Catalina Arroyave: "Hay un movimiento de cine de Medellín"

by Gabriel Lerman July 24, 2020
Filmmaker Catalina Arroyave

Andreas Rentz/Getty Images for ZFF

El estreno virtual de Los días de la ballena en Estados Unidos aún en medio de la pandemia es sin lugar a dudas un triunfo del cine colombiano, pero particularmente, una nueva proeza del debut como directora de Catalina Arroyave Restrepo. Es que este primer filme tuvo su premiere mundial en el Festival SXSW de Austin del año pasado, en donde recibió una mención especial del jurado, pasando también por Cartagena, Sao Paulo, Valladolid y el BAFICI con muy buena respuesta del público. Protagonizada por los debutantes Laura Tobón Ochoa y David Escallón Orrego como una joven pareja que dedica sus tiempos libres a pintar graffitis en las paredes de Medellín, Los días de la ballena cuenta lo que ocurre cuando deciden cubrir con un graffiti una amenaza que ha pintado en una pared un grupo criminal. Hablamos con Catalina en su Medellín natal, en donde ya trabaja en una nueva película que se titulará El reino.

¿Qué significa para ti que Los días de la ballena se estrene en Estados Unidos, aún en estos momentos en que seguramente será virtual pero que no deja de ser el lanzamiento de una película colombiana en el difícil mercado norteamericano?

Justamente porque estamos en medio de una pandemia y esto era un escenario improbable es que yo me siento muy emocionada, estoy feliz. Nosotros tuvimos nuestro estreno mundial en South by Southwest y los teatros en Estados Unidos la recibieron de manera hermosa, ganamos una mención de honor en el mencionado festival. Regresar a las salas de este país para mí es muy emocionante, y además creo que el público latino de Norteamérica se puede conectar con la película, recordar también sus propias ciudades, entonces es como una emoción gigante y un honor que hayamos podido lograr este estreno.

Ahora mi impresión es que para ti ha sido como una maratón que has tenido que correr desde el momento que empezaste a trabajar en la historia allá por el 2014. ¿Es así, hay como una sensación de haber logrado algo que era muy difícil originariamente?

Totalmente, tu impresión es absolutamente cierta, no tengo la sensación de haber corrido una maratón si no de haber escalado el Everest. La verdad es que fue complejo hacer la película. Yo empecé a escribir la historia en el 2014 pero en realidad el sueño de hacerla empieza en el 2010 cuando me junto con amigos y hacemos un colectivo que se llamaba Rara y empezamos a trabajar para hacer películas pero recién después de 10 años logramos estrenar Los días de la ballena, así que tiene mucho de maratón. Nos ganamos toda la financiación de la cinta en fondos públicos concursando contra muchos otros proyectos para poderlo lograr, también teniendo alianzas con pequeñas empresas de Colombia. Así que fue un proceso lento de ir ganando cada cosa, de ir encontrando la manera de conseguir la post producción, el color, la música, todo como grano a grano, entonces si hay como una sensación de triunfo y que se siente todavía más al estrenarlo en Estados Unidos.

Después de todo lo que has pasado, si tuvieras que escribir hoy la película, ¿la harías igual?

(Risas) Yo creo que cuando uno hace una película obviamente aprende muchas cosas. Hay también un aprendizaje muy fuerte para mí en términos de qué es escribir un guion y como se transforma eso en el rodaje y en el montaje. Siento que nuestra película fue creciendo en la medida que la fuimos haciendo. No sé si la escribiría igual porque cuando la empecé a escribir creo que era una persona y ahora soy otra pero si conservaría el espíritu que hay ahí tal cual. Sigue siendo una película con la que me siento muy representada.

La película tiene muchos exteriores. ¿Cuán complejo fue filmarla?

No solamente muchos exteriores, si no que muchos exteriores nocturnos. Eso era complejo, tuvimos que pedir todos los permisos a la ciudad. Además nosotros vivimos en un clima tropical en donde no se sabe nunca si va a llover o no. Tuvimos que lidiar mucho con el clima porque muchas cosas sucedían afuera, sobre todo en espacios públicos como avenidas, puentes y entonces lidiar con la calle era como un gran reto, pero la película se trata de eso, de dejar huellas en la ciudad que son todos esos espacios que eran necesarios e indispensables. Fue difícil pero era lo que el largometraje nos pedía. 

¿Cómo fue crear todos estos murales tan bonitos para la película y al mismo tiempo que tuvieran un desarrollo cinematográfico mientras los estaban haciendo?

Investigué mucho, hice muchas entrevistas con muchos grafiteros, de hecho uno de mis mejores amigos lo es y gracias a él yo fui encontrando la película, conociendo a los artistas más representativos de la ciudad. La paleta de colores de la película nace de un análisis que hacemos nosotros de ver cuáles eran los colores que estaban más marcados en la misma paleta de los grafiteros en la ciudad y de los artistas urbanos y traducir todo eso al lenguaje cinematográfico me resultó muy bello porque no se piensa que detrás de un grafiti que tú ves en la calle hay tanto trabajo. Hay bocetos, materiales que conseguir, la dedicación y la minuciosidad con la que se hacen. Me resulta fascinante y eso está puesto en la película, hicimos más de 25 intervenciones en las calles. Pintamos muchos murales. Yo quería que la ciudad se manifestara visualmente.

¿Cómo diste con tus protagonistas y cómo fue el trabajo para crear los personajes?

Los dos protagonistas nunca habían actuado en su vida. Todos los jóvenes de la película en realidad no son actores. Laura (Tobón Ochoa) es guionista y David (Escallón Orrego) es músico, ninguno de los dos eran grafiteros así que hicimos un proceso de 3 o 4 meses en los que trabajamos arduamente para que ellos pudieran construir estos personajes y que además aprendieran todo el universo complejo de la pintura. Nosotros hicimos un casting de actores y de no actores de más o menos 3 meses porque para mí una de las cosas más importantes era encontrar a la gente que pudiera actuar esto que había escrito y cuando los conocí supe que tenían el espíritu de lo que yo estaba buscando.

A scene from "Days of the Whale", 2019

Una escena de Los días de la ballena.

outsider pictures

 

¿Y en el caso de Christian Tappan, necesitabas a alguien con esa trayectoria para empujar al proyecto?

Ocurrió que yo tuve la gran fortuna de que Laura Mora, que es la directora de la película colombiana Matar a Jesús, fue como una especie de madrina. Ella me ayudó mucho a conseguir las cosas que se necesitaban, a gestionar un par de locaciones y fue mediante ella que llegué hasta Christian porque habían trabajado juntos hacía un tiempo, en El patrón del mal. Nosotros queríamos tener un actor justo para ese papel por varias razones, especialmente porque en esta historia el papá para mí era muy importante y en el casting que había hecho con los actores locales no había encontrado a alguien adecuado y además sentíamos que un hombre así podía potenciar el proyecto. Laura me lo recomendó mucho, nos insistió con que lo llamáramos y luego cuando conversamos con él, supe que era el indicado para este personaje pero fue tremendo porque Christian estaba trabajando en una serie y antes de llegar a rodar con nosotros pudimos estar muy poquito tiempo con él, apenas una semana, mientras que con los demás actores habíamos tenido procesos de más de tres meses.

Cuando pones a un actor como Christian y a una debutante como Laura Tobón Ochoa, ¿cómo haces para que como directora haya un equilibrio y trabajen al mismo nivel?

Eso fue muy difícil, una de las cosas más complicadas, porque utilicé métodos diferentes. A Christian le había dado el guion, él se sabía los textos, mientras que Laura nunca lo vio así que con ella llegamos a las escenas a través de la improvisación. Eso fue bien complejo porque como ella nunca vio el texto escrito había una posibilidad de jugar mientras que a él le tocaba hacer un esfuerzo tremendo para fluir en esa misma naturalidad. Eso fue muy bonito y habla de su generosidad porque Christian se entregó a ese reto que significó que su compañera no le iba a dar ningún pie, que no le iba a decir un texto exacto sino que iba a ir jugando con eso y él también se fue encontrando con la libertad de poder cambiar ciertas cosas. Eso para mi como directora fue importante porque yo finalmente escribí un guion que en algunas escenas tenía que ser muy rígido porque era crucial que lo fuera pero en otros momentos a mí me gustaba que el actor se pudiera expresar.

¿Crees que hay un movimiento femenino colombiano en el cine o que es simplemente una casualidad que estén tú, Laura Mora y Cristina Gallego?      

Yo creo que definitivamente hay un movimiento. Yo lo sentí acá en la ciudad de Medellín, abierta y explícitamente.  Laura entró a ayudarme a conseguir muchas de las cosas que se necesitaron para la película, nos abrió las puertas de su casa para fortalecer nuestro proyecto. Yo siento que esa voluntad que hubo en ella también existe en otras directoras y productoras a nivel nacional como Diana Bustamante, que con sus películas ha llegado a los festivales más importantes del mundo además de ganarse junto con César Acevedo la Cámara de Oro en el Festival de Cannes por La tierra y la sombra, Cristina Gallego por supuesto que también es una directora y productora que apoya a muchas mujeres en la industria entonces siento que, más que nada, hay una nueva conciencia de que nuestras voces no sólo son fundamentales sino que además hay que ayudarlas para que en red sean más fuertes y mejore el trabajo que hagamos.

¿Se puede hablar de un cine de Medellín?       

Me gustaría, me parece que sería interesante pero ahora hay bastante movimiento en términos cinematográficos acá en Medellín, a pesar de que todo el mundo tiene búsquedas cinematográficas muy diferentes. Si me parece que esa noción de crecimiento colectivo se ha ido volviendo muy fuerte y no solamente con mujeres directoras sino también que hay un movimiento para fortalecer esas iniciativas de colectivos que vienen trabajando hace mucho tiempo así que ya hemos entendido que si yo te ayudo a hacer tu película, tú me ayudas con la mía y si nos ayudamos entre todos vamos a hacer que esto se haga más fácil, más grande y mejor, entonces si se podría hablar de un movimiento de cine de Medellín.

Medellín es una ciudad hermosa pero gracias a Pablo Escobar, uno inmediatamente la vincula con el narcotráfico y el crimen. ¿Tú crees que esa imagen que tiene Medellín es algo que hay que romper?

Yo creo que hay que ampliar la narración porque me parece que es una ciudad con muchas aristas y un poco esa manera encasillada de ver la ciudad tiene que ver con este personaje que ha ocasionado un fenómeno, porque definitivamente es muy poderoso y eso hace que tenga como una especie de magnetismo, pero lo que me parece, y eso sí creo que es necesario, que empecemos a entender que la ciudad no es solamente él y lo que ocasionó. Evidentemente hay una herida muy profunda y una herencia que él nos ha dejado que de ninguna manera se ha superado en la ciudad y de hecho creo que todavía nos hace falta contarlo de muchas otras maneras, pero también me parece que es el momento de entender que hay muchas otras cosas, historias, intimidades, tipos de personas que no necesariamente son atravesadas ni por la violencia ni por el crimen que tengan que ver con él, entonces sí creo que hay que empezar tal vez a ampliar esa mirada, entender que no sólo somos eso, a pesar de que también somos eso.