sombrero entre muchos países, mucha gente que dio su tiempo, Mica Levi la compositora, Pete Zuccarini el fotógrafo de agua, tanta gente tan especial que vino de Estados Unidos, Holanda, Alemania, Inglaterra, Argentina para hacer esta película, incluso Inés Efron la actriz, fue la que estuvo con los chicos en este campamento de verano que hicimos haciendo ejercicios de improvisación mientras yo estaba preparando la película.

¿Por qué tenían que ser actores no profesionales?

No tenían que ser actores no profesionales pero la cinematografía en Colombia sigue siendo bastante joven así que no hay una gran escuela y había algunos que si habían hecho cosas de teatro, pero nadie necesariamente es muy profesional a los 14 o 15 años así que yo no hice una gran separación en esta película entre actores o no actores, básicamente iba mirando un rango bastante amplio. Lo que sí tenía en claro es que ya cuando los escogía este entrenamiento militar del que estamos hablando era para que todos estén en el mismo nivel porque luego pueden entrar con distintos grados de experiencia pero ya cuando entran que estén todos viviendo lo mismo.

En las próximas semanas se estrena en Estados Unidos Pájaros de verano, ¿cómo ves al cine de Colombia?

Yo creo que en el cine de Colombia hay gente con muchas ganas, hay un deseo de que se haga y hay gente muy especial empujando, hay gente talentosa, hay gente joven que viene y otra que va marcando el camino así que yo lo veo con mucha esperanza lo que se viene. No soy muy amigo del cine por países porque creo que el cine más nos une que nos separa. Lo lindo es que el cine no tiene banderas, yo pienso tanto en el cine colombiano como en el cine argentino. Entiendo por qué existe y entiendo que si refleja ciertas realidades pero también me interesa que nos estamos ayudando a hacer cine. En Monos tenemos un productor uruguayo que es Fernando Epstein y también Campo Cine de Argentina. Nos estamos ayudando entre nosotros para hacer un cine iberoamericano.  Eso es lo que me atrae.

¿Cómo llega un periodista del Miami Herald a dirigir cine?

La verdad es que nunca fui periodista, nunca aprendí a escribir noticias sino que escribí una tesis en la universidad sobre Cuba y como parte de ese proceso me invitaron a escribir, a través de Andrés Oppenheimer, y ahí terminé unos meses. Escribí notas de domingo, de análisis, me encariñé con el periodismo y aprendí un montón pero no creo que tengo el derecho de llamarme periodista, fue como un acercamiento al contar historias y también a inspirarme mucho en la realidad. Creo que hay grandes fuentes de inspiración en el mundo físico, pero no tengo formación ni en cine ni en periodismo pero es como que ambos me llevaron a lo que estoy haciendo hoy, que es finalmente graficar emociones. El ser humano es un animal político así que ver a la política en juego creo que fue también una fuente de aprendizaje.