Cristóbal León: “La publicidad es un campo muy perverso”

by Rocio Ayuso March 11, 2020
Animation director Cristobal leon

Han pasado diez años desde que la semilla de La casa lobo comenzó a germinar. Detrás de esta película de animación de 73 minutos en stop-motion están los realizadores Cristóbal León y Joaquín Cociña, artistas chilenos que se embarcaron en esta aventura con una propuesta plástica y una conciencia política: evocar los horrores de la era más oscura de Chile mediante un plano secuencia siempre cambiante. El resultado fue un filme oscuro que en 2018 estuvo presente en la Berlinale, nominada en los premios Platino y en el Festival de San Sebastián y ganadora del premio del jurado del Festival de Annecy, la meca de la animación. Ahora llega su estreno en Nueva York y Los Angeles y Cristóbal León nos adelanta en esta conversación las claves para entender su película.

¿Cómo nace La casa lobo?

Nace como un título. Habíamos hecho los cortometrajes Lucía y Luís y pensamos en una trilogía con El lobo. Cada corto pasaba en una habitación y queríamos que la tercera fuera un largo de muchas habitaciones, de ahí lo de La casa lobo. Eso fue hace 10 años. El filme nace también como una propuesta técnica y estética, un plano secuencia en el que se produjera una transformación constante. En 2012 empezamos a escribir el guion y ahí se coló el tema de Colonia Dignidad, una secta fundada por alemanes en el sur de Chile. Un tema tangencial pero que se comió la historia. Era una secta liderada por un pedófilo y con múltiples puntos de contacto con Pinochet que filmaban muchos documentales para difundir una imagen idealizada dentro de la colonia. Imágenes con familias felices cuando lo que se vivía era un infierno. Como no pudimos acceder al archivo fílmico nos planteamos qué pasaría si alguien se encontrara unas imágenes perdidas pero que fueran una película de animación, como si el líder de la colonia hubiera sido una especie de Walt Disney, pero muy terrible. Para 2013 comenzamos el rodaje y nos demoramos 5 años.

Fue un largo proceso de producción incluso en animación independiente.

Como venimos del mundo de las artes visuales y lo que hacemos son exposiciones e instalaciones decidimos rodar La casa lobo en exposiciones y galerías de arte, durante una serie de 15 instalaciones principalmente en Chile, pero también en Alemania y Holanda. Instalábamos el set en el museo y trabajábamos dentro del recinto. Nos convertimos en esos dos tipos en una instalación que todos los días iba cambiando. Fue una estrategia para conseguir el presupuesto que necesitábamos tanto del cine como de las artes visuales. No se si es muy recomendable esta financiación, pero hizo posible algo que de otra forma no lo hubiera sido, aunque lo ralentizó todo mucho porque la energía iba destinada a movernos de un lado a otro, instalar y desinstalar en lugar de a la producción. En lugar de dos años y medio nos tomó cinco. Pero también tuvimos un contacto con el público muy lindo una experiencia de la que disfruta siempre la gente del teatro, pero no en otras artes plásticas.

¿Cómo os dividís las tareas de dirección?

Los dos hicimos de todo y vamos conversando cada decisión. En el proceso de La casa lobo no hubo roles muy definidos. Contamos con un equipo de unas diez personas en total y con ayuda espontánea durante la exposición, pero el grueso del tiempo fuimos nosotros dos.

¿Es fácil asumir que los hermanos Quay o Jan Svankmajer están entre sus ídolos en animación?

Totalmente. Son un referente, aunque los empezamos a conocer más a medida que nos lo fue diciendo la gente. Yo hacía animaciones cuando conocí a Joaquín Cociña, que hacía dibujos a carbón, y le propuse animar su trabajo. Así comenzamos a trabajar juntos y luego nos fuimos enterando de otros profesionales animados.

A scene from "La casa lobo", 2020

Una escena de La casa lobo.

 

¿Qué fue más dura, la producción o la distribución?

Acabada la producción todo fue bastante fluido. Aceptaron la película en la Berlinale y desde ahí la pelota rodó sola a Annecy, Japón, Grecia, Corea. Ha sido maravilloso. Sabíamos que habíamos hecho una película extraña, radical, y pensábamos que la mitad del público se saldría de la sala, pero nos encontramos con todo lo contrario. Todavía me parece un milagro. Unos conectaron con el tema de la dictadura y la opresión, pero la película es mucho más universal.

¿Han tenido respuesta de profesionales de la animación?

La animación profesional está más vinculada al género infantil y no es el caso de esta película. Me encantaría saber qué piensa Henry Selick o los hermanos Quay, David Lynch o Svankmajer. Lo que pasa en Europa en Annecy, es que tienen una gran tradición en animación que me da una gran envidia, pero están tan metidos dentro de una escuela que les cuentas algo distinto y para ellos es mu refrescante.

¿Y ahora, qué? ¿Cómo se gana la vida un director de cine animado independiente?

La casa lobo nos ha envalentonado para hacer un cine muy de autor y que aún así pueden conectar con el público. A mi me dio confianza para explorar en el mundo del guion. Quiero escribir más. Mientras, nosotros vivimos de comisiones. Como venimos de las artes plásticas vendemos obra o impartimos clase. Hacemos muchos talleres. Pero evitamos trabajar para el campo de la publicidad porque es muy perverso.