Chino Darín: "El contexto es algo que nos afecta a todos"

by Gabriel Lerman November 6, 2018
Actor Chino Darín

pascal le segreatin/getty images

Tuvo que cambiar su nombre profesional porque ya había otro Ricardo Darín que se había consagrado como actor, el que además es su padre, sin imaginar que llegaría un momento en que su propia fama superaría la que tuvo el protagonista de El secreto de sus ojos cuando tenía su edad. A los 29 años, Chino Darín disfruta de una asombrosa carrera internacional que este año le ha dejado 4 estrenos, 2 de ellos en España, Las leyes de la termodinámica y la inminente Durante la tormenta, así como las películas que representarán en el Oscar a Argentina y Uruguay, respectivamente: El ángel y La noche de 12 años. En la primera, que llega esta semana a los cines de EE.UU, interpreta al mejor amigo de Carlos Robledo Puch, el asesino serial más famoso de Argentina, que es quien lo introduce en el mundo del crímen. En la segunda, que Netflix subirá a su plataforma para los hogares norteamericanos en diciembre, Chino revive para la pantalla a Mauricio Rosencof, un dirigente tupamaro que tuvo que pasar en aislamiento absoluto 12 años de su vida durante la dictadura militar, cerca de donde experimentaba lo mismo quien luego se convertiría en presidente de Uruguay, José "Pepe" Mujica.

Hay un contrapunto muy interesante entre los personajes que interpretas en El ángel y La noche de los 12 años y porque más allá de la mirada que tiene cada director, en las historias reales eran personas que estaban en puntos opuestos de la sociedad.

Totalmente. Mauricio Rosencof en La noche de 12 años es un tipo muy comprometido con la realidad social y política del momento y sus ideales, es un tipo que tiene un norte, con toda la conciencia de lo que está pasando, sufriéndolo y viviéndolo en carne propia. El caso de Ramón Peralta en El Ángel es diametralmente opuesto, es un tipo mucho más superficial, el sentido de su vida está puesto en un resultado inmediato de las situaciones que le tocan vivir, carece de ese norte, no tiene una conciencia de lo que está pasando, de hecho casi te diría que carece de conciencia sobre sus propios actos y eso ya lo pone en la vereda de enfrente. No nos olvidemos que Mauricio en particular pero todos los personajes de La noche de 12 años tienen un nivel de aceptación con lo que hicieron, con lo que les toca vivir y con el contexto que es casi ejemplar, más allá de que estés de acuerdo o no, la forma de vivirlo y de asumir las consecuencias de la época en la que viven y de sus propias acciones es increíble, en cambio estos otros tipos están tratando de ver dónde sacan ventaja en el día a día, en la búsqueda constante de algo que les de sentido a sus vidas porque están vacíos.

Y desde el lugar del actor, ¿Cómo es interpretar a uno y al otro?   

El que no tiene límites es como interpretar a un villano. Nos permite jugar con nuestros propios terrenos prohibidos personales, ahondar en ciertas oscuridades, de alguna forma en los confines de lo ético y el otro es un personaje que tiene un compromiso mucho mayor con lo que pasó. De todas maneras también por eso destacaba al principio el rol de los directores, tiene que ver con el tipo de historia que estamos contando y con el objetivo que tenga cada uno en ese tránsito, me parece que Luis quita todo el compromiso de la historia real para hacerla propia. En definitiva nos incentivó a jugar y a crear nuestros propios personajes y a revestirlos de una sensualidad que tiene más que ver con el cine de los años 70 y Álvaro fue por el camino contrario. Nos permitió tratar de experimentar lo que vivieron estos tipos adentro de esos calabozos salvando las distancias por supuesto, es incomparable la situación de un actor en un rodaje con lo que ellos vivieron durante 12 años pero el trabajo fue tratar de defender a ese inframundo y de vivirlo aunque sea un poquito en carne propia. En el caso de El ángel todo era juego, todo era esta sensación de qué tampoco nada tenía consecuencias, incluso dentro del rodaje, no había nada que estuviera bien o mal.

En el caso de El ángel te tocó la experiencia inusual de tener que compartir todas tus escenas con alguien que no era actor. ¿Cómo fue la experiencia de ayudarlo a experimentar con lo que ya estás tan acostumbrado?

Mira, es raro porque comenzamos la entrevista hablando de estos dos proyectos en particular y de alguna forma yo los siento muy conectados en lo personal como actor el uno con el otro porque nosotros filmamos primero La noche de 12 años y yo salí de todo ese proceso probablemente enriquecido como actor pero personalmente devastado. Fue un proceso muy duro, muy demandante, muy poco agradecido la verdad, salvo ahora que tenemos mucha distancia con el proyecto y empezamos a poder mostrarlo y viene todo lo que conlleva el contacto del público con el material pero en el momento fue realmente para mí muy sufrido. Salí de ahí con los ánimos por el piso y con muy pocas ganas de seguir trabajando como actor, con la necesidad de tomarme un gran respiro y tiempo de reflexión para decidir qué hacer con mi vida. Es una película que te pone en un lugar que te hace comparar y reflexionar sobre muchos aspectos y El ángel me llegó como calzador justo después de este proyecto, era un proyecto con el que Luis venía dando vueltas desde hacía tiempo y no teníamos fecha y justo vino a caer después de La noche de 12 años. Yo tenía cero ganas de trabajar, por supuesto que lo hice porque no pensaba perderme la oportunidad de trabajar con Luis Ortega de nuevo, la historia me parecía impresionante, pero personalmente estaba muy desmotivado. Fue muy bueno haberlo conocido a Toto en el medio de este proceso y encontrar en un pibe de 18 años el entusiasmo que yo acababa de perder. Para mí fue como una bendición y vino a rescatarme de las profundidades del oficio. Transité todo el rodaje de la mano de un pibe que veía el mundo del cine y también la vida con ojos de estreno. Eso me llenó de energía, de ganas, de entusiasmo. Les agradezco muchísimo a Luis y a Toto el  haber vivido esta aventura con ellos porque la verdad es que fue un rodaje muy disfrutable desde un primer momento.

A scene from: "El angel"

Con Lorenzo Ferro en una escena de El ángel.

the orchard

¿Trabajar en estas películas te permitió valorar más el hogar en el que te tocó nacer?

El contexto es algo que nos afecta a todos: el lugar donde fuimos criados, la historia que hayamos atravesado, las experiencias vividas, aprendidas o no, todo eso nos va moldeando como la persona que somos. En el caso de Ramón Peralta evidentemente es algo que casi por inercia él hereda y se mete por faltarle creo yo recursos para hacer algo propio. Tampoco siento que él se sienta ahí en su salsa. De hecho construimos este personaje como un tipo que está buscando un reconocimiento que no tiene, cuando el Ángel cae en esa casa da la sensación de qué al padre se le cae la baba y sin embargo con él nunca le pasó, por más esfuerzos que hiciera y eso lo lleva también a querer ser famoso, como si la fama fuese la realización automática de la vida. En el caso de Mauricio Rosencof es casi todo lo contrario, es un contexto que le juega completamente en contra de los ideales que él tiene y sin embargo está dispuesto a luchar, a sufrir y a sacrificarse por algo mayor que él mismo. Me parece que de alguna forma son casi las dos opciones viables en cualquier vida. Te crías en un contexto que adoptás o te dejás ir o te revelás en contra de eso y eso va a ir moldeando quien sos desde temprana edad. En mi caso en particular tuve la idea de revelarme y de estudiar ingeniería y de ir por otros caminos pero sin embargo después terminé sucumbiendo ante la tentación familiar. Cuando uno se cría en un contexto tan intenso como el que a mí me tocó, conocés más en profundidad ese oficio que otros. Si te atrae te genera más intriga y querés indagar más, querés continuar el camino que te guía, o todo lo contrario, te genera rechazo e identificas qué no es algo que vaya en sintonía con vos y pegas media vuelta y vas contra viento y marea en el camino contrario. Me parece que casi que no hay opciones intermedias.

Me parece que en tu caso terminaste aceptando muy temprano que había un camino por el lado de la actuación, ¿cómo fue esa lucha interna?

Fue siempre en términos de la prueba y el error, de la experimentación, de poner todo en duda. Nunca tuve la convicción de decir “esto lo mío y voy por acá” hasta hace muy poco y te diría que ni siquiera es una convicción, es una puesta a prueba permanente. En mi caso, mis primeros pasos fueron mientras estudiaba dirección de cine. Elegí esa carrera cuando terminé el secundario porque de alguna forma sentía que era la forma de estudiar algo más o menos formal sin irme a la ingeniería, que era la primera opción, pero a la vez ligado con algo que yo conocía, que es en la actuación. Sempre fui muy cinéfilo. Había empezado a estudiar teatro como algo paralelo y sumamente experimental por darle una oportunidad a algo que sentía que me pasaba adentro que hasta ahí lo venía negando o no quería verlo y sin embargo se me fue abriendo ese camino casi solo te diría. Empecé como pisando cáscaras de huevo, me daba la sensación de que a pesar de que era algo que me gustaba y que me atraía entendía la mirada externa, del tercero, porque la sentía indefectiblemente en mi propia familia. Mi padre es hijo de dos actores entonces hay algo cíclico ahí pero conociendo un poco a lo que me iba a tocar enfrentarme traté de hacerlo de la forma más cauta y silenciosa posible hasta que llegó un momento en que empecé a trabajar profesionalmente y tuve que dar el paso de ir a un casting, pero fue todo muy paulatino e incluso bien entrado en rodajes siempre tuve mis dudas . Este oficio es algo en que lo cíclico está en su naturaleza entonces te vas encontrando siempre con oportunidades de replanteártelo, habrá quienes se quedan ahí en el alambrado y habrá quienes deciden continuar. A mí me fue costando pero siempre afortunadamente decidí dar un paso más.