Alfredo Castro: "Sé el peso histórico que tengo sobre mis hombros"

by Gabriel Lerman September 15, 2020
Actor Alfredo Castro, 2019

claude medale/getty images

Aunque la entrevista se realiza para celebrar la presencia de Tengo miedo, torero en el Festival de Venecia, la forma en que se concreta dice mucho sobre los tiempos que vivimos. Alfredo Castro está en Santiago de Chile, ya que los chilenos no pueden entrar hoy a Italia y quien esto escribe en Los Ángeles, pero el publicista que conecta la llamada está en la ciudad de los canales. La adaptación de la famosa novela de Pedro Lemebel que ha dirigido Rodrigo Sepúlveda inició así su recorrido internacional, mientras que en Chile sus funciones virtuales agotaban boletos. En el filme, Castro deslumbra como La loca de enfrente, un transexual que durante la dictadura de Pinochet entabla una peculiar relación amistosa con un apuesto arquitecto mexicano (Leonardo Ortizgris), sin sospechar que puede estar involucrándose en una situación peligrosa. El elenco se completa con la argentina Julieta Zylberberg y los chilenos Amparo Noguera, Luis Gnecco y Sergio Hernández.

A scene from "Tengo miedo, torero", 2020

Alfredo Castro como La loca del frente en una escena de Tengo miedo, torero.

sebastián utreras

 

La loca del frente es un personaje con el que has tenido una relación que se extiende más allá de la película porque estuviste por filmarla varias veces...

Pedro Lemebel era un activista LGBT muy potente, muy comprometido con la causa, con las disidencias sexuales y con la marginalidad que existe en Chile. Luchó durante 35 años con su cuerpo. Se vestía de mujer, usaba tacos, se maquillaba, usaba plumas, provocaba a la burguesía y al orden, siendo bastante maltratado por todo la centro izquierda, la izquierda y la derecha del mundo político. Pedro era un personaje muy singular, con humores muy especiales. Podía amarte un día y a las dos horas odiarte con la misma intensidad. Tenía mucho temor a creer porque era emocionalmente muy cambiante, muy introvertido. Nosotros vivíamos en la misma comuna y un día me citó en un bar de un barrio de Santiago, con un director italiano que era joven, muy guapo, me lo presentó y me dijo “Quiero que tú seas La loca del frente”. Ese chico había comprado los derechos de la novela pero no la filmó nunca. No pudo conseguir los fondos y el proyecto quedó dando vueltas. Han pasado unos 15 años de ese episodio, con al menos otros dos intentos que fracasaron en los cuales yo iba a interpretar a La loca del frente, hasta que finalmente la tomó Rodrigo Sepúlveda y se cumple el sueño de hacerla.

¿Y qué es lo que te brindó a ti como actor esa espera? ¿Cómo hubiera sido para ti interpretarla hace 15 años?

Comencé a rodar mucho tiempo después de ese episodio. Mi primera película fue en el 2006 con Fuga, bajo la dirección de Pablo Larrain, e insólitamente mi papel era el de un gay que estaba encerrado en un psiquiátrico y pertenecía a una familia chilena muy adinerada. La escritura de ese guion la hizo él junto a Mateo Iribarren y el personaje era Pedro Lemebel, entonces es sorprendente que 12 o 15 años después esté yo haciendo este personaje. Ha sido un largo camino. Volví a leer la novela muchas veces y la construcción de este personaje partió desde la descripción que el mismo Pedro hace de ella. Describe textualmente a la loca como vieja, fea, flaca, de muy poco pelo y mal teñido. Yo empecé a construir primero esa cáscara, ese físico, y posteriormente indagando en la escritura de Pedro que es maravillosa.

Pero es un papel que tiene muchos riesgos porque, si bien la novela fuera de Chile no es tan conocida, en tu país es un fenómeno literario y aparte es un personaje que si lo interpretabas corriéndote un centímetro para un lado o para el otro podría haber terminado en una caricatura.

Si, es cierto. Yo sé el peso histórico que tengo sobre mis hombros, más que nada por la figura de Pedro porque francamente fue un artista que la gente ama, admira y respeta. En la preventa de Tengo miedo torero para el sábado 12 de septiembre se vendieron 5.000 entradas en la primera media hora y se agotó con un total de 12.000 vendidas en un día. Luego se abrió una segunda función para el domingo 13, que también se liquidó por completo rápidamente, teniendo ya cerca de 22.000 tickets vendidos, y yo pienso que eso es una devolución a la figura de Lemebel. Teniendo en cuenta que la figura de Pedro es muy importante, lo que hice fue hablar con su mejor amigo, una persona que no es gay y a quien él conoce durante una manifestación política, cuando Pedro lo salva de ser apaleado por la policía, y al encontrarnos le pregunté “¿Qué son las cosas que no debo hacer con La loca del frente?”, y me dijo “Por ningún motivo debes mariconear”, es decir que no hablara como una mujer ni que tampoco exagerara su gestualidad. Luego le consulté si debía expresarme con un lenguaje marginal, de tipo carcelario, y me dijo que tampoco lo hiciera porque Pedro era un hombre muy educado y estaría muy furioso de hacer una caricatura grosera de La loca, entonces esos datos a mí me sirvieron mucho para cuidarla. Y eso fue lo que hice de la mano de Rodrigo Sepúlveda, estuvimos muy atentos de no traspasar esa barrera muy fina, muy delicada, de la exageración de La loca del frente.

Cuando se prendió la cámara y empezaron a rodar, era tu personaje. ¿Cómo fue habitar en él durante el tiempo que duró la filmación?

Estaba convencido, y lo dije por todos lados, que habían sido 6 semanas de rodaje pero Rodrigo me dijo “¿Estás loco? ¡Fueron 28 días!”. Ocurre que para mí actuar significa todo un proceso, pienso en el cuerpo de otro, no en imitar. Cuando vino el estilista a mi casa y comenzó a cortarme el cabello, a teñírmelo, a desteñírmelo, a pegarme las extensiones, tardamos como 8 horas y después nos ocupamos de los tacos, las medias, la depilación, los senos, las uñas y yo empecé de pronto a convertirme en esta loca, lo cual fue toda una transformación en la que me sentí muy bien. Lo que me generó tristeza fue despojarme de eso porque gocé mucho haciendo esta película, fueron 15 años de acumulación, de desearla.

Esto de filmar en México, en España, en Argentina, de compartir elenco con gente de otras latitudes ¿de qué manera te enriquece a ti como actor?

Yo creo que en nuestra región deberíamos estar muy atentos a estas coproducciones y colaboraciones. Yo estoy profundamente dichoso que compañeros actores y actrices vengan a Chile a filmar y que los chilenos hagan lo mismo en México, Argentina y España. Creo que tenemos que superar el tema de los dialectos, de los lenguajes, que habría que trabajar por un español neutro que nos permitiera cruzarnos efectivamente, porque es muy hermoso lo que sucede. Hace 12 años en Chile no se veía ni una película argentina y ahora está lleno de cine argentino, mexicano, colombiano y lo mismo pasa con el cine chileno que salió hacia la región. Ese es un proyecto maravilloso que hay que impulsar.

¿A nivel personal encuentras diferentes escuelas o te parece que son todas las mismas?

No, son muy diferentes. Yo he filmado con Ricardo Darín, con Darío Grandinetti y con otros grandes actores y actrices de Argentina y allá hay un tema de personalidad artística maravilloso que en Chile no existe. En México también, andar con Gael García Bernal por la calle es una locura y eso francamente me enorgullece. La pregunta que todo el mundo te hace cuando te entrevistan de otros países está relacionada con Hollywood, que si llegara sería maravilloso, pero no es mi destino, primero porque estoy muy viejo y hay un montón de actores mejores que uno y segundo porque realmente me interesa mi región, donde hablamos lo mismo, tenemos las mismas desigualdades y riquezas, nuestra pertenencia. Me siento muy cómodo trabajando en Argentina, en México o en Colombia. Me siento en casa, en familia, y como siento que actuar es pensar otro cuerpo, me es muy difícil imaginarme haciéndolo en otro idioma. No lo rechazo pero me siento orgulloso de haberlo hecho desde acá, como lo han hecho muchos actores.

Otra de las cosas que a mí me sorprenden de tu carrera es que, si bien tú tienes el nombre y el talento para ser protagonista, no tienes problemas en hacer pequeños papeles, ¿eso es una decisión o se dio así?

Es una formación ética que tuve en la Universidad de Chile, donde nos enseñaron que no es importante uno sino el proyecto y que se es un buen actor en la medida que tu compañero o compañera te escucha porque uno actúa a través de ellos. A mí me ha tocado trabajar en películas que son la ópera prima o el segundo largometraje del director, no hice ninguna de alguien que tuviera una gran trayectoria en ese rubro y he tenido la fortuna de cruzarme en la vida de personas tan creativas y tan maravillosas que a quién le puede importar si el papel era pequeño cuando es tan grande el disfrute, el goce, el placer de estar ahí.

Cómo empezó tu sueño? ¿Cuántos años tenía cuando dijiste: “Esto es lo que yo quiero hacer”?

Yo tuve la suerte de vivir durante mi adolescencia un momento de Chile muy emocionante, que fue el gobierno de Salvador Allende. Cuando tenía 15 o 16 años, en pleno gobierno socialista de la Unidad Popular, la televisión de mi país transmitía mucho teatro y muchísimas teleseries abordando los problemas críticos de la sociedad chilena y ahí se me despertó una locura por la interpretación, por ser actor, entonces dije “yo algún día tengo que estar arriba del escenario”. Después me correspondió, por razones de la vida, un psicoanálisis largo y profundo donde comprendí que mi vocación era estar al servicio de un proyecto, de contar historias profundas, políticas e importantes y de tener la posibilidad de ejercer influencia en algún ser humano. Sentí que ese era mi proyecto de vida y así entré de la escuela al liceo a estudiar teatro inmediatamente.

Tú trabajaste mucho en teatro y en televisión, y el cine recién apareció muchísimo después, ¿miras para atrás ahora y dices “¡Qué pena!”, o crees que hoy eres el actor que eres porque las cosas sucedieron de esta forma?

Yo creo en el destino. En Chile se filmaban dos películas al año con mucha suerte. Raúl Ruiz filmó más de 100 películas, de las cuales la mayoría están perdidas porque estuvo fuera de Chile. Miguel Littín llegó a los festivales porque es un grande pero de verdad era una película al año que se filmaba en cinta, no digitalmente. Yo anteriormente no hice cine porque nunca me llamaron para hacerlo. A mí el que me enseñó a estar frente a una cámara fue Larraín, al cual le debo mucho y después a los grandes actores con los que he trabajado, con quienes fui aprendiendo porque yo venía del teatro y muy malformado de la televisión donde la mueca, el rostro, la máscara, la sobre reacción son el lenguaje fundamental de ese formato. Fue un aprendizaje que para mí partió de no pestañar, no mover tanto los ojos, no gesticular tanto, no ser tan didáctico. Mil cosas que tuve que aprender, pero creo que me llegó en un buen momento ya que tenía la estructura y la experiencia para poder aprender rápido.

Me imagino que no estás pudiendo actuar ni hacer nada. ¿Cómo es vivir la pandemia en Chile?

Es muy triste y estoy unido a mis colegas argentinos también, que están viviendo casi el mismo horror. Ha sido muy difícil, estoy encerrado desde el 15 de marzo y tengo un teatro en Santiago en Chile para 100 personas que tuve que cerrar y que no podré abrirlo hasta que no haya una vacuna, por lo tanto no estar en Venecia, no estar haciendo teatro y no poder filmar para mí es muy duro. Me gusta la cámara, me gusta el público, me arma la vida y siempre me acuerdo una frase hermosa de Antonín Artaud que decía “Cuando vivo me siento vivir y cuando actúo me siento existir”, y me acuerdo de eso y de verdad me falta la existencia.