Cine al Fresco: "Jaws", 1975

by Paz Mata July 17, 2020
A scene from "Jaws", 1975

universal pictures

Han pasado 45 años desde el estreno de Jaws, la película que aterrorizó a una generación de bañistas y cambió el cine de Hollywood para siempre.

Hay películas que son para el verano y una de ellas es Jaws, cita obligatoria para esos días de canícula. No hay verano que esta película no sea mencionada, sobre todo, si se va a la playa. ¿Quién no pensado alguna vez, mientras nada en el mar, ver aparecer la aleta de un tiburón? Y es que está película ha marcado un antes y un después, tanto en el cine como en la vida real.  En el aspecto cinematográfico, fue todo un taquillazo y en la vida real provocó que en su año de estreno (1975) disminuyera la afluencia playera, no era para menos, después de todo su slogan era: “Vaya a verla antes de ir a nadar!”.

Basada en la novela homónima de Peter Benchley, y estrenada el 20 de junio de 1975, la cinta narra la historia de un tiburón blanco que devora a varias personas en las playas de Amity Island ( una isla ficticia situada frente a la costa de New England, en Estados Unidos) y de los esfuerzos de un grupo de personajes para cazar al escualo. El jefe de la policía local, Martin Brody (Roy Scheider) acompañado del oceanógrafo, Matt Hooper (Richard Dreyfuss) y del caza tiburones, Quint (Robert Shaw) van en búsqueda del temido animal.  

Benchley que colaboró en la escritura del guión, se inspiró en ataques reales ocurridos en 1916 en la costa este de Estados Unidos, cuando un tiburón atacó a varias personas, en una época donde no se reconocía el peligro que podían significar estos animales (y mucho antes de que se convirtieran en uno de los arquetipos del monstruo marino en el cine). Los alcaldes de las zonas afectadas negaban lo que estaba sucediendo para evitar el impacto negativo que esta noticia podría tener en la economía local, al producirse un drástico descenso del turismo en sus playa

El miedo a esa criatura mortífera, de ojos inexpresivos, que mata por instinto, como una máquina programada, es el eje y fundamento de toda la película. Algo que el joven realizador, Steven Spielberg (con tan sólo veintisiete años) supo tratar a la perfección utilizando recursos clásicos (el público sabe lo que le va a pasar a los personajes, que lo ignoran y están en peligro) y efectistas (bruscas apariciones del tiburón cuando el público está distraído con otras escenas de despiste).  

Con un guión simple y directo y un retrato esquemático de los personajes: el temeroso y concienzudo capitán de policía, que lucha por combatir contra la falsedad y la corrupción de unos políticos que están dispuestos a poner en peligro la vida de muchos ciudadanos con tal de no perder los beneficios que le reporta una playa llena de turistas; el misterioso y brutal caza-tiburones cuyo barco será utilizado para dar caza definitiva al monstruo que aterroriza a la población; y el más inteligente, leal y al mismo tiempo divertido oceanógrafo, dispuesto a distraernos cuando más acecha el peligro, al que se añade una soberbia realización técnica, se consiguió llegar al público, aterrorizándolo y de paso haciéndole pasar un rato entretenido.

El resultado fue un extraordinario éxito comercial, convirtiéndose en la primera película en recaudar más de 100 millones de dólares en las taquillas de los Estados Unidos y 450 millones en las de todo el mundo, creándose con ello el concepto “blockbuster del verano”, inventando el de “merchandising” y dando a conocer a uno de los más interesantes directores de su generación, Steven Spielberg.

El reparto cuenta con tres nombres destacables: los ya fallecidos Robert Shaw (que ya contaba con una importante carrera en el escenario) y Roy Scheider, conocido antes por su labor en  The French Connection, y el, ahora, veterano Richard Dreyfuss, que descubriéramos en American Graffitti. Tres notables actores que fueron los encargados de contarnos esta historia aportando la dosis perfecta de drama.

Spielberg acometió el rodaje de Jaws con veinticinco años y un bagaje artístico prometedor, incluidas su incursión en la televisión - Duel, 1971-  y The Sugarland Express, 1974.  Créditos suficientes para que productores de la talla de Richard D. Zanuck y David Brow, confiaran en la juventud y dinamismo de este nuevo director para enfrentarse a un producto hecho a la medida del cine de serie B.

Con el equipo artístico instalado en la lujosa zona costera de Marta’s Vineyard, se inició la filmación de las escenas de exteriores. Mientras tanto, en los estudios californianos de la Universal, técnicos bajo la supervisión del ingeniero Joe Alves, trabajaban a destajo para dejar a punto la maquinaria de un tiburón blanco de más de siete metros de longitud, cuyo funcionamiento no estaba, ni mucho menos, garantizado.

Ante la ausencia de su intérprete más solicitado, el tiburón, Spielberg iba rodando e ingeniándoselas para suplir la ausencia de la bestia marina con detalles amenazadores que anunciaban la presencia de algo peligroso, pero que no veíamos. Sin lugar a dudas, los constantes fallos mecánicos del escualo, que se multiplicaron también en las escenas exteriores, redundaron en beneficio de la película.  La inolvidable música de John Williams es uno de los elementos claves de esta, porque cuando había complicaciones técnicas o se había excedido el presupuesto, algunas escenas donde debía parecer el tiburón, debieron cambiarse por momentos en el que la banda sonora generaba la tensión e insinuaba la presencia del monstruoso animal. Aquí Spielberg, sin duda, se sintió inspirado por el suspense de Alfred Hitchcock, donde se insinúa, en vez de mostrar, para inquietar y atemorizar al atónito espectador.

Fue el rodaje más infernal que ha conocido Spielberg, saliéndose con mucho del presupuesto inicial, y llegando a perder los nervios durante las muchas semanas extra que duró el rodaje. La causa principal fue el tiburón mecánico del que llegaron a hacerse tres modelos (uno completo, para tomas acuáticas, y dos con sólo un lado construido, para tomas laterales). Todos ellos dieron innumerables dolores de cabeza (por mal funcionamiento o porque simplemente se hundían al fondo marino) a un equipo que, además, tuvo que lidiar con las altas temperaturas y con la complejidad que siempre se presenta al rodar en alta mar. ”Rodamos en medio del océano, no en un tanque, con lo cual era imposible controlar los elementos. Es como trabajar cuando se produce un terremoto, que no paras de moverte”, recordaba el director en su encuentro con los miembros de la Hollywood Foreign Press Association (HFPA por sus siglas en inglés).  “Filmar ocho horas al día en un barco, que te está sacudiendo, en el que te resbalas continuamente, con las mareas que separan los botes, fue sin duda el rodaje más difícil que haré en mi vida o que querré hacer en mi vida”, explicaba.

Pero no fue esto su mayor desafió a la hora de llevar a cabo la película sino la imposición de los estudios a que usara un tanque y todos los efectos en miniaturas, “estuve a punto de abandonar el rodaje cuando me lo sugirieron, ya no contamos con los grandes artistas y maestros miniaturistas y efectos especiales que trabajaron en filmes como Capitan Corageous o el original Mutiny on the Bounty, esos están casi todos muertos o retirados del oficio, aseguraba el director.

Problemas a parte, Spielberg logró llevar a cabo su cometido y el resultado fue un grandioso éxito de taquilla, convirtiendo a Jaws en la película más exitosa de la historia del cine, en ese momento.  Además, ganó un Globo de Oro a la mejor banda sonora (de los cuatro a los que estuvo nominada),  tres Oscar (música, montaje y sonido) y dejó las playas vacías durante todo el verano, provocando un terror social a los tiburones. El icónico monstruo (uno de más de la Universal…) había llegado para aterrorizar el subconsciente del espectador.

Jaws es, claramente, la mejor película que Spielberg había dirigido hasta ese momento. Con ella, el joven director había alcanzado la madurez. Este rotundo triunfo le transportaría al grupo de los directores más famosos y cotizados del mundo, grupo en el que ha continuado hasta la actualidad.