Daniel Hendler: "Me regalaron cosas hermosas"

by Gabriel Lerman October 3, 2019
Director Daniel Hendler

lalo yasky/getty images

Fue una de las presencias latinoamericanas en el reciente Festival de Toronto, al que llegó por partida doble, como protagonista de la candidata de Uruguay al Oscar, Así habló el cambista de Federico Veiroj, y como parte del elenco del filme argentino Los sonámbulos, de Paula Hernández. Actor fetiche de Daniel Burman y protagonista de uno de los primeros filmes de Damián Szifrón, El fondo del mar, el uruguayo Daniel Hendler es uno de los rostros más reconocibles de la cinematografía rioplatense, habiendo encabezado el elenco de filmes como El abrazo partido, Esperando al mesías, 25 watts, Derecho de familia, Mi primera boda y Vino para robar. Además, ha dirigido Norberto apenas tarde y la notable El candidato.

Asististe al Festival de Toronto con una película uruguaya y una argentina, que muestran las dos facetas principales de tu carrera a los dos márgenes del Río de la Plata. ¿Te sientes identificado en esta dualidad?

Sí. En realidad encuentro otras dualidades también ahí. Más que con la nacionalidad, que de hecho son coproducciones, una es mayoritariamente argentina y la otra uruguaya, otras dualidades con los tipos de cine, son dos películas muy, muy distintas pero al mismo tiempo confluyen en que son directores honestos, que son con los que más me gusta trabajar. Lo digo por la mirada del mundo que cada uno necesita contar en su película y no puede transferirlo a otro lenguaje que no sea el cinematográfico. Ambas experiencias me interesaron mucho.

Una de las características de tu carrera es que has representado muy bien al ciudadano común. Sin embargo, en Así habló el cambista rompes totalmente con ese modelo. ¿Cuán difícil te resultó? ¿O es más difícil cuando los personajes se parecen a ti?

Es más difícil cuando los personajes se parecen a mí. Porque el actor a veces fuerza un poco una tendencia a querer alejar a los personajes cuando a veces no es necesario. O sea, cuando un personaje puede ser contado a través de tu cuerpo y el cuerpo no solamente ya tiene una historia –que vos podés modificar- tiene un sistema nervioso autónomo, algo intransferible que a veces, en el afán por lucir nuestras transformaciones, terminamos logrando cierta inorganicidad porque estamos diseñando, y podemos llegar a lograr alguna aprobación por lucir capacidades camaleónicas pero con esto le quitamos humanidad al personaje. Cuando el personaje puede reírse como uno no hay por qué obligarlo a reírse de otra manera. Prestarle nuestra experiencia corporal a los personajes es un acto generoso y no tan fácil como cuando tenemos algo para imitar. Por ahí es un trabajo más exterior. Pero no es algo que yo haga muy conscientemente, o que elija los papeles por ese tipo de cosas. Elijo por los directores o por el guión. Pero cerrando la pregunta, sí es cierto que el del cambista es probablemente uno de los personajes en cine en los que más me transformé.

¿Cómo fue el proceso? Porque, aparte, vemos a este hombre a lo largo de varias décadas.

Sí, y tuvo su dificultad porque incluyó dificultades técnicas. Por ejemplo, usé unos dientes postizos que modifican desde la forma de hablar hasta la de pararte, porque uno cuando empieza de forma natural a incorporarlos te modifican mucho. También surgieron algunas dificultades, por ejemplo en las escenas donde tenía que comer, porque yo no podía masticar realmente, no tocaban mis dientes, entonces había algunas destrezas y astucias técnicas que atentaban contra la relajación en escena.

Trabajaste con Dolores Fonzi años atrás, en El fondo del mar, para Damián Szifrón. ¿En qué medida fue distinto el trabajo al de aquella ocasión?

Crecimos mucho, creo. Pasó mucho tiempo y yo al menos puedo ver a ella como a una actriz mucho más madura. Me gusta mucho el trabajo que hace en El cambista. Me parece que sí ayuda cuando uno se reencuentra con viejos compañeros. Hay una complicidad ya tácita desde el inicio, un camino allanado que en el caso de Dolores, que es una persona también con mucho sentido del humor, es fundamental.

¿Es cierto que Daniel Burman te encontró en un teatro de Montevideo?

Sí. En realidad fue a ver a Walter Reyno, un actor uruguayo que falleció, que fue uno de mis maestros, con quien yo estaba actuando en La valija, una obra de teatro de Julio Mauricio en el Teatro Circular de Montevideo. Lo fueron a ver a él para un personaje en Garage Olimpo, una película italiana en donde Burman era productor ejecutivo. Y ahí vieron que yo podía llegar a ser uno de los personajes de esa película, y me pidieron para hacer una prueba filmada ahí, al término de la función, pero yo tenía que irme porque empezaba un festival de teatro en Porto Alegre un par de horas después y tenía que pasar por lo de mi abuelo que tenía un festejo. Me parece que interrumpir la prueba para ir con mi abuelo lo conmovió a Burman. Creo que fue la mejor forma de hacer esa prueba y de mostrarle que tenía otras prioridades. Y entonces se acordó de mí tiempo después y me llamó para Esperando al mesías que fue su segundo largometraje y el primero de los que hicimos con él.

¿Qué crees que hubiera pasado en tu vida si esa casualidad no se hubiera dado?

Es una buena pregunta para hacerse. Por un lado, yo estaba preparado para saber aprovechar una oportunidad tan linda como esa, porque creo que, de alguna manera, internamente yo me venía preparando, me gustaba mucho el cine y me lo tomaba muy en serio. Tenía mi grupo de amigos con los que ya filmábamos pequeñas cosas y que ya estábamos también pensando en 25 watts, que de alguna manera yo iba a iniciar algún camino. Pero es verdad que esa oportunidad de un primer largometraje protagonizando junto a Héctor Alterio, Stefanía Sandrelli y actores de mucha trayectoria, fue una oportunidad de la que estoy muy agradecido. No soy de los que andan diciendo por ahí “A mí nadie me regaló nada”, a mí me regalaron cosas hermosas; y espero cada vez que puedo también poder estar a la altura de eso. Creo que se necesita un poco de suerte, y yo tuve de sobra.

¿En qué medida la conexión judía que tenían con Burman propulsó la dinámica que tuvieron en varias películas?

Fueron 4 y después yo coescribí, colaboré, en un guión de él y coproduje otro. Y ahora estamos escribiendo un guión para su próxima película, en la que voy a actuar, o sea que es la primera vez que voy a coescribir con él y a la vez actuar. Sigue de alguna manera la colaboración, pero en este caso sin judaísmo de por medio, porque a mí como actor no me reportaba un beneficio verme encasillado en ningún sector étnico. Y entonces en algún momento le pedí que en la próxima película mi personaje no fuera judío. Y ahí tuvimos un período de recreo, en el que trabajó con otros actores. Yo en ese sentido tengo otro vínculo con el judaísmo que él. El interés en el mundo judío viene de su lado. Es su universo y su mirada sobre el mundo judío.

Trabajando con él ganaste el Oso de Plata en Berlín. ¿Qué cambió para ti?

No sé si fue único momento donde se produjeron cambios importantes para mí, pero sin duda eso sí fue algo inesperado. Y me abrió puertas. Un poco quizá por fóbico, cuando me pasan cosas así me escapo un poco, entonces no me atreví a entrar por algunas puertas que se abrieron en ese momento. Pero igual siento que sí, que me favoreció mucho y que también me trajo buenas oportunidades.

¿Te refieres a agentes en Estados Unidos, propuestas en el exterior?

Claro, hubo en ese momento rápidamente cosas que se encadenaron, unas propuestas de trabajar afuera que no agarré. Supongo que también había algo así de un miedo que me agarró, miedo a perder algo que yo disfrutaba mucho que era trabajar con gente cercana, y hacer esas películas que tanto me gustaban y me siguen gustando. Me parece que algo ahí boicoteé yo también, pero hubo también lindas oportunidades que sí tomé, no inmediatas,.

Porque qué necesidad tienes de irte a trabajar a Alemania cuando en tu lugar te están ofreciendo trabajo todo el tiempo...

Exacto. Y sí… Cuando uno tiene el privilegio que es trabajar con gente que aprecia y admira haciendo lo que a uno le gusta. A veces hay un lobby que hay que hacer para iniciar caminos nuevos. Cuando uno está contento con un camino, es muy costoso, y el actor se vale de sus experiencias vitales y de la observación del mundo que lo rodea, y entonces si uno se aliena mucho en la misión de conseguir algo y abrir caminos nuevos, también pierde un poco ese rastro humano del que se nutre.

¿Cuán difícil es encontrar un equilibrio entre tu necesidad de lo privado y que de golpe te reconozca todo el mundo por la calle?

Eso fue en los períodos que yo he estado en la tele. Ahí sí uno tiene mucha exposición y en la calle cambia un poco todo. Pero después es muy inmediato, cuando te bajás de la tele por ahí te reconocen, pero se apaga esa histeria que genera la televisión. Eso es algo que más o menos he tratado de regular en un equilibrio que compense las necesidades económicas y también mediáticas, porque a veces un actor necesita estar más expuesto. Como además yo dirijo, también paso un período largo escribiendo o dirigiendo, entonces está bueno también salir y que se vuelvan a acordar de vos.

La gente, probablemente, cuando ve que diriges, piensa que es algo reciente, pero empezaste a dirigir desde muy chico, ¿no?

Si, desde chico yo siempre hice las dos cosas. Cuando empecé dirigía un grupo de teatro, que éramos compañeros de la escuela. Después empecé a vivir de la actuación; entonces es verdad que como es mi sustento, no solo trato de no descuidarlo sino que a veces sí te lleva a un encadenamiento de proyectos que te dejan poco tiempo para otras cosas. Y ahí me parece que, en general lo siento como un privilegio, es que hay veces que sí o sí necesito sentarme a escribir o dirigir algo, y entonces ahí interrumpo la actividad actoral. Y no al revés, que es el problema que por ahí tienen otros amigos, que viven de ser directores y que una vez que terminan algo tienen que pensar qué es lo próximo que van a filmar. No siempre están motorizados por algo tan comprometido internamente o que necesitan contar sino por circunstancias, o incluso a veces, en los peores casos, por estrategias. A mí no me pasa. Cuando una historia me toma a mí no tengo otra opción que querer contarla; pero espero que esas ideas sean las que me arrastren y no ser yo el que trate de hallarlas. Eso es lo que me ha permitido que cada cosa que dirigí de verdad era algo que necesitaba hacer.

¿Te hubiera gustado que El candidato tuviera más repercusión?

Yo lo sentí como una linda repercusión. Es una película muy pequeña en términos presupuestarios y también pequeña en el sentido de que es una película con una historia que sucede en un lugar reducido. Yo estoy contento, se vendió a Netflix, recibí lindas cosas. Fue lindo el recorrido que hizo.Uno siempre puede fantasear de más, pero yo tengo eso ahí de precavido y trato de no hacerme más expectativas. Para el nivel de expectativas que teníamos con mis socios, quedamos contentos. Hice la película que quería, no perdimos plata, trabajé con los actores que me gustaban. Es un privilegio eso y por eso tengo que estar muy agradecido.