Álvaro Delgado Aparicio: "A veces el amor lo vence todo"

by Gabriel Lerman December 6, 2019
Director Alvaro Delgado Aparicio

Llevaba una vida exitosa como psicólogo organizacional pero había algo que le faltaba, y por eso Álvaro Delgado Aparicio dedicó muchos años de su vida a crear su primer largometraje de ficción, Retablo, incluyendo el tiempo que vivió en Ayacucho para conocer de cerca a la comunidad de los retablistas y el que pasó en el Sundance Institute afinando su guion. La apuesta no se salió nada mal, y el filme, que se exhibió por primera vez en 2017 en el Festival de Lima, fue aceptado al año siguiente para que participara en el Festival de Berlín, en donde ganó dos premios, para luego pasar por los eventos cinematográficos de Chicago, La Habana, Huelva, San Sebastián y Guadalajara, saliendo premiado en varios. Tras estrenarse en abril en Perú, Retablo, protagonizada por Junior Bejar, Amiel Cayo y Magaly Solier, fue elegida por la Academia de Cine de su país para representarlo en la búsqueda del Oscar. De paso por Los Ángeles, Delgado Aparicio nos contó como ha sido el viaje mágico de su película, que cuenta la historia de un padre y su hijo que ven como la intolerancia pone en riesgo la hermosa relación que han construido.

A pesar de haberse exhibido por primera vez en el año 2017, Retablo ha seguido proyectándose, ha ganado varios premios y ahora compite por el Oscar. ¿Estás sorprendido por el largo viaje que está teniendo tu primer largometraje de ficción?

La verdad que si, cuando uno empieza un proyecto así se enamora de la historia y junto a todo el equipo queríamos contarla. Nuestro primer deseo con Retablo era que llegue a algún lugar en el mundo, que se proyecte en un buen festival. Si bien se hizo la presentación durante el año 2017 en Lima, nuestro estreno mundial fue en febrero del año pasado en el Festival de Berlín, y cuando entramos ahí, en ese espacio de 1300  personas, no lo podíamos creer, fue mágico. Después de ganar dos premios allí, se abrieron varias puertas, conseguimos un buen agente de ventas y varios países comenzaron a tener interés por la película, es como si la misma encontrara su propia fuerza, su propio espacio. Fue y sigue siendo un viaje lleno de sorpresas. Es una historia chica, de Perú, que se hizo en Ayacucho, pero como es una trama universal creo que está repercutiendo en todo el mundo y por eso hemos recibido premios y nos hemos presentado en festivales de todos los continentes. Es increíble como esta historia de amor está llegando a tanta gente, es algo que nos enorgullece y nos pone felices. Ahora que hemos tenido la nominación al Independent Spirit Award estamos intentando encontrar un espacio en todo lo que se viene, así que es más que interesante el recorrido.

¿Por qué te parece que la película siendo tan local en muchas cosas, es tan universal?

Por varias razones, la primera es porque, por lo menos para mí, es una historia de amor entre un papá y un hijo, y a veces el amor lo vence todo. La segunda es lo complejo de ver al ser humano, entender al otro con sus diferencias, con sus peculiaridades, y la única forma de verlo como realmente es, es a través del amor justamente; y la tercera razón es porque narra un conflicto entre la tradición y la modernidad, y si bien es algo que ocurre en nuestros países, lo ves también en muchos otros lugares. Yo creo que cualquier persona ha crecido idealizando a su papá o a su mamá, y después terminan no siendo como se los imaginaron y eso de alguna manera te afecta, sobre todo cuando eres adolescente y estás buscando tu propia identidad, te afecta más. Creo que esa resonancia, esa situación, se relaciona con mucha gente.

Este escándalo que genera la condición de uno de tus protagonistas en ese pueblo, ¿refleja cómo se vive la homosexualidad hoy en esa región o en Perú?

El tema de la homosexualidad o de sexualidad en general es difícil de conversar en contextos conservadores y tradicionales. Si te vas fuera de la capital, el tema es tabú, no se habla y la homosexualidad ni se menciona. Cuando empezamos el proyecto y hablamos con los papás de Junior Bejar, el protagonista que habíamos elegido después de hacer un casting de 700 chicos y no teníamos segunda opción porque nos había encantado, nos sentamos para leer y explicarles el guión durante 6 horas y salieron muy movilizados. Decían que de eso no se hablaba, no se decía, no se contaba, que ahí las cosas eran más blanco y negro, que las formas en las que uno se comporta estaban más marcadas, estaban como asustados y me recomendaron que nos reuniéramos de nuevo con Junior para que él tomara su propia decisión porque eso le podía cambiar la vida. Cuando nos reunimos con mi productora otras 6 horas para leer el guion con Junior, interiormente estaba preocupado por lo que iba a decir un chico de tan solo 15 años, y al terminar se paró y nos dijo que para él se trataba del amor entre un padre y un hijo, que tenía ganas de hacer la película, y que también tenía miedo no solamente porque no era actor si no porque era una historia complicada pero que creía que era importante para que su comunidad comenzara a ver esos matices y esas complejidades del ser humano de las que normalmente no se hablan. Entonces sí creo que son entornos muy tradicionales y conservadores, donde hay mucha homofobia, tanto en los lugares donde hemos filmado como otras regiones en el mundo hay una masculinidad muy tóxica como contexto y todo influye a que esto sea complejo de contar.

A scene from "Retablo", 2017

Una escena de Retablo.

 

¿La decisión de filmar la película en quechua fue la más arriesgada de todas?

Fue una decisión muy importante y complicada, la historia se escribió en español y siempre pensé en rodarla en ese idioma, y antes de entrar a los ensayos Magaly Solier –quien interpreta a Anatolia, la madre de Segundo- me dijo si no convendría grabar la escena en quechua. Esas cosas que te dicen y te provocan una reacción de pensar cómo lo harías en otro idioma. Un día estábamos con Amiel Cayo –actor que interpreta a Noé, el padre de Segundo-, con Magaly y con Junior y les dije que hiciéramos la escena en quechua a ver que salía. La verdad que fue otro nivel, venía del corazón no de la cabeza. Todo comenzó a tener otro tipo de sentido y a partir de eso fui consciente de que la lengua materna de ellos era quechua y la de todos los actores secundarios también. Los actores traen una serie de capacidades de las que uno a veces no se da cuenta. Me acuerdo que fui a hablar con mí equipo de producción y les dije que tenía la idea de hacer la película en quechua y todos me “mandaron al diablo”, me dijeron que ya estábamos filmando a 4500 metros de altura, que teníamos un horario muy complicado de 5 semanas, que no iba a entender cuando cortar, como editar y que ellos no iban a entender tampoco. Yo en paralelo mientras conversaba con ellos ya había empezado a estudiar quechua, un lenguaje complicado pero muy lindo, muy poético que alarga todo. Les pedí ayuda a mis actores y a Junior se le ocurrió hacer una demostración, enseñar 3 escenas en español, hacer un corte y volver a mostrar las mismas escenas en quechua para ver que pensaban los demás. Hicimos eso y cuando terminamos, para el equipo de producción fue otra cosa, les tocó el corazón, y aunque no entiendes necesariamente lo que dicen, estás entendiendo todo. Desde ahí nos conseguimos dos intérpretes que nos acompañaron día y noche durante todo el proceso. Cuando estábamos filmando y decía “acción” y después “corten”, antes de mirar el visor siempre le preguntaba a mi intérprete que cosas adicionales decían o que cosas habían omitido. Muchas veces decían cosas adicionales que no estaban, pero que eran mejor que mi guión, así que las manteníamos. Fuera de todo esto logístico y complejo, creo que lo más complicado de este viaje fue cómo crear las condiciones de confianza para que Junior se pudiera apropiar del personaje y creo que el hecho de hacerlo en quechua le dio una familiaridad, porque él habla esa lengua en su casa. Teniendo en cuenta todo eso, creo que, a pesar de haber sido muy arriesgada, fue una de las mejores decisiones que tomamos.

¿Sabes si Robert Redford ha visto Retablo?

Sé que todo el equipo del Festival de Sundance lo ha visto y me imagino que se lo han pasado. ¡Espero que sí!

Pero tú tuviste un encuentro breve con él. ¿Fue un momento que te cambió la vida, que te mostró que el camino podía estar por ahí?

Yo había hecho el cortometraje El acompañante, que se estrenó en el Festival de Sundance en el 2013, y me acuerdo que había hecho varias pasadas de la película y en un momento tuve la oportunidad de conocerlo y me preguntó dónde había estudiado cine y yo le respondí que en la London School of Economics y que era psicólogo organizacional. Me preguntó si tenía más guiones y yo le respondí que sí, que tenía varios porque era mi hobbie desde los 17 años, así que me contó que estaba el Sundance Institute donde hay laboratorios de guionistas, de directores y que solo podías aplicar con un guión de largometraje. Entonces me puso en contacto con las personas de allí y 6 meses después, aunque no me lo imaginaba, me seleccionaron. Me acuerdo que había 12 mentores muy buenos, yo fui con el guión de Retablo y después de ese proceso, reescribí toda la película junto a Héctor Gálvez, pero fue uno de los mejores desarrollos creativos que he vivido. Ahí nos cambió la vida porque cuando entras en este tipo de procesos comienzas a darte cuenta realmente de lo que quieres contar, de lo que te moviliza y empiezas a creértela un poquito más como para hacer ese salto de cortos a largos, que a veces te da miedo porque piensas que no estás preparado. Creo que todo ese proceso complejo en el laboratorio donde después de 120 páginas y años de escritura, me quedé con un párrafo y tuve que reescribir todo, me dio una fuerza interna que me impulsó a hacer la película y buscar financiamiento a pesar de recibir 20 “no”, 50 “no” hasta que finalmente apareció un “sí” y se pudo hacer la pelicula.

Como tú bien dices que eres psicólogo organizacional y aparte te va muy bien en esa otra faceta profesional. ¿Tú crees que va a llegar un momento donde vas a tener que decidir por qué camino sigues o crees que puedes llevar los dos adelante?

Lo interesante de mi carrera es que es fuente de inspiración para muchas cosas, me conciernen mucho las historias, el contacto humano y estoy explorando la relación de mamá e hija en la selva. Creo que todo depende porque para hacer este tipo de películas necesitas tu espacio, tu tiempo para escribir el guión, y no te puedes apresurar. Es como cuando nace un hijo, no se puede hacerlo en 6, se tiene que hacerlo en sus 9 meses o las madres que dicen que el niño solo puede lactar durante 6 meses y no va a estar mal, no, el niño tiene lactar en el proceso que tiene que lactar. Todo tiene su propio tiempo de maduración y de fuerza interna y creo que esa parte si puede convivir con mi profesión de psicólogo. Pero una vez que eso está, como hice con Retablo, me tengo que tomar un año o un año y medio sabático y olvidarme de todo para hacer el largometraje.