Benjamín Naishtat: "Hoy es difícil hacer cine en Argentina"

by Gabriel Lerman July 10, 2019
Director Benjamin Naishtat

juan naharro gimenez/getty images

Su tercera película, Rojo, se llevó buena parte de los premios en la última edición del Festival de San Sebastián, en donde obtuvo Mejor fotografía, Mejor director y Mejor actor para Darío Grandinetti, premio que también recibió el notable intérprete en el último Festival de Guadalajara. Y ahora también se estrenará en Estados Unidos, este viernes en Nueva York y la semana siguiente en el Laemmle Royal de Los Ángeles. El filme que retrata los pequeños crímenes de ciertos civiles que aprovechaban el río revuelto de la dictadura militar que azotó a Argentina entre 1976 y 1983 completa su elenco con Andrea Frigerio, Diego Cremonesi, el chileno Alfredo Castro, Rudy Chernicoff y Laura Grandinetti, hija de Darío. Benjamin Naishtat, quien previamente había dirigido Historia del miedo y El movimiento, con la que ganó en Valdivia y Mar del Plata, dialogó con nosotros desde su Buenos Aires natal sobre esta historia con elementos policiales que acumuló 13 nominaciones a los premios Condor de Plata, los Oscar de Argentina, incluyendo Mejor película y Mejor director.

Naciste en 1986. ¿Qué fue lo que descubriste sobre la década del 70 haciendo Rojo?

Es una buena pregunta. Yo crecí con el bagaje que tiene todo el mundo, por lo menos dentro de cierta clase media urbana, donde hay un imaginario y un conocimiento de lo que fueron los '70, pero además vengo de una familia que tuvo que irse al exilio, que sufrió persecución, con lo cual era un tema muy presente también en el imaginario personal. Yo tenía un deseo de hacer algo con los 70 pero no tenía muy en claro qué. Y lo que descubrí empezando a investigar era algo bastante postergado de las causas y efectos de los 70 que es la sociedad civil, la clase media que atravesó la década sin mayores contratiempos. Lo que se encuentra analizando las crónicas policiales es que había crímenes comunes que se ocultaban como si fueran crímenes políticos. Hay toda una serie de cosas muy oscuras que no tienen que ver directamente con la represión sino con una gran mayoría silenciosa, como se la suele llamar, y que también era protagonista a su manera de lo que estaba pasando. Eso fue lo que yo descubrí con esta película y lo que me propuse retratar.

Una de las cosas más interesantes de tu película es que no solo recrea la década del 70 sino también la forma de filmar de la década del 70. ¿En qué medida eso fue un desafío y por qué lo quisiste hacer?

Se dio bastante orgánicamente, en el sentido de que a mí con cualquier proyecto me gusta mucho investigar a fondo. Me puse a ver mucho cine de la época y a escuchar música para entender la cultura y a esta gente que consumía entretenimiento en el medio de todo eso. Descubrir ese cine de género de los "70, y series de televisión que son antológicas. Películas como La conversación o Network de Lumet, o también Contacto en Francia, que siendo películas de género también toman temas políticos de fondo. Redescubriendo todas esas películas, profundizando esa cinefilia, dije como muy naturalmente que esto habría que filmarlo con esta gramática, que sería un ejercicio muy divertido y muy apasionante.

Darío Grandinetti sí vivió la década del '70. ¿Él te corrigió cosas a la hora de recrear?

No, porque llegamos a la instancia de preproducción con un trabajo muy riguroso hecho, donde participaron historiadores, artistas. Hubo gente que entrevisté y que involucré en el proyecto que aportaron muy sólidamente para que la película en ese sentido esté bien. Sí trabajamos con Darío corrigiendo textos o escenas; adecuando el guión y la dramaturgia a su paleta.

¿Cuándo la escribías, pensabas en cómo iban a entender todo este contexto histórico fuera de la Argentina o los espectadores que no pertenecen a esa generación?

No conscientemente, porque creo que si uno ya desde el vamos se preocupa, acaba haciendo unas concesiones con las que uno termina haciendo una película que no es para nadie. Con un tema así hay un riesgo, y de hecho cuando la película viaja es leída de formas distintas. Dicho eso, sí creo que está planteado dese el guión que la película coquetea mucho con el género policial, y eso tiene una cuota de universalidad. Como género policial trasciende fronteras y todo el mundo entiende que hay un crimen, un detective y una intriga, después, bueno, hay matices que son más o menos leídos.

¿Cómo fue trabajar con dos monstruos de la actuación como Darío Grandinetti y Alfredo Castro?

Es muy fácil trabajar con actores que tienen un oficio de cine, sobre todo en el caso de Darío. No es lo mismo que cualquier oficio actoral, un oficio de cine en el sentido de repetir las tomas iguales cuando hay que hacerlas igual, o puntualizar una variación sin cambiar nada más que lo que uno le pide. Es fácil y es rápido trabajar con alguien así. Yo quedé sorprendido, el equipo también. Él es muy trabajador, muy buen compañero con sus colegas actores. Alfredo Castro tiene otro perfil, él tiene toda una historia teatral que quizá no es tan conocida, y viene de otro tipo de aproximación mucho más física al trabajo actoral, pero también es fácil trabajar con él, porque tiene eso distinto a Darío pero también tiene que es muy creador de su personaje. Uno le propone algo y él te devuelve 10 veces más y siempre en la dirección correcta. Esa es la suerte de tener grandes actores. Limita mucho la preocupación de quien está dirigiendo, y te permite poner más el foco en cuestiones de puesta en escena.

En Rojo se dice una gran verdad y que es que la sociedad argentina fue cómplice de lo que estaba pasando y lo que estaba por pasar. ¿Cómo recibieron en Argentina a este mea culpa que hace la película?

La película en general fue bien recibida, estuvo mucho mejor de público de lo que podíamos soñar y en general la crítica la aceptó, pero sí hubo un crítico que sacó una nota que decía: “en esta película nos quieren acusar a todos, y en realidad no somos todos culpables de lo que fue”. Es tema de controversia. Incomoda mucho decir que a cada cual le corresponde su cuota de culpa cuando hay un genocidio o un episodio de esta naturaleza. También en Europa pasa lo mismo, haciendo una analogía con, por ejemplo, la Francia ocupada que es un tema totalmente tabú. A 70, 80 años, todavía es tabú el rol de las instituciones en lo que fue la ocupación ahí, y creo que a las sociedades les cuesta mucho asumir la dimensión del horror masivo.

A scene from "Rojo", 2019

Andrea Frigeri, Laura Grandinetti y Dario Grandinetti en una escena de Rojo.

 

Esta es tu tercer filme y a tus dos películas anteriores no les fue mal. ¿Cuán complicado es hacer cine en Argentina aún con cierto éxito?

Siempre es complicado. En todo el mundo; no vamos a decir que es solo acá. Este proyecto en particular era caro, porque aunque no sea una película grande, al ser de época la encarece muchísimo: Hacerla bien, como nos planteamos nosotros, que se vean todas las texturas de los vestuarios, los autos… realmente todo está bien en ese sentido y eso es muy costoso. Aparecen tres escenas que tienen 100 extras, significan 100 vestuarios, todo de época. Hubo que convencer a los socios extranjeros. Fue un año de paciencia y además hoy es difícil hacer cine en Argentina, porque es caro. Lo que sí está pasando es que hubo como un retroceso en lo que son las políticas públicas para la industria. Paradójicamente, en un momento en que vemos que hay una era de oro dentro de la industria audiovisual, a este gobierno se le escapó la tortuga en ese sentido de no ver que tenemos técnicos de altísimo nivel, actores, toda una industria que genera mucho valor agregado. Es un momento en que el mundo demanda contenido audiovisual. La verdad es que hubo muchos recortes, mucha barrera burocrática de la manera de acceder a los créditos para producción y está todo bastante parado acá.

Pero no todos los directores de Argentina tienen una agencia norteamericana que los representa. ¿Estás pensando hacer las valijas y venirte a filmar para acá?

No, no, hacer las valijas la verdad que no. Eso no lo considero. Hay estas nuevas formas en  las que hay de pronto oportunidades de trabajo a nivel latinoamericano que se deciden en Estados Unidos, y en ese sentido yo quiero estar atento a posibilidades de trabajo no solo acá, que por esas cosas tengo ahí una agencia pero no por el fin de ir. Voy a seguir filmando en castellano, eso seguro. Yo viví en Estados Unidos, estuve viviendo hace no tanto en Cambridge, con una beca, pero no es un país donde me gustaría vivir.

¿Cómo empezó esta aventura tuya con el cine?

Bastante naturalmente. Yo vengo mucho de la cultura del VHS. Muy del tipo que veía gran cantidad de videos. Me encantaba eso. A los 11 años me regalaron una cámara de video y empecé a filmar cortos, y la verdad nunca me fui de esa idea. Como que se me dio bastante racionalmente. Se puede decir en ese sentido que le di para adelante.

¿Cuán difícil te resultó convertirte en profesional una vez que terminaste tus estudios?

Muy difícil, porque sobre todo cuando uno termina de estudiar, la sensación es de que es imposible hacer una película,  sobre todo hacer la primera. Tuve la suerte de sacar una beca para irme a estudiar a Francia dos años, para hacer como un posgrado y ahí fue incorporando más herramientas formales y más ideas. Así empecé a escribir mi primera película. Hice un corto con esa beca que fue a Cannes y también me empezó a abrir puertas, y bueno, toda la rueda que hay que ir pasando para poder hacer una película.

¿Qué es lo que sigue para ti?

Estoy trabajando ya desde hace un tiempo en una adaptación de Los siete locos en clave contemporánea. Tengo hace ya un par de años este proyecto que es todo un desafío y, por ahora, seguramente sea la próxima película.

¿Cuál es tu relación con la película de Leopoldo Torre Nilsson?

Me encanta. Esa era del año 74 justamente, y si la ves ahora tiene toda una relación con el contexto de la época. Es muy interesante la lectura que hace él, Torre Nilsson, de la novela.

Si tuvieras que mencionar a 3 directores que te influenciarion, ¿a quienes elegirías?

Es difícil, porque siempre las listas a mí me cuestan. Pero te diría seguro uno Cassavetes. Lucrecia Martel me gusta mucho. Y hace no tanto descubrí profundamente a Bergman. Hay un montón, te digo tres porque es lo que me pediste, pero si puedo elegir llego a los 40...