Ángela Molina: "El teatro ha sido mi vida, mi camino y mi enseñanza"

by Gabriel Lerman October 14, 2020
Spanish actress Angela Molina

 Juan Naharro Gimenez/WireImage

Es la actriz a la que Buñuel dirigió en su última película, Ese oscuro objeto del deseo y la que protagonizó clásicos del cine español como Demonios en el jardín, La mitad del cielo, Las cosas del querer (y su secuela), la misma que fue dirigida por Almodóvar en Carne trémula y Los abrazos rotos, la que trabajó con Mastroianni, con Depardieu, con Alberto Sordi, Fernando Rey y Fernando Fernán Gómez, la que tiene una trayectoria tal en el cine italiano que allí hay quien no saben que es española, la que ha filmado en múltiples idiomas e infinitos países. Y sin embargo, apenas atiende el teléfono en su casa de Madrid, Ángela Molina es simplemente una mujer, la madre de 5 que se da el gusto de trabajar a menudo con su hija mayor. La excusa para el diálogo es su participación en La valla, la serie de ciencia-ficción de Atresmedia que Antena 3 está pasando ahora en España y Netflix en buena parte del mundo. Allí encarna a una médica, madre de mellizas (ambas interpretadas por su hija Olivia), cuya vida se transforma cuando las autoridades se llevan a su nieta para someterla a tortuosos experimentos en busca de una vacuna que cure el virus que ha convertido al país en una dictadura.

Cuando comenzó toda esta situación que estamos viviendo ahora con el virus y el confinamiento,¿le impactó de manera particular porque ya lo había vivido en la filmación de La valla?

Ya me impactaba en el rodaje antes de que pasáramos por esta especie de desastre natural porque era una situación harto inimaginable a pesar de que históricamente ya hemos pasado por todo tipo de pandemias, pestes e historias con las que el ser humano ha tenido que ir lidiando, pero era una provocación extraña para una ficción luego con el tiempo ver que nos llegó esto, esta espada de Damocles, fue muy grande mi consternación. Había algo que decía “hay cosas en la serie que han sido terribles que por lo menos nosotros ya hemos conseguido, como una hermosa democracia”. En la serie todavía es todo mucho más tremendo, indeseable e imposible de imaginar pero entiendo que el público que la está mirando, que es mucho y estoy muy feliz por ello, tengan el valor de admirar algo que de alguna manera es eco de lo que nos está pasando y reflexionar sobre cosas que puedan ayudarnos, sobre los valores que seguimos cosechando y disfrutando, interiores, del ser humano, de las relaciones entre nosotros, hay cosas que no cambian y son las que nos hacen realmente disfrutar de la vida, aún sufriendo lo de los demás

¿Qué le generó la experiencia de hacer ciencia ficción, algo que nunca había hecho antes en su carrera?

No, nunca había hecho ese género. Cuando yo sueño el estar en esa situación concreta, social o mundial, ya estoy en esa realidad, en ese presente imaginado entonces uno se agarra a hablar de lo que le esta sucediendo a esos seres humanos y eso te lleva siempre a la realidad, a amar a los que amas, a luchar por lo que crees entonces se te puede olvidar de alguna manera que estás en una serie de ciencia ficción, algo que me sucedía a mí, pensaba en que podía ser posible y recordaba que nuestros antepasados habían vivido las guerras, las post guerras, no son cosas ajenas a nosotros, están presentes en nuestra memoria histórica y emocional. En ese sentido quizás no lo viví mucho como una ficción porque yo estaba en los interiores de la familia, dpero claro luego te pones a ver la escenografía o el vestuario que están muy bien logrados, y esa fantasía te lleva a esa otra realidad.

Ha hecho muchas y muy buenas películas sobre la guerra y la post guerra en España. De alguna manera, La valla es un reflejo del pasado. ¿Pensaba en esto mientras filmaba?

Me eran familiares ese tipo de personas que viven sus ideales, cuando hacíamos las películas de la Transición como Camada negra bajo la dirección de Manuel Gutiérrez Aragón, así que este personaje de la serie podría ser perfectamente intercambiable con cualquiera de los otros que yo he interpretado, por eso te digo la gente muta con sus circunstancias pero son estas las que son diferentes, las personas siguen siendo las mismas, son seres humanos frente a situaciones diferentes y debemos afrontarlas, siempre con las mismas fuerzas vitales, que es lo que significa ser un ser humano.

En la serie se juega con el parecido extraordinario que tiene con Olivia. Hay un momento en que las dos se abrazan. En ese instante, ¿esta Ángela haciendo un personaje o es la propia Ángela abrazando a su hija?

Es una cosa tan misteriosa como el misterio, no se puede separar, las dos cosas son verdad, poder vivir eso es solamente un milagro y un regalo. No es la primera vez que he trabajado con mi hija, anteriormente lo he hecho en teatro y me encanta hacerlo. Tú dices que se parece a mí pero yo no lo veo así, es completamente diferente y estoy muy orgullosa por eso, tiene una forma de ser totalmente complementaria a la mía y ambas nos necesitamos mucho en esa diferencia, a pesar de ser madre e hija, lo mismo ocurre en el plano profesional y cuando coincidimos lo disfruto con mucha conciencia.                 

Y cuando era pequeña y veía que iba a seguir sus pasos, o que tenía con qué, ¿hubo algún momento en el que temió que no tuviera su misma suerte como actriz?

Ella me lo avisó muy concretamente y siendo muy jovencita así que fue absolutamente pura en su vocación. Ha sido actriz en el Centro Dramático Nacional, donde le daban los personajes protagonistas de todas las obras clásicas y siempre estaba en el escenario, yo me emocionaba al verla y me sigue sucediendo lo mismo cuando la veo porque en el escenario es totalmente impresionante, ella adora el teatro. Yo no me pregunto nunca a dónde te va a llevar, creo que este oficio nos necesita de manera concreta y lo que amamos es el oficio así que da igual que hagas una carrera u otra, la necesidad nos mueve, en los dos sentidos. No me preocupaba nada pero si me impresionaba que desde tan chiquitita, incluso más pequeña que yo, ya lo tenía clarísimo. Siempre ha sido muy buena estudiante, una buena intelectual, muy responsable y, a lo mejor en otra situación, podría haberle dicho “Olivia, piénsalo bien, ¿por qué mejor no estudias?”, porque había otras cosas que también eran fuertes en ella pero recuerdo que durante el rodaje de Le voleur d'enfants, una película francesa de Christian de Chalonge con Michel Piccoli y Marcello Mastroianni en Suecia, llegó Chiara Mastroianni y le dijo a su padre que se quería dedicar a su oficio y Marcelo montó en cólera contestándole que ni se le ocurriera, que si se había vuelto loca. Fue una pequeña bronca de amor y protección y yo le dije “Marcello, tú no tienes derecho de meterle en el cuerpo una especie de temor, si nosotros estamos aquí, felices de la vida y pasándola genial”. Esa fue una situación que me quedó muy marcada, por supuesto fue muy alegre también, y cuando me sucedió a mí, ya iba como preparada. Como primera impresión le habría dicho algo parecido a lo de Marcello, que por momentos es un oficio difícil y vertiginoso, al igual que fascinante, bello y necesario. Pero todo se fue dando de una manera muy natural

De alguna manera Olivia vivió la misma situación que la suya. Es la hija de Antonio Molina, que era una leyenda en España y tuvo que hacerse tu propio camino. A veces, para los hijos de los actores famosos es muy difícil por las comparaciones. ¿Cómo fue en su caso

Adoro a mi padre, lo venero. Hemos tenido una gran amistad y ha sido todo para mí. Tuvimos una relación muy intensa porque él falleció muy joven, a los 64 años, casi la misma edad que tengo yo, que acabo de cumplir 65. La gente paraba a mi padre y él hablaba con todos porque disfrutaba de las personas, era pueblo, era auténtico, con una sentimentalidad adorable, afín a todo el que se le acercaba y yo siempre he vivido eso, experimentando la vida de los camerinos y el teatro, en los interiores y también en los exteriores, observando todo desde el palco. En fin, el teatro ha sido mi vida, mi camino y mi enseñanza, donde he aprendido a conocer y amar la vida. Y es como si mi padre me hubiera traído y ofrecido el amor del público porque la gente que amaba a mi padre, me ha amado a mí. Ha sido como un regalo, el fruto más hermoso que me podría haber dado, no hay día que alguien no se me acerque con la mirada iluminada, acordándose de algo de mi padre o mencionándome cuando lo había conocido. Hay veces que me digo “¡¿A cuánta gente ha conocido?!”, pero si lo piensas ha trabajado toda su vida, saliendo de gira por 6 o 7 meses por cada pueblo y ciudad de España

Por otro lado, además, la gente desde la platea de un cine construye una relación con sus actores favoritos. Me imagino que mucha gente le conoce y se le acerca como si fuera la vecina o la amiga que ha visto tres días atrás. Esa debe ser una sensación extraña, ¿no

Totalmente. Eso es lo que más me gusta, que nos sentimos iguales. Y es verdad. Yo siento mi trabajo cuando estoy trabajando, pero cuando estoy en la calle o en la vida, soy una persona como cualquier otra. Hay siempre un canal muy limpio y de mucho agradecimiento. Si no hubiera ese retorno, no existiría mi oficio, no tendría sentido. Lo que yo hago, en lo que se me va la vida es en ser otras personas.

¿Y algunos de esos personajes los sigue llevando consigo?

Me acuerdo de los personajes como si fueran mis hijos o alguien de mi familia, de hecho cuando los veo en la pantalla no me veo a mi sino que veo ese personaje y me impresiona como cuando veo a mis actrices favoritas. Definitivamente uno recuerda a sus personajes porque tú les das tu vida y ellos la suya, es imposible olvidarlos. De alguna manera siendo tú, eres también ellos y viceversa. Siempre hay una sombra, nosotros tenemos nuestra propia sombra y es nuestra propia luz, es algo así.

Tiene una carrera impresionante y a la vez ha criado 5 hijos. ¿Cómo hizo?

Eso es lo más importante que tengo, unos hijos que me adoran. Para mí la maternidad se me ha impuesto, siempre he soñado y deseado tener un hijo, y cuando ese sentimiento me invadía, lo sentía en mi ser, en mi sangre, eso era lo primero. He tenido los hijos que he soñado tener y esto es lo que más feliz me hace en esta vida. Ahora que tengo muchos nietos, a veces pienso y digo “Dios mío, ¿cómo me ha dado tiempo a tener una familia numerosa?”, pues no lo sé pero siempre puse en primer lugar el amor, lo demás viene todo por añadidura, no hay que hacerse problemas antes de tenerlos. Claro que no todos tenemos esa posibilidad, hay mucha juventud a la que le es muy difícil realizar sus sueños en ese sentido, porque el trabajo es precario, porque la vida es un enigma y eso lo respeto porque incluso tienen la valentía de no poder vivir esos sueños como desearían. Yo desde mi humilde lugar, siempre he confiado, lo he puesto en primer lugar y lo he vivido así, he filmado embarazada, he llevado a mis hijos a los rodajes y los he amamantado ahí, me iba adaptando como a todo en la vida.

Ha trabajado con muchas leyendas del cine y directores legendarios. ¿Cómo era Luis Buñuel?

Yo pienso que Luis Buñuel es como el abuelo de todos, los cineastas lo aman y lo comprenden y han aprendido de él, y te estoy hablando todos, incluso los más grandes porque Buñuel tenía esa cualidad que coincide con lo que yo pienso, que es el ser más generoso que yo he conocido en mi vida. Era delicadeza, era absolutamente agradecido a lo que le dabas y entregado a la confianza que tú le generabas y eso en uno suponía que le darías la vida. Además procuraba felicidad y alegría en el rodaje porque vivía el instante con una intensidad creativa que era memorable, brutal. Fue una huella imborrable porque lo conocí en una época donde él sabía que yo necesitaba aprender tantas cosas, tenía 22 años y aunque ya llevaba muchos años trabajando preguntaba todo, era muy curiosa y a él le encantaba, nos sentaba en el combo, que era una pantalla de video donde veías el ensayo, nos decía lo que soñaba ver para la escena y nos enseñaba también el cuadro como si estuvieras en el Museo Nacional del Prado viendo un Goya, era casi pictórico y luego ya entraba en lo emocional, todo con un divertimento alucinante porque él disfrutaba de la vida. Siempre tenía la mirada como iluminada y la sonrisa de un niño pícaro, inteligente a morir. Era absolutamente genial, cada día para él era un mundo y nos cogimos mucho amor, me decía “Molina, la quiero”, me trataba de usted pese a que era una niña.