Cine al Fresco: "Two for the Road", 1967

by Paz Mata July 10, 2020
A scebe from "Two For the Road", 1967

twentieth century fox

Diez años después de su boda, una pareja británica atraviesa Francia en coche. Agotados por el resentimiento, las frustraciones y los agravios acumulados durante sus años de matrimonio, apenas pueden conversar sin atacarse mutuamente. “No vamos a seguir así el resto de nuestra vida”, murmura él, entre amenazante y suplicante. A lo que ella responde: “No has sido feliz desde el día que nos conocimos, ¿verdad?”.  En otro momento de ese trayecto existencial se cruzan con unos recién casados saliendo de una iglesia a los que el matrimonio protagonista observa con seriedad desde su automóvil. “No parecen muy felices”, señala ella con seriedad, a lo que él responde, “¿Por qué iban a parecerlo? Acaban de casarse”. 

Joanna (Audrey Hepburn) y su marido arquitecto Mark Wallace (Albert Finney) llevan casados una década, y su relación pasa por un momento bajo. Mientras se dirigen desde su casa en Londres a St. Tropez, para la inauguración de una casa que Mark ha diseñado para sus clientes Maurice y Françoise Dalbret, recuerdan los acontecimientos felices, tristes y, a este punto, ni lo uno ni lo otro, de su vida.

Two for the Road, es una disección sobre los entresijos de la pareja protagonizada por Audrey Hepburn y Albert Finney.  Una pareja que examina los restos que han ido dejando a lo largo del camino cuando llegan a un momento crucial en su relación en el cual se plantean “seguir o separarse”.   Algo más de una década antes, Roberto Rossellini había filmado una brillante radiografía sobre la crisis matrimonial en Viaggio in Italia (Te querré siempre) (1954). Pero, si el cineasta italiano seguía una estructura lineal durante el viaje al sur de Italia que lleva a cabo la pareja interpretada por Ingrid Bergman y George Sanders, la película de Donen ofrece una perspectiva caleidoscópica por medio de la alternancia de flashbacks.

La trama de Two for the Road va desarrollándose a través de estos  viajes por carretera: uno en el presente, mientras se enfadan, lloran y arremeten el uno contra el otro; otro, una docena de años antes, cuando Mark,  por entonces un prometedor arquitecto, conoce y se enamora de una inocente y joven Joanna (sorprendentemente, Hepburn, que tenía 37 años y estaba en proceso de divorció durante la producción, estuvo muy convincente en esas escenas).  Entre medias hay un viaje de negocios en el que surgen las infidelidades y otro en el que comparten vacaciones con una pareja y su insoportable hija pequeña. Las preguntas en una narración no lineal surgen desde el principio: ¿Qué será de ellos?  ¿Se quieren todavía, a pesar de la erosión? ¿ Se separarán o seguirán adelante?.

Stanley Donen, el director que nos trajo Singin' In the Rain, Seven Brides for Seven Brothers y Bedazzled, entre otras, se alejó de su habitual estilo alegre y optimista para contar aquí una historia agridulce, estructurada como si de un juego de cajas chinas se tratara, rematando con una conclusión abierta a la esperanza. “Lo que tratábamos de hacer”, decía el director años más tarde, “era mostrar que todas las secuencias de la película transcurren como si fuera el presente. Todo lo que vemos en la vida de esta pareja va con ellos desde el principio de su relación hasta el final,” explicaba Donen.

Todo empezó con un breve tratamiento que el director envió a Audrey Hepburn (Donen era gran amigo de Hepburn, a la que dirigió también en el musical Angel Face (1952) y en Charade (1963). El propio director confesó que en esas tres ocasiones solo había pensado en Hepburn al preparar las películas, las cuales no existirían de no haber podido contar con ella), pero la estrella le respondió que no estaba interesada en películas vanguardistas. A pesar de todo Donen insistió y cuando Hepburn leyó el guión completo se enamoró de él.

La película fue considerada en su tiempo como experimental por la exposición no lineal del argumento. Es por ello, que el guionista Frederic Raphael fue nominado al Oscar y a los premios Bafta en el apartado de Mejor guión original, mientras que Henry Mancini y Audrey Hepburn recibieron una nominación al Globo de Oro en las categorías de Mejor banda sonora y Mejor Actriz en Comedia-Musical, respectivamente.

Para el papel del marido, Mark Wallace, se barajaron los nombres de Paul NewmanMichael Caine y Tony Curtis (eso confesó en sus memorias). Lo curioso es que Curtis también estuvo a punto de ser el coprotagonista de Hepburn en Breakfast at Tiffany's, pero los absurdos celos del esposo de la actriz, Mel Ferrer, lo hicieron imposible. Otra curiosidad de su reparto.

Las circunstancias personales de Audrey Hepburn fueron claves para la veracidad de su inolvidable interpretación. Tras un embarazo frustrado, estaba viviendo una definitiva crisis matrimonial con Mel Ferrer, un actor de segunda que sentía gran envidia por la exitosa carrera de su esposa. Por si fuera poco, Hepburn tuvo un romance con su compañero de cartel Albert Finney, una relación que se palpa en la pantalla, es obvia la química que hay en sus interpretaciones.

Two for the Road abarca doce años en la relación de una pareja. Los diferentes estilos de ropa y los coches que utilizan marcan el transcurrir del tiempo:  de los pantalones vaqueros a ropa de diseño, de viajar con la mochila a cuestas a hacerlo en un utilitario y finalmente en un Mercedes último modelo. El vestuario fue clave para dar veracidad a las distintas épocas por lo que Donen supervisó personalmente el diseño del mismo, especialmente el de Hepburn.  Para ello contó con el diseñador español Paco Rabanne, que causará furor en la moda de los años 60, y con otros contemporáneos como Mary Quant, Michèle Rosier y Kent Scott. Rabanne se ocuparía del vestuario de la protagonista cuando ya es una mujer aceptada en la clase alta.

Donen, que siempre fue muy critico con su propio trabajo, admitía que su película favorita era Two for the Road. Quizá porque intentaba que su carrera adquiriera mayor transcendencia durante los años 60, intentando quitarse la etiqueta de la supuesta frivolidad del cine musical por el que era más conocido. Lo que está claro es que Two for the Road es una película que trata de un tema fundamental para cualquier persona interesada en el ser humano: el amor, o mejor dicho, el desamor, o la costumbre y la resignación en el amor.  Dicho esto, sí es posible que Two for the Road sea una de las mejores películas de Stanley Donen, no solo por la puesta en escena, sino por lo que dice y cómo lo dice.