Cine al Fresco: “Verano 1993”, 2017

by Paz Mata September 15, 2020
A scene from "Verano 1993", 2007

avalon/topic studios

Es verano y en Barcelona se celebra la fiesta de San Juan. Los niños corretean, por las calles del barrio, entre verbenas y fuegos artificiales. Una de esos niños es Frida, tiene 6 años y acaba de perder a su madre – y a su padre años atrás-. Cuando sus compañeros de juego le preguntan por qué no llora, ella no sabe que responder. Poco saben esos niños que asumir la pérdida y el luto es algo complejo y que cada cual lo vive de manera muy distinta.

Basada en la biografía de su directora, Carla Simón, Verano 1993, cuenta la historia de Frida (Laia Artiga) una niña de 6 años que, tras la muerte de su madre, afronta el primer verano de su vida con su familia adoptiva. La pequeña va a vivir a una casa en el campo donde vive su tío (David Verdaguer), el hermano de su madre, su mujer (Bruna Cusí) y su hija pequeña (Paula Robles). Frida sabe que su madre ya no está, al igual que su padre, que murió años antes de Sida, la enfermedad que se llevó también a su madre.

Allí en un nuevo entorno, la pequeña tendrá que comprender y descifrar lo que significa haber perdido lo que, hasta ahora, era su mundo. En su nueva familia encontrará la complicidad de su tío y el cariño de su prima, a la que sus padres presentan como “su nueva hermana”.  Será su tía, que asumirá el rol de “su nueva madre”, la que tratará de criarla y educarla como a su otra hija, sin favoritismos ni concesiones especiales. Frida, incapaz de expresar verbalmente su dolor e inconsciente de los hechos y sus consecuencias, lleva a cabo actos que rozan la maldad, una muestra de que no está capacitada para asumir la realidad.

Carla Simón nació en Barcelona, hace 34 años, pero, tras perder a sus padres, se crio en Les Planes d´Hostoles, un pequeño pueblo en la provincia de Gerona. Estudió cine en la London Film School donde dirigió el documental Born Positive y los cortometrajes Lipstick y Las pequeñas cosas, pero quiso arrancar su filmografía relatando su propia historia, la de una niña que en pleno estío pierde a su madre, cuando ya era huérfana de padre. La directora contaba que en la escuela de cine le decían que escribiera sobre lo que sabía y eso hizo.

La idea le vino durante un viaje a Amsterdam, “Estaba en un hotel escribiendo un diario que nos pedían hacer en la escuela de cine, y me di cuenta de que para escribirlo tenía que empezar con los primeros meses de mi vida con mi nueva familia,” recordaba Simón. La película nació de lo más profundo de sus recuerdos, pero que nunca tuvo la necesidad de curar nada con respecto a su infancia, que es un acontecimiento que vivió de muy pequeña y que tiene aceptado y superado desde hace tiempo. Sin embargo, si sentía la necesidad de hablar de cómo un niño afronta la muerte y de su adaptación a su nueva vida. ¨De mi padre no tengo ningún recuerdo, de mi madre, algunas cosas, pero si recuerdo la sensación de la ausencia, y el dolor, y la superación… la necesidad de sobrevivir y encajar lo mejor posible esa nueva vida y tirar para delante”.

Verano 1993 habla de eso, de la infancia y de la muerte, de los lazos familiares y del peso de la pérdida. Una película rodada desde la vida misma y contada con el realismo y con la naturalidad que imprimen las dos niñas: Frida y su primita. Pero llegar a ello no fue fácil. Para conseguir la espontaneidad que transmite la narración, la puesta en escena y sobre todo el trabajo de las dos jóvenes actrices: Laia Artigas y Paula Robles, Carla Simón necesitó mucho trabajo con las niñas y los actores adultos para que éstas se fueran acostumbrado a ellos. Un trabajo que construyeron juntos, inspirándose en la propia experiencia de la directora para crear ese verano nuevo, lleno de nuevas experiencias. “Cuando estás rodando con niños no puedes ser intrusivo, ni controlar lo que hacen, por eso fue muy importante el casting, porque las niñas tenían que parecerse a los personajes, después de todo, iban a ser ellas mismas, son niñas”, explicaba la directora. “Era fundamental la relación entre ellas. Por eso ensayamos mucho, jugamos con ellas y creamos memorias compartidas que supuestamente habían sucedido antes del verano de 1993”.

La cineasta catalana reconoce que descubrió el cine con Víctor Erice y Carlos Saura, cuya Cría Cuervos (1975), otra película que habla de infancia y muerte, fue un referente muy importante para ella.  El film de Saura se erigió como influencia en el debut cinematográfico de Simón, que ya había destacado con Born Positive (2013), el retrato de unos jóvenes nacidos con VIH y con Lipstick (2013), en la que hablaba de la infancia y en la que avanzó algunas ideas que cristalizaron en Verano 1993.

La película se alzó con el Premio a la Mejor Opera Prima en la Berlinale del 2017 y, el Premio, “ex aequo”, del Jurado de su sección, Generation KPLus. Obtuvo, además, la Biznaga de Oro a la Mejor Película en el Festival de Málaga de Cine Español (2017) y el Premio del Publico y Premio Signis en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI) ese mismo año. Verano 1993 se convirtió en una de esas pequeñas joyas con las que uno se topa muy de vez en cuando. Fue la gran sorpresa del verano de 2017.