Cine en español: Los Olvidados, 1950

by Paz Mata September 28, 2020
A scene from "Los Olvidados", 1950

ultramar films/pbs

En 1950, después de su época surrealista y su etapa de cine comercial, Luis Buñuel rueda, desde su exilio en México, Los Olvidados, un retrato pesimista, según su autor, de la vida de los jóvenes que viven en los suburbios de la capital federal, ahogados en la miseria, la indiferencia y la muerte.

Filmada en los estudios Tepayac y en varias zonas de la ciudad de México, la historia nos lleva por los barrios más pobres del D.F donde los niños y adolescentes de la calle son como una plaga para las altas esferas de la sociedad. Jaibo (Roberto Cobo) es un adolescente que escapa de un correccional para reunirse con su amigo Pedro (Alfonso Mejía), un hijo de la calle que, a pesar de tener familia, se dedica a vivir con una pandilla de niños y robar a otros más débiles que ellos. Una vez en libertad Jaibo mata a Julián, el joven que le delató, roba a un ciego (Miguel Inclán) y maltrata a un mutilado. A partir de ahí el destino de Jaibo y Pedro, acompañados de Meche y Ojitos, estará marcado por la muerte.

La película, cuyo título original era La Manzana Prohibida, denuncia la falta derechos de los niños y adolescentes de los suburbios del D.F y cuestiona los instrumentos con que se afronta esa realidad: el reformatorio y la falsa caridad. Se ha registrado que Buñuel, vestido con harapos hecho jirones, recorrió los suburbios de la capital observando y memorizando lo que veía en el entramado de sus calles.

Buscando el equilibrio entre el realismo social y el surrealismo el director aragonés, que contó con la participación de Luis Alcoriza, Maz Abub y Juan Larrea en el guion, filmó en 21 días, entre febrero y marzo de 1950. Aunque en el reparto no aparecían nombres de peso, la participación de Miguel Inclán, Alfonso Mejía, Estela Inda, y sobre todo la de un joven de nombre Roberto Cobo cuya experiencia en cine no pasaba de haber hecho de extra en varias cintas, fueron piezas clave para esa mirada documental y directa con la que Buñuel retrata la miseria y la juventud que vive en la calle.

Un rodaje que no estuvo exento de problemas. Pedro de Urdimalas, en quien Buñuel se apoyó para escribir los diálogos populares, pidió que su nombre no apareciera en los títulos de crédito. Jorge Negrete, líder del Sindicato de Actores, quería evitar el rodaje e instó a técnicos y camarógrafos a abandonar el rodaje. Varios miembros de la élite intelectual de México, entre ellos Lupe Marín, segunda esposa del pintor Diego Rivera y Berta Gamboa, esposa del poeta español León Felipe, acusaron a Buñuel de falsificar la realidad, “lo que muestra en la película no es México”, reclamaron, mientras que el pintor David Alfaro Siqueiros, alabó el trabajo del director y lo elevó a la categoría de “genio nacido para el cine”.   Y es que el cine mexicano se encontraba en plena época dorada, una bonanza industrial y cultural en la que destacaban nombres como el de Pedro Armendáriz, Jorge Negrete o Mario Moreno, mejor conocido como Cantinflas. Sin embargo, la mayoría de las producciones se limitaba a imitar el modelo hollywoodense y adaptarlo a una estética local, obteniendo con ello grandes resultados sin mostrar la menor originalidad.  Fiel a su estilo, Buñuel busco mostrar al público la otra cara de la sociedad, la de la pobreza, el subdesarrollo y la marginalidad que se sufría en la ciudad de México. Sin duda, una parte fundamental de ese excesivo y despiadado toque humano de la película se debe a la genialidad de Gabriel Figueroa, el reconocido director de fotografía de la edad de oro del cine mexicano.

El rechazo por haber sacado a la luz la cruda realidad que existía en el país, llevó a los mexicanos, que hasta entonces habían recibido muy bien al realizador español, a querer acabar con todo lo que tuviera relación con él.  Hasta el punto de que algunos cines fueron destruidos por los asistentes al estreno de la película en noviembre de 1950. La llamada “Liga de la Decencia” intentó expulsar a Buñuel del país y aunque no lo consiguió, el director, por propio deseo, acabó dejando el territorio.

Sin embargo, el poeta, ensayista y Premio Nobel de Literatura mexicano, Octavio Paz, lo defendería escribiendo: “Los Olvidados es algo más que un film realista. El Peso de la realidad que nos muestra es de tal modo atroz, que acaba por parecernos imposible e insoportable. Y así es: la realidad es insoportable; y por eso, porque no la soporta, el hombre mata y muere, ama y crea”.

Ante las críticas, Buñuel respondió durante una entrevista que estaba muy orgulloso de su trabajo. “La libertad total no existe, yo solo soy libre cuando cierro los ojos y me encuentro conmigo mismo sin saber que ya soy un viejo. La inconformidad es esa tendencia a romperse la cabeza por recuperar la propia libertad”.

A pesar de los múltiples problemas que tuvo, Luis Buñuel estrenó su cinta en Europa y la crítica mexicana tuvo que admitir su error cuando Los Olvidados se alzó con el premio al Mejor Director en el festival de Cannes (1951) y la prensa francesa redescubrió al genio de Calanda. Si Francia aplaudía, México no podía quedarse atrás. Poco después, la película recibió 11 premios Ariel, concedidos por la Academia Mexicana de Cine, en una ceremonia que sirvió de desagravió y fue catalogada como una de las mejores películas de la historia del cine mexicano. Desde 2003 Los Olvidados forma parte del Programa Memoria del Mundo de la UNESCO.