Cine al Fresco: "American Graffiti", 1973

by Paz Mata July 20, 2020
A scene from "American Graffiti", 1973

universal pictures

¿Dónde estabas en 1962?, preguntaba George Lucas en el poster de American Graffiti.

American Graffit se estrenó, hace justo 47 años, en un momento en el que la sociedad norteamericana desconfiaba de la gestión de sus gobernantes. El entonces presidente del gobierno, Richard Nixon, se vio obligado a renunciar de su cargo, tras el escándalo Watergate (1973-74). Once años antes, las cosas no eran muy diferentes. A la crisis de los misiles y el recrudecimiento de la Guerra Fría, siguió el asesinato de Kennedy, y Vietnam se había convertido en la peor pesadilla norteamericana.  1962 fue el año del fin de la adolescencia para los estadounidenses, pero en ese verano imperó la alegría, los bailes en el instituto, las noches en busca de acción, las chicas (la mayoría rubias) dispuestas a pasarlo bien, los chicos, a seducirlas con sus flamantes coches de brillantes carrocerías, en los que se reflejaban las luces de neón. Eran noches de carreras ilegales y también de cenas en los drive-in y cine al aire libre. 

Parece ser que la idea de esta película nació después del fracaso de taquilla que supuso para George Lucas su primera película, THX 1138, una incomprendida y poco comprensible historia que produjo su amigo, el cineasta Francis Ford Coppola. Coppola retó a su amigo a escribir algo que no fuera ciencia ficción.  Lucas aceptó el reto cambiando de registros y rodando una película que reflejara su juventud.

Para ello, contactó con Gloria Katz y Willard Huyck, a los que pidió escribieran un guión, con esta temática como base.  En principio el director prefirió quedarse al margen del guión. El primer borrador recorrió los despachos de los estudios de Hollywood siendo rechazado una y otra vez.  Tras agotar el dinero y no teniendo material con el que trabajar, Lucas hizo lo único posible: encerrarse durante dos semanas y escribir él mismo un guión, o al menos un buen borrador, a partir del que habían escrito Katz y Huyck, que plasmara las ideas que bullían dentro de su cabeza.

Naturalmente, un guión solamente no garantizaba la financiación. Los estudios exigían un nombre famoso que le diera soporte al producto. Lucas lo encontró en su amigo Coppola, que acababa de rodar The Godfather y en ese momento su posición en Hollywood era la opuesta a la de su amigo.  Con un guión en mano, un presupuesto de 600 mil dólares, de los cuales 175 mil salieron del bolsillo de Coppola, convirtiéndose así en su productor,  Universal dió luz verde al rodaje.

American Graffiti marcaría un antes y un después en el cine juvenil americano. Ambientada en la localidad natal de George Lucas, Modesto (California), el último día de verano de 1962, el film retrataba las diferentes personalidades, sueños, metas, dudas y conflictos de un grupo de chicos y chicas que pronto deberían abandonar sus vaivenes de adolescencia, sus salidas nocturnas y sus carreras de coches para emprender el largo camino de la vida de adultos. Steve (Ron Howard) tiene claro que quiere ir a la universidad y distanciarse un poco de su novia Laurie (Cindy Williams), Curt (Richard Dreyfuss) es el más reticente a dejar el pueblo, aunque sea el que demuestre tener más talento y ambiciones (entre ellas, estrechar un día la mano del presidente Kennedy). Por otra parte, Terry «el Tigre» (Charles Martin Smith) solo parece pensar en dejar atrás una virginidad que le pesa como una losa.

En todo caso, el personaje más emblemático de American Graffiti es, sin lugar a dudas, John Milner (el hasta entonces desconocido Paul Le Mat), un clásico roquero que, además, es la leyenda local de las carreras de coches ilegales. Milner, a pesar de dárselas de tipo duro, es consciente de que su tiempo se acaba, al igual que su tuneado Ford Coupé de 1936. Aunque, eso sí, todavía es capaz de ganarle en la carrera de coches a un Harrison Ford al que aún le falta un largo trecho para convertirse en Han Solo. 

Todo en la cinta, desde los personajes hasta la ambientación, tenía una base real. Y es que esa noche de agosto de 1962 que se narra en la película, era una noche como otras muchas que había vivido su director en la pequeña población en la que residió durante su adolescencia. Había conocido pandilleros, visto carreras ilegales de coches, cenado en drive-in y asistido a bailes de graduación. Lucas tenía grabado todos esos momentos en su retina y quiso plasmarlos en el celuloide. Y este fue uno de los puntos fuerte de esta película.

Como suele ser habitual en producciones de directores noveles o (como era el caso) semidesconocidos, el reparto no suele estar compuesto precisamente por una constelación de estrellas. En 1972 los nombres de Richard Dreyfuss, Ron Howard o Harrison Ford, no le decían mucho a nadie. De hecho Ford, en un making of de la película, bromeaba diciendo que dio el salto al mundo de la interpretación abandonando una prometedora carrera en…….. la carpintería!!!!!! No hubo, pues, estrellas en American Graffiti, lo que hizo que el director y su equipo se decidieran por jóvenes en los que vieran algo que les pudiera encajar en la historia. Los aspirantes tuvieron que pasar por pruebas y audiciones, incluso algunos acudieron al casting casi por casualidad. 

Como curiosidad cabe apuntar que McKenzie Philips, que interpreta a Carol, la novia de uno de los protagonistas, era la hija de John Philips, el cantante de los célebres The Mamas & The Papas.  El único que se interpretó así mismo fue Wolfman Jack, un célebre DJ con una muy particular voz, que emitía rock, country, soul, blues y doo-wop y aderezaba sus intervenciones radiofónicas y la presentación de las canciones emitidas, con pequeños sketches humorísticos o contestando en directo a llamadas telefónicas que sus oyentes hacían a la emisora.

La música fue el otro gran acierto del film. La clave en American Graffiti  está en como se insertó en la historia para reforzarla y darle mayor emoción. ¿Qué suena durante esa noche especial de agosto de 1962? Pues un importante muestrario de la mejor música compuesta y grabada en el siglo XX. Ya desde los títulos de crédito iniciales, al ritmo de “Rock around The Clock”, de Bill Halley & The Comets, que enlaza con “Sixteen Candles”, de The Crests, se puede percibir que durante los 100 minutos siguientes, la pantalla va a inundarse de magia, luz y color. Del Shannon nos iluminará con “Runaway”, Buddy Holly nos impactará con su “That´ll Be The Day” mientras que Chuck Berry nos electrificará con “Almost Grown”.

Pero no todo iba a ser Rock’n Roll, chupas de cuero y tupés. También hay música para acaramelarse  un poco y bailar agarrados, para eso esta “Smoke Gets in Your Eyes” y  “The Great Pretender”, de The Platters, y mucho más… Y todo ello manejado por el gran Wolfman Jack que a través de las radios de cientos de coches que circulaban por la ciudad, hacía reír, soñar y enamorarse a sus oyentes.

Aunque la cinta es en cierta manera autobiográfica, Lucas logró sacudir la nostalgia de millones de estadounidenses, quienes vieron representada su etapa de juventud en ella. Había nacido una película de culto que diversas generaciones han venerado en todos los soportes imaginados. Esta pieza cinematográfica, que ganó dos Globos de Oro: Mejor Película Musical o Comedia y Mejor Actor Revelación (Paul Le Mat), y cuatro nominaciones al Oscar, tuvo tal impacto en la cultura estadounidense,  que en 1995 la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos consideró que debía ser resguardada como testimonio histórico, por su significado cultural e histórico. Vale la pena echar una vistazo a este trabajo, que probablemente dice más de Lucas que la propia saga de Star Wars.