Cine en tiempos de confinamiento: “Platoon” (1986)

by Paz Mata May 20, 2020
A scene from "Platoon"

Willem Dafoe, Charlie Sheen y Tom Berenger en una escena de Platoon.

roland neveu/getty images

"El soldado que ha visto derramarse sangre es un hombre marcado,” dijo el historiador Dixon Wecter en 1944. "Sigue siendo una mancha en la tela, un defecto en la madera." Oliver Stone, guionista y director de cine es uno de esos soldados. En 1967 se alistó, como miembro de un batallón de infantería, para servir a su país en la guerra de Vietnam. Sirvió en otras dos unidades, fue herido en dos ocasiones y condecorado antes de terminar su servicio.  En 1976 escribió un guión sobre sus camaradas y la guerra en la que combatieron. Diez años más tarde ese guión se convirtió en película, Platoon. Un film visceral, gráfico y perturbador que cuenta los horrores de la guerra a través de los ojos de Chris Taylor, un joven soldado (Charlie Sheen), de familia acomodada, que deja sus estudios para alistarse como voluntario en el ejército, con la intención de ir al frente en la guerra de Vietnam, porque está convencido de que los hombres jóvenes que han crecido con menos privilegios que él pueden enseñarle algo sobre la vida. La guerra iba a ser su metamorfosis, su paso a la madurez.

Oliver Stone escribió el guión inspirándose en su propia experiencia como veterano de esa guerra. Platoon es la primera de su trilogía de Vietnam, seguida de Born On The 4th of July (1989) y Heaven &Earth (1993).  Filmada en Filipinas, como sustitución de la selva en la frontera entre Camboya y Vietnam, donde se desarrolla la trama, la cinta ganó tres Globos de Oro: Mejor Película-Drama, Mejor director (Stone) y Mejor actor de reparto (Tom Berenger). Stone fue también nominado al Mejor Guión original. Un guión, cuidado al milímetro, que hizo que la película sea considerada una joya del género bélico, como se han visto pocas en la pantalla. A pesar de que directores como Michael Cimino o Francis Ford Coppola pusieron el listón muy alto a finales de los 70 con obras maestras como The Deer Hunter y Apocalypse Now, Oliver Stone aún no había dicho su última palabra sobre el tema. El cineasta ya tenía clara su vocación, golpear a la sociedad americana donde más le dolía: la guerra del Vietnam.

El film  empieza de manera sobria, pero impactante con el Adagio para cuerdas de Samuel Barber, una impresionante obra musical que nos hace presagiar la crudeza de los acontecimientos que el realizador irá mostrando sin rodeos. Contando con un impecable reparto de actores, empezando por el joven Sheen y acabando por Tom Berenger, en el papel del enloquecido, cruel y sádico sargento Barnes, sin olvidarnos del extraordinario Willem Dafoe, que interpreta a  Elias, el otro sargento y rival de Barnes, de Kevin Dillon, Forest Whitaker y de un jovencísimo Johnny Depp, que completan el pelotón enviado a lo más crudo de la frontera con Camboya, Stone va describiendo, casi poéticamente, el horror de la guerra.

En la película no se presenta al enemigo, el Viet Cong.  El director parece tener muy claro su intención, centrar la historia en el interior del ejercito americano. “Creo que la clave de la guerra se encontraba ahí. Había una carencia de propósito y de integridad moral; todos luchábamos por sobrevivir como individuos; contábamos los días como prisioneros hasta que nos íbamos. No había sentido moral ni sentido del triunfo en la lucha. El resultado es este vacío moral al que me refería antes y que fue lo que le dio ventaja al ejército norvietnamita, que en cambio, sí tenía un propósito moral unificado.  Nuestros principales enemigos éramos nosotros mismos. Con seguridad hacer esta película ha sido una catarsis para mí,” recordaba Stone en su encuentro con los miembros de la Hollywood Foreign Press Association (HFPA por sus siglas en inglés) en Diciembre de 1986.

El cineasta explicaba que su objetivo fue “documentar un momento de la historia en un lugar específico,”  recrear la realidad de Vietnam para que aquellos que estaban en sus casas o los que crecieran después de que la contienda hubiese terminado supieran, lo que fue vivir esa experiencia. “Lo que importa de esta película es el valor histórico. Uno se mete en esto para contar la verdad de lo que fue esa guerra, “ insistía el director.  Pero lo peor fue la decepción que sufrió al ver el poco interés que parte de la sociedad prestó a su historia, “sentí que a nadie en este país la interesaba saber la verdad sobre esta guerra. La indiferencia de la población y en algunos casos el odio y la violencia que experimentaron, los veteranos de guerra a su regreso a casa  es lo que les volvió locos a muchos de ellos,”  contaba Stone 

Para transmitir como fue esa experiencia el director y su equipo no escatimaron en detalles. La película, que contó con un modesto presupuesto de $6.5 millones, se filmó en Filipinas entre marzo y mayo de 1986, los meses del monzón y verano, tras la celebración de las elecciones presidenciales, que acabaron con el régimen represivo y corrupto de Ferdinand Marcos.  “La situación política durante la transición de gobiernos, no aseguraban que la filmación pudiera llevarse a cabo pero, al final, el nuevo gobierno, liderado por Corazón Aquino, suministró gran parte de los equipos,” contaba Stone, quien al principio no lo tuvo muy claro, ya que sin la ayuda militar era casi imposible filmar en ese país. Aunque parte del equipo y del reparto ya estaban allí, un pequeño grupo de actores se echó atrás. “Cuando supieron que tenían que someterse a un campamento de entrenamiento durante 14 días e iban a dormir en la selva, llamaron a sus agentes y cancelaron el contrato, “ explicaba Oliver Stone, quien no contando con la ayuda del Departamento de Defensa de Estados Unidos, cuya base naval prohibió a sus soldados participar en la película, reclutó a los extras entre los residentes de la zona, “Si, se corrió la voz de que no deberían cooperar con nosotros así que no nos quedó más remedio que buscar entre la población, terminamos usando a muchos ‘floaters,’ que es como llamaban a estudiantes procedentes de todo el mundo que, no se por que, iban a estudiar a filipinas. Entre ellos había australianos, americanos e incluso una tribu entera de nigerianos, que nos fueron de mucha utilidad para hacerles pasar por soldados americanos de color, contaba Stone.

Platoon, que fue concebida como una película sobre la guerra de Vietnam, a contrapunto de la euforia reaganista del cine norteamericano de la década de los ochenta, y para la que se preveía una difícil carrera comercial en Estados Unidos, consiguió convencer al público y a la crítica. Durante las primera siete semanas en cartelera recaudó más de 138 millones de dólares en todo el mundo.  Un éxito que se nos antoja como una jugarreta del destino.