Alex Rivera y Cristina Ibarra nos hablan de The Infiltrators

by Gabriel Lerman February 2, 2019
Directors Alex Rivera and Cristina Ibarra at Sundance 2019

nelson barnard/getty images

Son muchos los que recuerdan a Alex Rivera como el director latino que poco más de una década atrás revolucionó Sundance con Sleep Dealer, una historia bilingüe de ciencia-ficción. Su esposa, Cristina Ibarra, tiene una larga trayectoria como documentalista, que en 2014 ganó el premio Cine Tropical con su película Las Marthas. Juntos llevan años trabajando enThe Infiltrators, una de las propuestas más novedosas que se vieron este año en el festival. Parte documental, parte historia de ficción, el filme cuenta la historia real de un grupo de activistas indocumentados que durante el gobierno de Obama se hacía detener por los agentes de inmigración para que los enviaran a los centros privados de detención en el que cientos de personas esperaban ser reenviados a sus países de orígen. Una vez allí, lograban convencer a muchos detenidos para que siguieran ciertos pasos que los llevarían a ser liberados. El filme, que combina lo que rodaron mientras el grupo se infiltraba con recreaciones de lo que ocurrió detrás de las rejas con un elenco que incluye a Maynor Alvarado, Chelsea Rendon, Manuel Uriza y Juan Manuel Pareja, fue recibido con una ovación por quienes asistieron a la premiere. Algunos días después, nos sentamos a hablar con Rivera e Ibarra. Esto fue lo que nos dijeron:

¿Cuán duro fue llegar a terminar la película?

Cristina Ibarra: Fue duro. Tuvimos una hija de 4 años en el interín...

Alex Rivera: Fue un proceso muy largo. Pero como Cristina dice, en el tiempo nos tomamos un tiempo para hacer un niño. Todo comenzó en 2012, cuando nos interesamos en este grupo de jóvenes indocumentados radicales que ni siquiera se llamaban a si mismos "dreamers", preferían autodenominarse "los ilegales". Estaban en los límites del movimiento de inmigrantes, y eran los que se exponían a los mayores riesgos, haciéndose arrestar en público y de verdad arriesgándose a que les deportaran como parte de su militancia política, diciendo que o se libraran de ellos o que les permitieran estar aquí. Nos interesamos mucho en ellos y les filmamos en forma interrumpida a lo largo de unos años. El movimiento en determinado momento se dispersó, nosotros nos fuimos a hacer otras cosas y cuando volvimos a trabajar en este material en 2014, 2015, nos pareció que la historia del centro de detención de Broward era la mejor de todas para hacer una película. A partir de ese momento, el desafío creativo fue encontrar la forma de contar una historia en donde la mitad de lo que ocurre no se había filmado y jamás se podría filmar en un formato documental, porque había que hacerlo en un sitio al que no pueden entrar las cámaras. ¿Cómo haces para describir un sitio que te impiden ver? En ese entonces empezamos a pensar en un formato híbrido en el que yo iba a guiar las escenas de ficción y Cristina las de documental, pero trabajando juntos. Fue un desafío pero fue muy rico en el plano creativo, porque tuvimos que encontrar una forma de contar la historia de una forma diferente.

¿Podrían haber hecho esta película en la era de Trump?

CI: Hoy los infiltrados no hubieran podido usar las mismas tácticas. La gente que aparece en nuestro filme sigue creyendo en la idea de hacer acciones públicas y no ocultar su estatus legal, pero hoy no podrían infiltrar centros de detención. Sería una historia diferente. La verdad es que cuando empezamos a hacer la película sentíamos que estábamos tarde, que deberíamos haberla terminado mucho tiempo atrás. Pero cuando nos pusimos a trabajar esa sensación cambió, porque para poder entender en dónde estamos ahora en materia de inmigración, tenemos que entender cómo llegamos aquí. Este no es un tema que surgió de la nada, había un mecanismo muy robusto establecido desde antes aunque no se viera tanto. Pero en cambio ahora todo es mucho mas visible.

¿Qué fue más complicado, seguir a los militantes que se infiltraban en los centros de detención o recrear con actores las escenas que no se podían mostrar?

AR: Fueron modos opuestos de realización cinematográfica, porque cuando estábamos filmando con la gente real usamos una cámara pequeña, tratando de capturar lo que estaba pasando. Era un proceso de improvisación, de exploración y de vivir el momento. La ficción fue exactamente lo opuesto, todo pasaba por planificar. El diseño de producción, el guion y el casting, es algo que lleva meses. Tuvimos que hacer algo muy preciso para que tuviera un propósito. Fue como si tuviésemos que usar diferentes partes de nuestros cerebros.

¿Cómo fue el proceso para encontrar a los actores?

CI: El casting fue un proceso muy duro, porque tuvimos dos semanas para elegir a 24 actores. Buscamos parecidos físicos tanto como nos fuese posible, para que no se rompiera la conexión entre los dos formatos. Pero a la vez necesitábamos a actores que entendieran al personaje, sus motivaciones y que no tuvieran miedo de intepretar a una persona real. Por suerte encontramos un gran elenco, que hizo un muy buen trabajo. Lo que hicimos para prepararlos fue compartir el material documental que habíamos reunido, les dimos para que vieran largas entrevistas con los infiltrados que habíamos hecho y con los detenidos que estaban allí dentro. Finalmente los pusimos a hablar con la persona real que iban a interpretar, para que les hicieran preguntas y tuvieran una conversación.

AR: Creo que hubiera sido más difícil hacer esta película 5 o 10 años atrás, pero ahora hay series como Vida en televisión que han comenzado a elevar a los actores latinos. La presencia latina en la industria del cine es una verdadera crisis. Es imperdonable que en Los Ángeles, una ciudad en la que somos la mayoría, todavía tengamos un uno o dos por ciento de guionistas y directores. Pero la crisis no es equitativa y los actores están avanzando un poco más rapidamente. Por lo que estamos empezando a ver cada vez más actores latinos teniendo una oportunidad. Eso fue muy útil para nosotros, porque encontramos actores experimentados como Manuel Uriza que interpreta a Claudio y Maynor Alvarado que hace de Marco. Como no teníamos mucho tiempo, el tener actores que pudieran ver el material documental, entender el personaje y traer eso al set fue maravilloso, porque filmábamos 5 páginas por día e hicimos todo muy rapidamente.

A scene from "The Infiltrators", 2019

Maynor Alvarado y Manuel Uriza en una escena deThe Infiltrators.

lisa rinzler/sundance institute

 

Les han quedado muchas otras historias de este proceso, ¿las van a poner en el DVD?

CI: Nos imaginamos esto como una serie de televisión, nos parece absolutamente posible.

AR: Si, hemos encontrado un interés muy grande en una serie de televisión basada en este concepto. Creemos que hay increíbles historias latinas que se pueden usar para hacer películas de asaltos, thrillers y romances que no tienen nada que ver con Narcos. Por eso estamos muy entusiasmados de haber hecho esta película, porque en cierto sentido cuenta un golpe, es una historia dramática y política que no tiene nada que ver con todos esos estereotipos que parecen empujar la industria hispana del cine en este momento. Nosotros queremos estimular a nuestros colegas creativos a observar otros aspectos de nuestras comunidades. Hay que encontrar historias latinas en otros lugares.

Alex, tuviste mucho éxito con Sleep Dealer en Sundance. ¿Qué fue lo que ocurrió para que tardaras tantos años para hacer tu siguiente filme?

AR: Mi plan no era esperar 11 años para hacer la segunda película. Yo quería continuar mi carrera lo más pronto posible, y cuando me fui de Sundance en 2008 tenía una agencia muy buena, un gran manager, pero también estaba muy cansado. Por eso me interesaba sumarme a un proyecto que ya tuviera un guion. Me vinculé a un filme producido por Salma Hayek, en el que trabajé durante dos años y finalmente no se hizo. Yo no lo controlaba, ella sí. Tampoco me interesaba dirigir Lowriders, y por eso en Hollywood empezaron a decir que yo no quería trabajar. Pero es que a mi me interesa hacer películas que sean politicamente importantes, artisticamente elevadas. Y si eso es lo que quieres hacer, no vas a encontrar guiones esperandote en los estudios, tienes que crearlos. Pero no me di cuenta de eso cuando se estrenó Sleep Dealer. Yo pensaba ir a Hollywood a encontrar un trabajo. Eso fue lo que ocurrió. Pero si te fijas en los colegas mios que estuvieron en Sundance ese año no les fue mejor. A Kimberly Peirce que estuvo aquí con Boys Don't Cry le llevó 10 años hacer su segunda película, a John Marsten, que hizo Maria Full of Grace le llevó 7 años, a David Riker que hizo La Ciudad, le llevó 10 años. Me sentiría mal si yo fuese el único, pero es la enfermedad de la segunda película. Me gustaría que nuestra comunidad de cineastas independientes hablara un poco más de esto porque es algo muy triste. No está bien que los artistas que logran llegar a Sundance con una obra de arte, no tengan cómo seguir sus carreras. A la industria dle cine no le interesa producir obras de arte, ellos quieren hacer cosas muy diferentes. ¿Acaso tenemos en nuestro país un sistema que apoye a quienes quieren dedicarse a hacer permanentemente películas independientes y arriesgadas? Yo creo que no existe, por eso uno tiene que inventarse una y otra vez. Es una verdadera batalla, que lleva muchísimo tiempo.