Cine al Fresco: “Sommaren med Monika” (Un Verano con Mónica), 1953

by Paz Mata June 29, 2020
A scene from "Summer with Monika", 1953

SF/Criterion Collection

“Nunca he hecho una película menos complicada que Un verano con Mónica. Sencillamente nos largamos a una isla y la rodamos,” decía Ingmar Bergman. Quien iba a decir que Ingmar Bergman, maestro del séptimo arte, más conocido por sus densas, existencialistas y lúgubres películas, podía ofrecer algo tan luminoso y erótico y a la vez una obra tan completa y compleja como es  Un verano con Mónica, un film clásico que simboliza a la perfección el significado metafórico del estío y el de los amores de verano.  

El film habla del amor, la sexualidad, la amistad, los celos, el desengaño y todas las cosas que nos llevan a formarnos y a madurar como personas.  La historia retrata, además, la confrontación entre una ciudad moderna, como es Estocolmo, y el campo; entre la juventud y la madurez y entre la vida obrera y el disfrute burgués sin sentimiento de culpa.

La protagonista es Mónica (Harriet Anderson) una joven de barrio obrero que ansía la libertad y el escape hacía (su) paraíso. Mónica tiene 17 años y trabaja en una frutería rodeada de personajes vulgares e intransigentes.  En esas aparece Harry (Lars Ekborg), un tímido, enamoradizo y poco experimentado joven de 19 años que trabaja de aprendiz embalando paquetes en un pequeño comercio de la ciudad. Ambos comparten la frustración de no sentirse a gusto en sus respectivos puestos de trabajo. Pero todo cambia para ellos cuando se conocen en una cafetería. Su primera cita será para ir al cine, a ver una película romántica. A la película le seguirá un paseo, en el que Mónica, suspirará “algunos lo tienen todo,” y un beso furtivo que la joven le roba a Harry con las glamorosas palabras que ha visto en el cine. A partir de ahí se enamoran, deciden dejar sus trabajos e irse a pasar el verano a una isla, usando la pequeña embarcación de Harry.

Ingmar Bergman nació hace 102 años, en verano, y murió en la misma estación 89 años más tarde; entre ambos veranos, dejó medio centenar de películas. Aunque las más famosas fueron aquellas oscuras e intensas que dirigió en sus últimos años, en Un verano con Mónica celebraba la chispa de la pasión romántica y erótica.  Esa que a su protagonista le lleva a dejar todo, desde un padre que la golpea a unos compañeros de trabajo que la acosan sexualmente, para huir con Harry, tan inexperto como ella, pero con el que buscará el consuelo del sol veraniego en el archipiélago de Estocolmo. Allí, despreocupados y dando rienda suelta a sus instintos sexuales vivirán del amor, soñarán y harán planes ilusorios de futuro.

Cuando el verano llega a su fin y ya se han bebido la vida a besos, Harry y Mónica se dan cuenta de que, poco a poco, el tedio y la falta de recursos se va apoderando de su Edén y tendrán que afrontar la realidad, su vuelta a la civilización.  De nuevo en la ciudad, la pareja se ve cargada de obligaciones, responsabilidades familiares y otra vez, la penuria económica. La edad de la inocencia ha llegado a su fin. Mónica será incapaz de asumirlo.

Un verano con Mónica fue la segunda película que Bergman se vio obligado a hacer para la Svensk Filmindustri tras recibir de esa empresa un préstamo de dinero que necesitaba urgentemente. El origen del guion surge, según Bergman, de un encuentro que tuvo en una popular calle comercial de Estocolmo con el escritor Per Anders Fogelström –con quien ya había trabajado como guionista. Al preguntarle que estaba escribiendo, éste le dijo que estaba metido en “la historia de una chica y un chico que escapan juntos de la ciudad para vivir unas semanas en el archipiélago antes de volver a la civilización.”

A Bergman el tema le parecía perfecto y aprovechando un paro que hubo en la producción fílmica nacional promovido por los productores, que protestaban por un impuesto estatal a los espectáculos, ambos se pusieron a trabajar en el guión. Tras ese paro, Bergman puso el libreto en manos del director de la Svensk Filmindustri (Carlo Anders Dymling),“le dije que iba a ser un rodaje muy sencillo, solo un pequeño grupo de actores y técnicos, con una sola cámara y sin sonido, o sea, la película más barata del mundo,” recordaba Bergman, que la rodó entre julio y octubre de 1952 en medio de un ambiente relajado y festivo.

Para el papel de Mónica, el director sueco eligió a una joven actriz que se dedicaba al espectáculo de revista en el Teatro Scala de Estocolmo. “Tenía alguna experiencia cinematográfica y era la novia formal de un actor, ”escribe Bergman en su libro de memórias,“Linterna mágica,” para referirse a Harriet Andersson. Con ella viviría un romance durante el rodaje de la película, lo que provocó la separación de su tercera esposa. Harriet sería la primera de las actrices que dirigió Bergman con las que se involucraría sentimentalmente (le seguirían Bibi Andersson y Liv Ullmann).

Parte del rodaje se llevó a cabo en la isla de Örnö. Durante tres semanas el equipo vivió en un albergue y cada día eran transportados en barcos de pesca a las islas lejanas del archipiélago para filmar utilizando la luz del verano y los paisajes marítimos naturales. Nunca enviaron el material para revelar hasta el final, “quisimos ahorrar en costos de transporte, y cuando se reveló toda la película descubrimos que el negativo estaba dañado. Desde Estocolmo recibimos el mensaje de que teníamos que volver a rodar todo de principio a fin, o por lo menos el setenta y cinco por ciento. Nunca vi a un equipo de filmación alegrarse tanto por tener que repetir un rodaje,” recordaba Bergman.

Terminada la película y tras someterse a la censura estatal (que cortó, entre otras, la famosa escena del desnudo de Harriet. Una escena que hoy pasaría desapercibida por la naturalidad de la misma pero que entonces provocó un gran escándalo en los sectores más conservadores), Un verano con Mónica se estrenaba el 9 de febrero de 1953. Era la número doce de Ingmar Bergman, no fue la más importante pero en ese momento se convirtió en la más popular. Pese a ello, Bergman sintió siempre un cariño especial por esta. “Es una película que llevo en el corazón y que siempre me hace feliz revisitarla,” contaba. El maestro sueco sabía que tras la juventud llega la vejez y la muerte, tras el romance, las crisis y las discusiones de pareja; y tras el verano, el invierno. Pero para paliar la larga y oscura temporada de frío, siempre estarán ahí los recuerdos del verano.