César Charlone: "Soy bastante selectivo en los proyectos que elijo"

by Gabriel Lerman January 13, 2020
DP Cesar Charlone

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Es el director de fotografía uruguayo que lleva más tiempo trabajando para Hollywood, aunque sólo lo haga en forma circunstancial. César Charlone lleva muchos años trabajando en Brasil, adonde llegó para estudiar cine y de donde no se piensa marchar. En los hechos, ha sido el director de la exitosa serie brasileña 3 % de Netflix, y también tiene su corazón puesto en Uruguay, en donde ha dirigido sus dos largometrajes, El baño del papa en 2007 y La redota: una historia de Artigas en 2011. Nominado al Oscar por su labor en Ciudad de Dios en 2004, Charlone ha resistido los esfuerzos de la meca del cine por convocarlo y sólo ha aceptado participar en nuevos proyectos de Fernando Meirelles, The Constant Gardener, por la que fue nominado al BAFTA, y Blindness, que filmó mayoritariamente en Uruguay. Tras ser el DP en American Made, la película de Doug Liman en que filmó a Tom Cruise mientras piloteaba aviones, Charlone ha vuelto a ser noticia por su impecable trabajo en The Two Popes, que tras obtener 4 nominaciones a los Globos de Oro sigue su camino en la competencia por el Oscar.

¿Filmar The Two Popes fue como hacer dos películas, una sobre el papado actual y otra con los flashbacks?

En ese sentido sí, pero uno en el cine tiene esas situaciones en que siente que el guión le propone un flashback y se programa, pero cuando estás filmando los flashbacks de igual manera te imaginás que es parte de un flashback que ellos lo están haciendo en la Capilla Sixtina, entonces te transportás. Te confieso que nunca tuve la sensación de dos películas pero si me lo pienso como me lo decís, tenés razón. Yo estaba con otro equipo, en otras situaciones, en la Argentina, hablando otro idioma, y después estaba en Italia hablando en inglés, tenés razón en ese sentido. No lo había pensado pero sí, es verdad.

Desde el punto de vista de la imagen, también hay un gran contrapunto entre esos dos mundos.

Ah, sí, la idea era que el material flashback argentino como premisa se pareciera al material de archivo que la producción me estaba dando. Había material original de Videla, y yo tenía que empatar con eso, y aparte proponer que lo que yo hiciera compaginara bien, que tuviera una unidad cromática y visual y de tratamiento. Todo el flashback fue tratado aproximándose al material de archivo y tratando de tener una personalidad que contrastara con lo otro que era mucho más luminoso.

¿Por qué le parece importante que hubiera una mirada sudamericana en esta historia?

Y, porque es un papa sudamericano. Como dijo él lo fueron a buscar al c.. del mundo. No lo dijo, pero quiso decir eso en el primer discurso, cuando dice “mis hermanos cardenales fueron a buscarme al fine del mondo”, en porteño está diciendo “me buscaron en el culo del mundo”. Creo que por eso, como tenía toda esa connotación sub-latinoamericana, buscaron a Fernando y por eso Fernando generosamente me llamó, y a Fernando Stutz el montador, se rodeó de gente con la cual ya había trabajado y le tenía confianza y se sentía cómodo.

Explíqueme cómo es esa relación con Fernando y cómo fue cambiando con los años. Imagino que de Ciudad de Dios a esta parte debe haber algo diferente, ¿o es igual?

Lo que es diferente es el proyecto. Cada proyecto tiene sus características y lo vamos a abordar diferente. Estamos más viejos, hemos cambiado un montón de cosas. Yo no llego a identificar exactamente qué, pero tenemos un método muy riguroso de preparación, pasamos semanas y semanas leyendo el guión, viendo referencias, preparándolo, porque sabemos que ese es el momento barato de la película, y sabemos cual el momento caro es el rodaje, entonces no queremos estar buscando e improvisando y discutiendo en el rodaje. Preparamos muchísimo antes, hacemos pruebas. En esta película hicimos una cosa muy divertida que fue, como estos dos personajes tenían páginas y páginas de diálogo, y no queríamos estar buscando con ellos la posición, un poco para respetarles su edad también, como en el jardín no queríamos estar de aquí para allá, nos fuimos a ese jardín con nuestro celular, que tiene una aplicación que da los lentes cinematográficos que vas a usar, y entonces yo le pedí a la producción que me diera una sotana negra y una sotana blanca y las puse en una percha, en un trípode, entonces tenía el tamaño del personaje y la producción le agregó, muy curiosamente, un recorte de cartón con una foto de Jonathan Pryce y el otro con una foto de Anthony Hopkins, entonces tenía como dos maniquíes, por así decirlo, que fuimos moviendo en esa locación y yo fui sacando fotos y diciendo: aquí se encuentran, aquí conversan esta frase, aquí conversan esta otra, entonces pasamos un día haciendo eso, después lo bajamos a tierra y decidimos cuáles nos gustaban más, y después con eso fuimos al set. Fue todo más preciso en la filmación de ese diálogo con ellos, no hubo nada de improvisación. Y esa es una característica nuestra: agotamos todo lo que podamos de prueba, yo filmo inclusive con la cámara con la que voy a filmar la película, entonces cuando llegamos al rodaje es dedicado cien por ciento a los actores y no hay ningún desgaste de buscar cosas técnicas. Eso es una cosa muy característica de nuestra relación. Cuando hicimos Ciudad de Dios ya teníamos siete u ocho años de trabajar juntos en comerciales, entonces transferimos ese formato que teníamos de trabajar en los comerciales al cine, y lo seguimos haciendo así. Tiene mucho que ver con ese “trabajo de mesa” que hacemos.

DP Cesar Charlone

César Charlone durante el rodaje de The Two Popes.

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¿Qué tal le salía el español a Jonathan Pryce? Sé que filmó un montón de escenas en español y después lo doblaron.

Él tenía un acento muy cargado pero fue muy riguroso, estudió español, estudió aproximar lo máximo la pronunciación, tenía un coach que lo acompañaba todo el tiempo para esto. En algunos parlamentos muy largos como como por ejemplo el discurso cuando él asume, son con Teleprompter. Pero el diálogo cuando él habla con la asistente cuando él sale del peluquero y eso, todo era él mismo y en español perfecto.

Hace poco usted participó de una rueda de directores de fotografía que organizó The Hollywood Reporter. Allí 3 de los 6 eran latinoamericanos. ¿A usted le parece una casualidad esto?

¡Un orgullo! Me encantó eso, y la ventaja en la cuestión de género: una era una mujer. Eso fue lo que más me enorgulleció. Creo que estamos resolviendo bien el tema del género acá en América Latina.

¿Pero es una casualidad o es el reflejo del nivel que tiene la fotografía en el cine en América Latina?

En este caso es una casualidad, sí, pero de hecho coincido contigo que estamos haciendo las cosas muy bien. Está Roma, del año pasado, que no me deja mentir. Estamos creciendo, estamos haciendo las cosas bien y nuestro cine está siendo reconocido, y nuestros profesionales también.

Usted ha trabajado muchísimo en proyectos internacionales con Fernando, y después ha hecho American Made con Tom Cruise pero me da la sensación que ha preferido quedarse en Brasil a mudarse a Estados Unidos. ¿Es así, le han insistido para que se venga, o es que todavía no se enteraron?

Cuando surgió el fenómeno Ciudad de Dios, que nos cambió la vida, nos proponían mudarnos a Los Ángeles, a hacer carrera. Ciudad de Dios fue un tsunami en nuestras vidas, en la de Fernando, en la de Daniel el montador, y a mí enseguida me aparecieron proyectos: me llamaron Tony Scott, Spike Lee, Sean Penn. Pero yo ya hice una movida importante que fue irme de Uruguay a Brasil, y eso tuvo un costo importante en mi vida, entonces no quería hacer otra movida de ésas. Por otro lado, esa película con Tom Cruise yo la hice porque tenía que ver con nuestra historia, porque tiene una parte latinoamericana, porque tiene que ver con todo lo que es la política de Reagan para América Latina, entonces me interesaba el proyecto. Yo soy bastante selectivo en los proyectos que elijo, prefiero que tenga alguna contribución socio-política, que tenga algún “mensaje”. No me vas a ver haciendo una comedia para adolescentes ni un film de entretenimiento, de aventuras. En general me vas a ver haciendo cosas que tengan alguna proyección o cuestionamiento o cosa social. Entonces opté por quedarme por estos territorios y sí aceptar proyectos como ése, me llaman, hago la película con Tom Cruise, vivo 6, 7 meses en Atlanta, donde toque filmar, y después me vuelvo para mi entorno, para mi familia, para mi trabajo aquí, mi militancia, mis cosas. Yo colaboro con las campañas políticas de los partidos en los que creo, entonces me gusta estar cerca de acá.

Usted siempre encuentra la manera de llevar las grandes producciones a filmar a Uruguay. Sé que fueron a filmar una escena de ésta, y obviamente Blindness, de la que se hizo bastante en Montevideo. ¿Cómo es ir a filmar ahí con una gran producción?

Bárbaro. En Blindness estaba conviviendo con Julianne Moore: una convivencia en el set, hacer la cola de la comida y comer juntos. Se empieza a crear una especie de amistad, de compañerismo, y de repente vamos a Uruguay y ella me dice “¡Ay César, qué maravilla tu país, qué lindo, qué lindas playas! Yo voy a venir”. Y Mark Ruffalo me dijo: “Yo me voy a comprar una estancia aquí, para jubilarme”. Y eso te da un orgullo bárbaro, que reconozcan a tu país, a tu región. Es un poco lo que querías cuando llevaste la producción para allá: tratar de “vender el pescado”.

Con respecto a la película con Tom Cruise, ¿cómo fue filmar a un protagonista que pilotea sus aviones? ¿Cómo fue esa parte del rodaje?

Fue alucinante. Él es un enamorado de su trabajo y lo hace con una dedicación y una pasión… El día que yo lo conocí, como dos meses antes de empezar a filmar la película, él llegó en su jet particular a un aeropuertito de Atlanta, se bajó, saludó a los que estábamos ahí —muy generoso, él es un fanático de Ciudad de Dios y estaba muy feliz de que yo fuera a hacer el proyecto—, y ya de cajón nos subimos a la avioneta monomotor que iba a ser un poco la protagonista de la película, y él ya salió a hacer un primer entrenamiento y yo con mi camarita, que siempre ando con ella, y ya lo fui filmando y entendiendo cómo iba a ser. Sí estaba obligado a llevar un piloto con más horas de vuelo que él en el asiento del acompañante ante cualquier emergencia, pero el que piloteaba el avión era él. Después lo acompañé pilotando un Hércules, también, y fue alucinante. Lo que tiene la aviación, y que es muy curioso, es que uno, acostumbrado a andar en auto, se da cuenta cuando corre peligro, y en el avión no. Una cosas que me asustaron, unos movimientos, unas zambullidas, yo me c... hasta los pelos y ellos se reían, y de repente en un momento nos pasó una cosa que yo no me di cuenta, que yo no sentí nada, y después cuando bajamos me dice “¿Viste lo que nos pasó?”, yo le digo “¿Qué?”, y me dice "casi nos matamos". Y yo no me di cuenta, es como otra lógica, otro comportamiento...