Antonio Campos: “Trabajar con los actores es mi parte favorita”

by Gabriel Lerman September 17, 2020
Director Antonio Campos on set of The Devil All the Time, 2020

Director Antonio Campos on set of The Devil All the Time.

glen wilson/netflix

De algún modo, Antonio Campos se viene preparando a lo largo de muchos años y varias películas para su proyecto más ambicioso hasta el momento, The Devil All the Time, la adaptación de la novela de Donald Ray Pollock que se estrena esta semana en Netflix con un fantástico elenco que incluye a Tom Holland, Robert Pattinson, Bill Skarsgård, Haley Bennett, Riley Keough, Sebastian Stan, Jason Clarke y Mia Wasikowska, entre muchos otros intérpretes. Desde su primer largometraje, Afterschool, que debutó en Cannes en 2008, el director nacido en Nueva York ha estado obsesionado con las conductas humanas complejas y con la muerte, algo que siguió explorando en Simon Killer, que tuvo su debut en Sundance en 2012, y Christine, que tuvo su premiere en el mismo festival en 2016. Antonio, que también dirigió varios episodios de la serie The Sinner, es hijo del notable periodista brasileño Lucas Mendes Campos y una productora de origen ítalo-americano y, como nos explica en esta entrevista, la libertad que disfrutó en su hogar puede haber sido la razón por la que se atreve a explorar temas a los que otros les temen.

¿Por qué te interesó adaptar la novela de Donald Ray Pollock?

El libro tiene un estilo cinematográfico desde el principio. Empieza con esa escena en la que Williard golpea a los cazadores furtivos y le enseña a su hijo la lección de que no hay ningún malparido que valga la pena en el mundo. Y recuerdo que esa escena me atrapó. Pero, a medida que leía el libro, lo que me cautivó y me emocionó fue que era un híbrido de dos de mis géneros preferidos, el gótico sureño y el hardboiled. Y Don Pollock se las había arreglado de alguna manera para crear una historia que reunía todos mis elementos favoritos de esos géneros. Además de eso, a nivel temático, contaba una historia generacional que funcionaba como la columna vertebral del libro, sobre el trauma que el padre atraviesa y que luego se transmite a su hijo y mucho de eso vinculado a la religión y la fe y la fe en la violencia. Era algo que me interesaba poder contar, que quería explorar, algo que venía explorando en otros proyectos. Me cautivó de inmediato.

Y también te dio la oportunidad de trabajar con actores fantásticos, que me parece que es algo que realmente disfrutas. ¿No es así?

Si. Para mí, trabajar con los actores es mi parte favorita del proceso. Me encanta diseñar las tomas y construir el mundo de una película, pero la mayor alegría es poder armar todo y luego darles ese espacio a estos actores y actrices increíbles y solo mirarlos hacer lo suyo. Me encanta aprender el proceso de todos y cómo hablar su idioma. Para mí, como director, es más importante no que ellos aprendan mi idioma, sino que yo aprenda yo el de ellos e intente comunicarme con mis actores de un modo que sea natural para ellos. A veces ni siquiera se trata de palabras, a veces te dicen ‘este es el ritmo de la escena’ o ‘este es el ritmo del personaje’. Y también es esencial saber cuándo no hace falta decir nada, que es algo que a veces cuando eres un director joven no siempre lo sabes y luego lo vas aprendiendo a medida que haces más películas. A veces es mejor no decir nada y dejar que el actor lo logre de manera natural, porque sabes que llegará a ese punto. Creo que este libro está repleto de personajes fantásticos. Y sabía que si creaba este universo muy extraño con actores increíbles, algunos de ellos que el público podría reconocer, entonces te sentirías a gusto en un lugar que era tan poco familiar. Y luego podrías acomodarte y disfrutar de este viaje tan salvaje que es esta película.

¿Querías que el público reconociera a los actores?

Creo que o eliges a un actor que sea reconocible o eliges a la mayoría de tus actores con rostros reconocibles. Quería elegir un elenco de actores maravillosos que podrías llegar a conocer, actores que fueran fantásticos y que tal vez el público no hubiera visto con tanta frecuencia y luego completos desconocidos, algunas personas que no fueran actores. Me gusta trabajar en ese espacio en el que mezclas esta especie de niveles de reconocimiento. No me molesta si reconoces a alguien, para mí es una familiaridad, algo reconfortante. Pero luego ubicar a esa persona en un personaje muy diferente, en un mundo muy distinto al lugar donde la hayas visto antes, eso es lo divertido.  

A scene from "The Devil All the Time", 2020

Tom Holland in a scene from The Devil All The Time.

glen wilson/netflix

 

Tratabas temas muy oscuros en la película. ¿Cómo fue el ambiente en el set?

Maravilloso, realmente agradable. Estaba mirando algunas fotos del detrás de escenas en el set de filmación y nos estamos abrazando, nos estamos riendo entre todos y eso fue así en general. Cada vez que hice una película, fue algún drama intenso y eso requiere un profundo trabajo psicológico. Pero entre las tomas, hay que encontrar un respiro, hay que poder reírse y sentir calidez. No siempre, a veces hay que mantener esa especie de tensión durante todo el día, pero muchas veces prefiero que hablemos de cualquier otro tema, que miremos un video en YouTube, que hagamos otra cosa y luego volvamos a sumergirnos. Siento que ese es el ambiente ideal para cualquier set.

Parece que estás muy interesado en las complejidades de la mente humana, ya que has hecho películas sobre historias complicadas que a veces son reales, como Christine, que estaba basada en una historia real. ¿Qué te impulsa a contar estas historias?

Siempre tengo la esperanza de que, al empezar a trabajar en un personaje, al final seré capaz de encontrar la humanidad en su interior. Y a veces no puedo. Pero eso es parte del recorrido, ir a lo más profundo, a los rincones y grietas de sus mentes y ver qué hay allí y encontrar ese lugar donde han encerrado a su humanidad durante un tiempo. Sí, creo que siempre me fascinaron estos personajes complejos e intentar comprender por qué hacen lo que hacen. Porque no creo que las personas que hacen cosas malas piensen que están haciendo algo malo, y creo que ese es un lugar interesante donde empezar. Pensar si alguien está haciendo algo malo porque sabe que está mal mientras lo hace, qué piensan esas personas y qué los impulsa a hacer eso, qué aprendieron en su infancia que puede influir el modo en que se comportan. Me parece algo infinitamente fascinante. Y, una vez más, al final de la exploración de esos personajes siempre espero poder encontrar el bien en algún lugar y poder atravesar el túnel y salir al otro lado. Creo que en el caso de Arvin, el final es optimista, no es uno completamente infeliz. Tampoco es un final explícito y claramente feliz, pero tiene el potencial de ser un final feliz y un nuevo comienzo. 

Aunque miremos The Devil All the Time en nuestro comedor, tiene una cualidad cinematográfica. ¿Ese fue el objetivo? 

Así es. Lo que nos interesaba al director de fotografía y a mí, lo que buscamos todo el tiempo, era cómo celebrar al encuadre, cómo celebramos al mundo en que está inmerso el personaje. Cómo celebramos el primer plano, el rostro, y esa fue la motivación detrás de la mayoría de los planos que rodamos. La idea era poder ver a estos personajes en su mundo, no ir siempre al primer plano de inmediato. Enmarquémoslos en su ambiente y rindamos homenaje a eso. Eso es parte de la belleza del cine. El encuadre siempre cuenta una historia, aunque solo se trate de alguien que está allí parado, hablando. Y creo que gran parte de lo que pasa en la televisión es que se convierte solo en seguir una rutina, sigamos ciertos pasos, sigamos moviéndonos, y no tienes tiempo de disfrutar del mundo en el que te sumergen. Para mí, de eso se trata el cine, y creo que gran parte de la buena televisión hace eso también, te permite verte transportado realmente a otro lugar. Eso es el cine para mí, ser transportado a otro lugar, tener una experiencia que está muy alejada del espacio donde estás sentado, ya sea en el cine o en tu sofá.

Encontré una entrevista que te hicieron en Cannes cuando eras adolescente. Me sorprendió la determinación que tenías a esa edad, lo decidido que estabas de que esto era lo que querías hacer. ¿Cuándo comenzó tu sueño de ser director?

Desde los 9 o 10 años sabía que quería hacer algo en el cine, no sabía bien qué, pero amaba las películas. Tenía una obsesión con mirar películas, mirarlas una y otra vez. Y luego, a los 12 o 13 años, vi A Clockwork Orange y ahí me di cuenta de lo que era un director. Pensé ‘Lo que sea que haya hecho esta persona...’. No sé por qué lo supe, pero cuando apareció el cartel que decía "Producida, escrita y dirigida por Stanley Kubrick", me dije que quería hacer lo que él había hecho. Sentí que él contaba una historia con las imágenes, el sonido, con el diálogo, los actores, que era todo una gran cosa maravillosa que de algún modo salió de la mente de una persona. Quería aprender qué era eso y en esa época me obsesioné con intentar hacer una película. Hice mi primer film cuando tenía 13 años. Y creo que desde ese momento, que fue hace 24 años, ha sido la única cosa que he querido hacer. Siento que de muchos modos intento volver a ese niño de 13 años que hizo su primera película, que se llamaba Puberty y que se trataba de un niño que atravesaba la pubertad (risas). Volver a la naturalidad y la emoción de esa experiencia y la intimidad que tuve con mi equipo de filmación y los actores. Incluso hoy cuando trabajo con muchas personas, todavía quiero sentirme como si estuviera trabajando con 3 o 4, aunque sean 50 o 60. Para mí, se trata de este maravilloso acto de crear algo con un grupo de personas, tratando de comunicar tu visión a los demás. Y esa experiencia grupal del cine también es lo fantástico de ver una película en una sala de cine.

¿Cuánto influyó, como lo mencionaste en una entrevista, la libertad de tu hogar brasileño en Nueva York en el desarrollo del artista que eres hoy?

Muchísimo. Porque no había ningún tema que estuviera prohibido conversar en la cena. Para bien o para mal, podíamos hablar de cualquier cosa. Mi padre es brasileño y mi madre es ítalo-americana, pero habla portugués con fluidez y vivió en Brasil, así que también tiene una cualidad mediterránea. Creo que nunca hubo nada que fuera tabú para conversar. Mi padre es periodista, así que nos alentaban a cuestionar las cosas, a saber todo lo que fuera posible sobre un tema y a que si contábamos una historia, había que poder contar todo. Mi padre se molestaba si no podías responder ciertas preguntas sobre lo que estabas hablando, así que todo eso fue muy importante para infundirme una cierta valentía y confianza para ir a lugares que tal vez no eran muy populares, para intentar decir ciertas cosas de un modo personal. En mi casa también había mucho amor por el cine, nos gustaban las mismas películas y era un entorno propicio para tener la libertad de expresarte como quisieras y eso era lo mejor que podías hacer. Aprender eso desde pequeño, fue algo que se me quedó grabado y fue crucial.