Clara Lago: "A la comedia le tengo muchísimo respeto"

by Gabriel Lerman January 9, 2020
Actress Clara Lago

carlos alvarez/getty images

Ya era muy conocida en España cuando participó del elenco de dos de las películas más exitosas que se han hecho en la península, Ocho apellidos vascos y Ocho apellidos catalanes, y además ha desarrollado carreras paralelas en el cine estadounidense y argentino, en donde participó el año pasado en El cuento de las comadrejas de Juan José Campanella encarnando a una de las villanas de la historia. Esta actriz nacida en Madrid que comenzó a trabajar en cine y televisión a los 9 años se ha sumado ahora al equipo de Netflix, como una de las protagonistas de la serie El vecino que debutó en esa plataforma el pasado 31 de diciembre. La serie, cuyos primeros episodios fueron dirigidos por Nacho Vigalondo, es una historia que combina super héroes, extraterrestres y mucho humor para contar lo que ocurre cuando un madrileño típico (Quim Gutierrez) recibe el traje, los super poderes y el mandato de un visitante del espacio exterior para defender a los buenos de los malos, aunque por supuesto se olvida rapidamente de la última parte de la propuesta.

¿Qué te atrajo de la serie El vecino? ¿Nacho Vigalondo? ¿la historia de ciencia-ficción?

Fue un cúmulo de todo lo que me iba llegando.  Cuando leí el guión me pareció súper divertido y súper original. El hecho de que dirigiera los primeros capítulos Nacho Vigalondo también, porque me parece un maravilloso director y nunca había trabajado con él. Y luego el hecho de que fuera para una plataforma como Netflix, que ya sabes que tienes una visibilidad asegurada estupenda.  Y el volver a trabajar con Quim Gutiérrez, con quien trabajé hace muchísimos años, y me hacía mucho gusto volver a coincidir con él.

¿Qué fue lo que te gustó de tu personaje?

La construcción de Lola fue durante todo el proceso de ensayos, necesité un tiempo con Nacho y los guionistas para terminar de encontrla. Al final lo que más me gustó es que es un tipo de personaje que yo no había tenido que hacer demasiado hasta ahora, por el tipo de comedia. A mí me han dado más personajes como de tías más fuertes, más seguras, más seductoras, y Lola es súper torpe, mucho más insegura, más neurótica, y eso me gustaba, la verdad. Me parece súper tierno, y fue un gran reto, algo nuevo que no había tenido que trabajar demasiado, y menos desde la comedia. Eso me atrajo mucho también.

¿Cuál es para ti la clave para que la comedia salga bien?

A la comedia le tengo muchísimo respeto porque me parece el género más difícil. Creo que la comedia es difícil de manejar porque a veces es una línea muy fina entre quedarse corto o pasarse y que quede como sobreactuado, que tampoco hace gracia. Hay muchos tipos de humor, y es un género que tiene menos apoyo que otros. En el caso del cine y las series tienes el montaje o la música como apoyo, o en el caso de la ciencia-ficción los efectos visuales. Todo eso enriquece el género, pero en el caso de la comedia es un tema de guión, de tempo, de interpretación, no es que son matices que a veces están o no están. Es muy difícil convertir una escena que rodándola no era graciosa, en algo gracioso después. A mí me parece súper complicado, por eso le tengo tanto respeto y no me considero para nada una entendida. Veo mucha comedia porque me gusta, pero no me considero una actriz cómica, de esa gente que de manera natural hace gracia casi a su pesar, esa gente que abre la boca y ya estás sonriendo. Quizá alguien así te podría contestar esa pregunta. Yo creo que también tiene que ver con la seguridad con que lo hagas.

¿Entonces ha sido una casualidad que en tu carrera haya habido mucha comedia? ¿Te han visto haciéndola y no te han dado tantas oportunidades dramáticas?

No, ¡qué va! Al revés: durante el comienzo de mi carrera prácticamente sólo hacía drama. La primera comedia como tal que hice fue Primos, que yo tenía 19 años, ya llevaba 9 años trabajando en cine y en televisión, y era lo primero que hacía de comedia, y lo siguiente fue Ocho apellidos vascos, a los 24. Lo que pasa que como Ocho apellidos… fue un boom, de ahí que la gente quizá me ve más como actriz de comedia. Si ves mi filmografía, no es toda de comedia ni mucho menos. He hecho de todo.

Hablando de Ocho apellidos…, ¿eso fue una etapa que hubo que sobrevivir en tu vida?

No, fue maravillosa. Ocho apellidos… es algo único, histórico, que ha pasado en nuestro país, y yo me siento súper afortunada de haber formado parte de algo así. Es verdad que en aquel momento yo no lo sentía como algo mío, como si le estuviera pasando a otra, pero con el tiempo, cuando miras atrás, es algo muy bonito que te pase eso.

En Eltern, una película alemana, hiciste de argentina, y luego has vuelto a interpretar personajes argentinos en Al final del tunel y El cuento de las comadrejas. Esta historia con el acento argentino, ¿empezó en Eltern?

¿Puedes creer que esto me lo has recordado tú? Porque para mí en Eltern el gran conflicto fue el alemán, porque yo no hablo alemán, y solamente hablaba en argentino en un par de momentitos, en una llamada telefónica, pero mi gran gran gran reto en esa película, más que el acento argentino, que me lo inventé un poco porque tengo buen oído, pero para mí era secundario porque el gran tema en Eltern era hablar en alemán. Pero me lo acabas de decir, es verdad que yo era argentina y tenía un par de momentos en que hablaba con acento argentino. A mí me gustan los acentos, pero por el argentino tengo una especial debilidad, me fascina. Lo que pasa es que a la hora de trabajar, hacer de argentina es una dificultad enorme. Porque una cosa es hacer la broma con los amigos y otra interpretar un personaje, y hay que intentar que los propios argentinos lo escuchen y no les salte.

¿Cuándo empezaste a jugar con los acentos? ¿de niña?

Desde niña he sido muy teatrera, muy de imitar. Veía a una actriz y la imitaba, la forma en la que se movía, cómo hablaba. O una amiga que me gustaba cómo se reía, imitaba la risa. Siempre he tenido eso de ser un poco esponjita, y desde que empecé a ser actriz, con 10 años, todavía más. Creo que los actores en general acabamos convirtiéndonos en observadores profesionales del género humano, como que ya tienes una especie de foco puesto siempre. Yo creo que sí, que empezaría de muy pequeña a jugar con todo esto, a observar y a reproducir.

O sea que te podremos ver de aquí a unos años haciendo de mexicana o de colombiana sin ningún problema.

No lo sé, me parece mucho más difícil el acento mexicano y colombiano que el argentino. Me encantaría pero me parece muy difícil.

En El cuento de las comadrejas no era sólo que tú eras la extranjera sino que te tocó compartir el set con toda esta generación de grandes —y viejos— actores argentinos. ¿Cuán transformadora fue la experiencia de hacer esa película para ti?  

La experiencia de rodar El cuento de las comadrejas ha sido un regalo de la vida por poder trabajar con Juan Campanella, que para mí era un sueño —por supuesto por El secreto de sus ojos, pero por ejemplo para mí El hijo de la novia es una de mis películas favoritas de él desde siempre—, y trabajar con Oscar Martínez, quizá el que más conocía de todo el elenco, pero pronto me acogieron de una manera muy rápida… me adoptaron. Fue muy bonito la verdad, y poder estar con estos pesos pesados: ahí sí que te toca observar todo el rato, estar súper atenta a cada cosa que hacen, a cada cosa que dicen, ya sea dentro o fuera del set, porque cada uno es diferente, no todos hacen lo mismo, no todos siguen el mismo método, y es muy interesante ver cómo trabaja cada uno. Y fuera del set son gente que ha vivido cosas, así que escucho escucho escucho y agradezco el poder estar allí.

Volviendo a Eltern, me da la sensación de que un poco aventurera como actriz, porque irte a filmar una película a Alemania sin hablar alemán no es una apuesta fácil…

La verdad que después de años no entiendo cómo tuve el valor de hacerlo, porque realmente me parece una locura. Pues sí, es verdad que siempre me han gustado los retos, y también me han dado mucho miedo.  Cuando fui a rodar a Alemania le dije al director “¿Pero por qué me quieres a mí? Debe haber argentinas que hablen alemán. Es que las hay, seguro”. Pero por lo que sea me querían a mí. Es un reto y es una oportunidad única: verte en ésas, rodando una película en Berlín, hablando alemán, con un equipo alemán, una película que nunca se llegó a estrenar aquí en España. Son cosas que te hacen aprender mucho. Nunca me he considerado especialmente alocada o aventurera, pero veo las cosas que he hecho, las veces que me he tirado a la piscina y sin pensar… 

Veo en tu filmografía unos cuantos títulos en inglés, ¿hay un interés tuyo en probar suerte aquí, en Hollywood, o son casualidades?

Sí, yo ya llevo muchos años ya mandando audiciones y tengo agente y mi manager en Los Ángeles, y de vez en cuando intento ir allí, una vez al año por lo menos. Lo que pasa es que es un mercado muy complicado porque la competencia es inmensa. Es algo que siempre he querido probar, pero no es que esté obsesionada con eso, “ése es el fin último y si no sucede, nada habrá tenido sentido”, pues no, la verdad: me gusta mucho trabajar en España y me gusta mucho trabajar en muchos otros sitios. Pero sí me gustaría trabajar más allí.

Estudiabas de niña inglés, ¿no es así?

Tengo buen inglés porque me fui con 15 años a Michigan a estudiar un año ahí, entonces se me quedó bastante bien el idioma y el acento también.

Cuando vienes a Los Ángeles, ¿es un alivio que sólo te reconozcan los españoles que se te cruzan? Me imagino que en España debe ser bastante intenso, eres una figura muy popular ahí.

No te creas, tampoco es una cosa como de no poder caminar por la calle. Y además he estado muy acostumbrada desde pequeña, evidentemente no siempre con el mismo nivel de popularidad, con picos más altos y otros más bajos. Es algo que llevo bien, tampoco me supone demasiado. Me gusta mucho Madrid cuando no estoy rodando y puedo estar allí en mi casa.

De esto de que has crecido ante las cámaras y como actriz, ¿te quedó algún Plan B, algún sueño incumplido porque la actuación tomó todo tu tiempo?

Tanto como sueño no cumplido, no. Es verdad que nunca fui a la universidad y es algo que sí me hubiera gustado hacer en su momento pues estaban todas mis amigas. Pero decidí no hacerlo porque ya llevaba muchos años compaginando los estudios con el trabajo y me apetecía también descansar un poco y enfocarme en una sola cosa. Pero nunca me he planteado eso del Plan B, como que tengo muy claro que me gusta ser actriz, y si me lo siguen permitiendo ojalá lo pueda seguir haciendo mucho tiempo más. También soy una persona muy curiosa y muy inquieta y sí que tengo muchos otros intereses que voy cultivando cuando no estoy trabajando.