Bárbara Lombardo: "El cine regional es necesario"

by Gabriel Lerman May 21, 2019
Actress Barbara Lombardo

Esta semana se estrena en Argentina Badur Hogar, una de las películas locales que hicieron su debut durante el reciente BAFICI, el Festival de Cine Indendiente de Buenos Aires, y que tiene como característica que fue integramente rodada en Salta, la ciudad de donde es su director, Rodrigo Moscoso y varios de los protagonistas, como Javier Flores y Cástulo Guerra, aunque este último lleva muchos años radicado en Estados Unidos. El otro papel de importancia está a cargo de Bárbara Lombardo, la única nativa de Buenos Aires del elenco, quien precisamente encarna en esta comedia romántica a la forastera que se enamora de un hombre local (Flores). La actriz de Cautiva y Diarios de motocicleta, con una larga trayectoria en la televisión argentina que incluye papeles importantes en Resistiré, Los Roldán, El puntero, Sos mi hombre y Los ricos no piden permiso nos contó desde Argentina cómo fue su participación en su más reciente proyecto.

¿Cómo fue tu experiencia de irte a filmar a un lugar que desconocías y en donde todos los demás estaban en su casa.

Me pasa a veces que no sé si es mi energía o mi destino que me meto en experiencias súper exigentes. Lo bueno es que yo tuve un cuarto de hotel solo para mí, obviamente divino, en el medio de la ciudad de Salta, y eso fue mi refugio, donde yo volvía y estaba muy tranquila. Eso fue un desafío bastante grande. Sobre todo porque era una comedia romántica y tenés que tener una buena energía todo el tiempo. Con algunos actores me llevé muy bien y con quizás otros no tanto, lo que era más difícil, y eso siempre es lidiar en el momento y sacar lo mejor que podés. Te tenés que olvidar de vos y solo pensar  en la película y en que la escena la va a ver el público, que es para mí la mayor motivación.

¿Qué fue lo que encontraste en el guión que te convenció para irte a Salta? Porque estabas viviendo en Los Ángeles cuando te ofrecieron el papel. ¿Es así?

Sí, yo voy y vengo todo el tiempo, vivo mitad del tiempo allí y mitad del tiempo aquí.  Me convenció que era una comedia, porque vengo haciendo mucho drama y sinceramente la comedia es algo que sé hacer de forma bien seria, con Los ricos no piden permiso, que es una telenovela que hice para Pol-ka hace un año y medio atrás. Y yo me acuerdo de estar en el camarín y estar como con una felicidad y una alegría que a veces el drama no te da. Con el drama tengo que estar súper concentrada, meterme en los recovecos del dolor y tratar de hacer las cosas lo más honestamente posible. Me acuerdo que unos años atrás dije “Necesito hacer también comedia”. “No puedo hacer solo drama porque si no voy a sufrir toda la vida”.  Con “sufrir” quiero decir que el trabajo va a ser siempre desgarrador; y fue un objetivo muy claro en mi vida. Entonces primero llegó Jackie, después llegó otra película muy linda que se llamó 2001 mientras Kubrik estaba en el espacio, que tenía un personaje chico pero precioso, y ahora este en Badur hogar. Me pareció que estaba bastante bien escrita. Todas las referencias estéticas y artísticas que me pasó el director me parecieron divinas, y la verdad es que me dio ganas de irme sola a una provincia de Argentina e imbuirme a mí misma en un mundo totalmente diferente. A mí eso me hace muy bien, salir de donde estoy y meterme en la experiencia por completo.

¿Qué opinas de este fenómeno de los cines regionales que está surgiendo en Argentina?

Me parece que el cine regional es necesario. Me da mucha alegría que esté pasando. Hay que darle mucho lugar y apoyarlos. Yo creo que el INCAA tiene que tener muy en cuenta a la cinematografía regional porque hay muchas identidades dentro de nuestro país y mucha gente con una necesidad emocional de trabajar y hacer proyectos artísticos. Se trabaja muy bien y hay muchas cosas que contar que pertenecen a nuestra historia y a nuestro presente, y me parece muy bien que no se centralice todo en Buenos Aires como única posibilidad y mundo de producción. Creo que en Córdoba también se están armando cosas muy buenas.

A scene from "Badur Hogar", 2019

Una escena de Badur Hogar.

 

¿Cuál es la diferencia entre trabajar en una película independiente como esta, en una serie como Los Roldán, o hacerlo en México o en Estados Unidos?

En México para los primeros personajes que hice yo temblaba cuando actuaba. Temblaba, literalmente, pero también me pasaba eso cuando hice El puntero, que ahora está en Netflix. En México temblaba porque tenía que hablar con un acento neutro que yo sentía que no me salía perfecto, pero sin embargo me contrataron igual, entonces hablar me hacía poner muy nerviosa. ¡Y sin embargo lo hice, y traspasé el personaje y sucedió! Pero también los nervios son indicativos de que algo me pasa. Cuando estoy nerviosa lo tomo casi como una buena señal. Mirá, la verdad sí es diferente, es diferente. Creo que cada proyecto tiene diferentes desafíos y cosas más buenas y cosas más débiles; y en cada proyecto está en uno saber rápidamente “ok, esto funciona, esto no, esto hay que neutralizarlo y seguir adelante”, y yo creo que soy bastante buena en eso, como decir “No, no, esto está fallando” o “concentrémonos en esto”. A la televisión yo la amo. En general cuando hice telenovelas siempre la pasé muy bien, y con los unitarios, que son de una demanda mucho más exigente, es más difícil, porque tengo personajes muy complejos y ahí darles naturalidad y vida me generan una situación de alerta, entonces no es que estoy en el set feliz y relajada. Cuando hice El puntero o ciertas Mujeres asesinas era estar en el camarín concentrada, durante una hora no hablaba con nadie, estaba en el texto, en la escena, porque tenía que llorar y lo tenía que hacer de cierta manera, como viviendo constantemente solo para que en esa escena que era tan compleja sucediera algo orgánico y no fuera algo falso. En cambio, con las telenovelas como Los Roldán, Los ricos o Resistiré, son cosas tan corales, tan del momento y tan dinámicas que no voy a las profundidades, puedo resolver de una forma más liviana y feliz.

¿Cómo compararías a la actriz que hizo Cautiva con la que eres hoy?

Es una gran diferencia, la verdad. Lo que me pasó con Cautiva es que yo tenía tantas certezas de cómo era el personaje que peleé mucho el guión. Y el director era también el guionista, entonces fue difícil, pero muchas palabras que estaban escritas finalmente no las dije, porque me parecía que con la emoción y con las miradas… y soy así, defiendo al personaje y trato de siempre consensuar con el director la forma de hacerlo lo más natural posible, sin estar pasando información de más, para que el espectador también trabaje. Creo que realmente ahora sí sé manejarme en un set y eso es una gran diferencia. Yo los primeros años de mi carrera sólo me concentraba en actuar y decía “Listo, que el director se ocupe de filmarme”. Ahora, con Rodrigo, era decirle “¿me mostrás el plano que estás viendo? Así yo veo qué puedo hacer adentro de tu plano”. Porque yo entendía que él era muy estético, muy del plano, y el primer día no entendía muy bien y ahí vi: Él tenía todo armado, y dije “Primero mostrame el plano, lo que vos querés ver, y yo veo qué puedo hacer orgánico adentro de eso y adaptarme”.  Y esa fue la experiencia.

Con Cautiva fuiste nominada a varios premios. ¿De qué manera te marcó esa primera película?

Para mí fue un antes y un después, porque yo estudiaba actuación hacía 3 años, tenía 20, y de ser estudiante quedé para ser protagonista de una película. Además fue muy difícil el rodaje, porque justo se empezó a filmar en enero de 2002, justo después del corralito, así que había mucha tensión en el aire. La plata se había evaporado. Tenían un millón de pesos y era la nada misma, y se filmó durante un año. A mí durante ese año me pasaron un montón de cosas. Se filmó 2 semanas, se pararon 3 meses, se filmó 2 semanas, 4 meses, 2 semanas, se ganó un premio en San Sebastián de Cine en Construcción y se terminó de filmar en octubre. Y yo en ese año no solo hice Cautiva sino que empecé a trabajar en televisión, hice Diarios de motocicleta. Me empezaron a pasar muchas cosas como actriz que me modificaron, pero todo el tiempo tenía que estar pendiente de la continuidad de lo que había hecho antes. Fue muy sacrificado el rodaje, no sólo por la historia en sí sino por todo el contexto, pero después me me enteré que la estaban dando en el MOMA, en una de los primeros festivales de New Directors, New Films. Y después se vendió en Estados Unidos. Yo fui al estreno, y me acuerdo de estar un domingo en Nueva York con mi mamá y abrir el New York Times y leer a un crítico muy exigente diciendo que yo era una actriz extraordinaria. Esa crítica la tengo ahí guardada siempre, porque sentí que era el premio al esfuerzo, al haber estudiado y al haber dado todo y haber podido saltar muchos obstáculos. Ahí ya tenía 24 o 25. Ahí fui directo a Los Ángeles al estreno, me llamaron de agencias para verme, me querían conocer. Por esta crítica, porque era raro que él dijera eso de una actriz tan joven… Yo en ese momento no me animé a quedarme en Los Ángeles porque era muy chiquita y tenía trabajo acá, un montón. Pero después la vida me fue llevando allí. Cautiva fue como un bautismo muy difícil pero con frutos.

¿Cómo ha sido tu experiencia como actriz en Estados Unidos hasta ahora?

Hice muy poquito en Estados Unidos hasta ahora. Me lo estoy tomando con mucha calma. Lo que hice fue ponerme a escribir y ahora estoy trabajando con una editorial sobre una idea que yo tenía desde hace tiempo, una editorial bastante grande, que es con quien firmé, y estoy editando esto. Entonces, cuando estoy allá, mientras hago audiciones y voy entendiendo como funciona el mercado, estoy sacando adelante un proyecto mío que tiene que ver con otro rol que es la escritura, que también me interesa. Me parece que en este momento hay un montón de oportunidades allá, que hay una apertura para los latinos y para el acento diferente y estoy deseando que un rol encaje perfectamente conmigo.

En Badur Hogar trabajaste con Cástulo Guerra, que lleva muchos años en Estados Unidos. Aunque él también es salteño era también alguien que volvía a su tierra. ¿Qué te contó Cástulo que te sirva para tu experiencia norteamericana?

Con Cástulo no tuvimos tanta oportunidad e hablar porque no compartíamos escenas, pero quedamos en encontrarnos en Los Ángeles. Me dijo que es un mercado muy grande, que hay mucho trabajo, y que una vez que entrás es más fácil, porque empiezan a incorporarte. De alguna manera lo más difícil es entrar, y después es más fácil conseguir trabajo más seguido. Pero me dijo eso, que nos juntemos a hablar, que quería compartir cuál era su experiencia y que él estaba contento en Estados Unidos.