Cine al Fresco: “Les Vacances de Monsieur Hulot” (1953)

by Paz Mata June 24, 2020
A scene from "Monsieur Hulot Holiday', 1953

the criterion collection

Con el inicio del verano en el hemisferio norte y coincidiendo con la desescalada del confinamiento en muchos países,  iniciamos una nueva serie de películas con la proponemos hacer un repaso a títulos que, quizá, veamos por primera vez o que se prestan a revisitarlos en la temporada estival. Filmes que nos harán soñar con los veranos de verdad, esos en los que el tiempo no existe y te rindes al hedonismo de los interminables días de sol. Cine para ver en pantalón corto y “al fresco.”

Les Vacances de Monsieur Hulot (1953)

Es tiempo de vacaciones en Saint-Marc sur Mer, un pequeño y magnífico balneario en la región francesa de Loire-Atlantique, donde la vida transcurre al ritmo monótono de las olas…. Es tiempo para escapar, aventurarse, relajarse y alejarse del ajetreo y el bullicio de la vida cotidiana. Pero un gran barullo viene a perturbar la siesta de los veraneantes,  su nombre es Mr. Hulot… Su presencia en esta soñolienta población costera provocará una catástrofe tras otra. Desde su primera aparición en las calles del pueblo, al volante de su viejo y estruendoso coche, un Salmson Ar, Mr. Hulot (interpretado por el propio Tati) se presenta como un personaje estridente y excéntrico.  Es un tipo torpe, a veces incómodo en su propia piel, y su comportamiento y gustos, poco convencionales, lo hacen un caso atípico en comparación con el resto de los veraneantes. La irrupción de Mr. Hulot en el balneario rompe la calma estival. Para gran alegría de los niños, Hulot ofrecerá a los huéspedes del hotel una vacaciones como nunca las han tenido.

Es en Les Vacances de Monsieur Hulot donde descubrimos por primera vez el personaje de Monsieur Hulot. Este personaje, algo lunático,  se convertirá en el héroe recurrente en el trabajo de Jacques Tati, ya que aparecerá posteriormente en todas sus otras películas, en las que la tradición versus la modernidad serán el tema recurrente. Al principio, Hulot parece no encajar bien en este mundo porque interactúa torpemente con la tecnología moderna, pero terminara adaptándose, a su manera.

Esta pequeña joya del cine francés, después de Jour de fête, fue la que definitivamente lanzó a su creador al estrellato internacional.

Rodada en blanco y negro, con un presupuesto escaso y sin actores conocidos, casi sin diálogo, con un sonido centrado en efectos sonoros ambientales, naturales y artificiales ( no sólo para darle el tono cómico, sino también para el desarrollo del personaje de Hulot)  y desprovisto de trama narrativa, el filme se desarrolla a base de pequeños episodios (como todas las películas de Hulot). Entre estos se incluyen un funeral interrumpido, un juego de cartas interrumpido y, uno de los más característicos de Tati, un juego de tenis jugado con reglas que deberíamos definir como “poco convencionales.” La filmación de los exteriores se realizó por completo en varios lugares en la pequeña localidad costera de Saint-Marc-sur-Mer, un municipio dependiente de Saint-Nazaire, en Loire Atlantique. Los residentes de la estación balnearia fueron invitados por Jacques Tati a participar en la filmación de la película. Años más tarde, en 1978, el director regresaría a Saint-Marc-sur-Mer, para filmar algunas tomas adicionales, inspiradas en Jaws, de Steven Spielberg, que utilizaría en la última versión de la película,

Les vacances… no cuenta absolutamente nada, se contenta con mostrar detalles insignificantes,  es una comedia que guarda un gran parecido con las del cine mudo de Buster Keaton o Harold Lloyd, que tanto inspiraron a Tati, pero que te deja estupefacto por su asombrosa modernidad. Todos los cinéfilos coinciden en reconocer que la aparición de Tati supuso la resurrección de un género cinematográfico ausente en Francia desde los tiempos de Max Linder. Con el, el cine cómico abandonó su periodo clásico e inauguró  el moderno. De hecho, Tati se adelantó a los experimentos de la “nouvelle vague” de los años 60. Fue el precursor de un humor entre físico y absurdo del que han bebido desde Mister Bean al inspector Clousseau, pasando por buena parte de los cómicos franceses posteriores.

El éxito del film, evidenciado por la recaudación y el reconocimiento oficial con el premio Louis Delluc y con el de la Crítica Internacional en festival de Cannes, a los que se sumó la nominación al Oscar al mejor guión ese año, le aseguraron una carrera cinematográfica ascendente y el reconocimiento en el mercado extranjero, donde cosecharía un éxito y un respeto superiores, incluso, a los que disfrutó en su propio país.

Está claro que la poesía audiovisual de Tati no deja indiferente a nadie. Guste o no, su obra fílmica nos introduce en un mundo distinto o, mejor dicho, en el mundo de siempre, desde otra perspectiva.