Cine al Fresco: "To Catch a Thief" (Atrapa a un ladrón), 1955

by Paz Mata July 2, 2020
A scene from "To Catch a Thief", 1955

paramount pictures

Verano, Costa Azul, parajes de ensueño, lujosas mansiones, mujeres elegantes y sofisticadas, casinos llenos de glamour, romance, intrigas, persecuciones, todos estos son elementos perfectos para una comedia de enredo, un genero fascinante, pero poco esperado del maestro del suspense, Alfred Hitchcock.

Para quien no la haya visto, To Catch a Thief sitúa su historia en la Costa Azul, pocos años después del final de la II Guerra Mundial. John Robie, conocido como “El Gato” (Cary Grant), es un norteamericano, ladrón de guante blanco, retirado en la Costa Azul, pero una serie de robos de joyas, en hoteles de lujo de la Riviera francesa, hacen que las autoridades sospechen de él. También le miran con recelo sus antiguos compinches, que tras el armisticio intentan ganarse la vida honradamente trabajando en un restaurante. Así que no le queda más remedio que demostrar su inocencia. Cuando conoce a Frances Stevens, una rica y caprichosa heredera (Grace Kelly), ve la oportunidad de desenmascarar al misterioso ladrón, utilizando como señuelo las fabulosas joyas de la madre de la joven.

A partir de aquí, la trama se desarrolla con los temas habituales de Hitchcock: el falso culpable obligado a demostrar su inocencia, los secretos que oculta la alta sociedad, mujeres rubias, elegantes y atractivas y la implícita atracción sexual entre los protagonistas. Una trama liviana, unos exteriores de ensueño y un reparto de lujo, con lo que se nota que el Maestro solo pretendía pasárselo bien, sin hacer demasiado esfuerzo.  

To Catch a Thief surge, como en casi toda la filmografía de Hitchcock, de material literario previamente publicado. En este caso, la novela homónima había sido escrita por David Francis Dodge, autor cuyo único crédito en Hollywood había sido "Plunder of the Sun" (1949) que cuatro años más tarde adaptaría para la pantalla John Farrow, con Glenn Ford como protagonista. Sin embargo, Hitchcock vio en To Catch a Thief todo el potencial necesario para desarrollar una historia detectivesca con sus necesarias dosis de intriga, misterio y sofisticación. Paramount, para complacer a su director más famoso, se hizo con los derechos de la novela.

Si algo tenía claro Hitchcock es que para este proyecto quería rodearse de su equipo artístico y técnico de confianza. No podía faltar Alma, su inseparable esposa y compañera, y otros nombres habituales como los de Robert Burks (director de fotografía), John Michael Hayes (guionista), George Tomasini (montador), Edith Head (diseñadora de vestuario), Joseph MacMillan Johnson y Hal Pereira (directores artísticos). Lo mismo ocurrió con el reparto. El director logró convencer a Cary Grant, quien por esas fechas andaba retirado de la pantalla, porque con 50 años se le consideraba ya mayor y un poco pasado de moda (los actores del momento era James Dean, Marlon Brando y el joven Paul Newman). Grant no solo aceptó volver a actuar sino que con esta película le dio un nuevo impulso a su carrera (con Hitchcock volvería a trabajar en North by Northwest, en 1959).

La que no se hizo de rogar fue Grace Kelly, a la que ya había dirigido en Dial M for Murder (1954) y en Rear Window (1954).  No sabía entonces la actriz que esta película cambiaría por completo su vida. Durante el rodaje en la Riviera Francesa, a unos fotógrafos de la revista Paris Match se les ocurrió que podrían hacer una sesión de fotos a la actriz norteamericana en el palacio de la familia Grimaldi, en Montecarlo, y así es como se conocieron Grace y el príncipe Rainiero de Mónaco, con el que se casaría a penas un año después, retirándose definitivamente de la actuación. Una decisión obligada por la que la actriz se lamentaría el resto de su vida.  Hitchcock continuó su amistad con la nueva Princesa de Mónaco pero jamás trató de persuadirla para que volviera a la pantalla. “No lo hice nunca, de hecho la única vez que surgió esa conversación fue cuando me preguntó si tenía algún papel para ella. Le dije que sí, le envié la novela que pensábamos adaptar (“Marnie”) y contestó que le gustaría mucho hacerlo,” contaba el director a los miembros de la Hollywood Foreign Press Association (HFPA por sus siglas en inglés), en 1972.

Una afirmación que provocó mucha polémica en el principado monegasco por lo que la actriz comunicó que si hiciera esta película sus honorarios los donaría a una organización benéfica, lo cual no convenció a su pueblo y la actriz tuvo que renunciar a esa idea. “ Nunca volví a ofrecerle nada, aunque hace pocas semanas me encontré de nuevo con ella y me confesó que aún recibía ofertas de trabajo desde Hollywood,” relataba Hitchcock, quien contó con su nueva musa, Tippi Hedren, para el papel de Marnie. Hasta entonces Kelly había sido la actriz favorita de Hitchcock, que más tarde se encapricharía de otras como Tippi Hedren, Janet Leigh o Kim Novak.

Las protagonistas del cine del director inglés parecen tener siempre algo que esconder, haciéndolas así más interesantes. Grace Kelly cumplía a la perfección todos los requisitos de Hitchcock. ¿Qué es lo que la hace elegir actrices rubias y sofisticadas,? le preguntaron los miembros de la HFPA.  “Cuando abordo cuestiones sexuales en la pantalla no olvido que, incluso en eso tiene que haber mucho suspense. Contar con el obvio sex symbol sería demasiado evidente porque no deja nada para la imaginación. Uno debe encontrar esa sexualidad a lo largo de la película, a través de la historia. Por eso buscamos mujeres de mundo, verdaderas damas que se transformen en prostitutas en el dormitorio,” respondía el director, para quien Grace Kelly representaba la inocencia, la sensualidad y la elegancia.

La elegancia en pantalla era una de las claves del cine de la época. Hitch daba una gran importancia al papel dramático del vestuario que, en To Catch a Thief tuvo un papel protagonista gracias al talento y la maestría de Edith Head, diseñadora de vestuario. En Edith Head el director encontró a su cómplice perfecta para vestir a su rubia princesa.  Cuando le asignaron el vestuario de la película, la diseñadora se mostró encantada. Una película diverti­da, de un gran director, con dos grandes estrellas y unos fantásticos exteriores, la Costa Azul.  Según ella, la película era el sueño de todo diseñador de vestuario; incluso los extras fueron meticulo­sa­mente vestidos.

Un sueño para el que Edith contó con un gran presupuesto y gente guapa a la que vestir, pero el desafío fue tener que diseñar las prendas en torno a las joyas, por exigencias del guión. El vestido representaba un marco para la joya, cuando se la mostraba en un primer plano. El problema era cómo combinar este encuadre con trajes de líneas simples, que no restaran protagonismo a las joyas, pero que a la vez emanaran una calidad de alta costura. Después de todo estaban filmando en uno de los puntos neurálgicos de la moda, un lugar con mucho glamour y estilo, y así debían lucir sus per­sonajes. “Hitchcock era muy detallista en todo,” explicaba Head.

Aún así, To Catch a Thief no pretende ser más de lo que es: una película rodada durante el período vacacional con la que Hitchcock se divirtió mucho haciéndola al tiempo que se tomó un pequeño descanso antes de continuar produciendo obras maestras.