Dolores Fonzi: "Nunca se termina de aprender"

by Gabriel Lerman October 23, 2018
Actress Dolores Fonzi

pascal le segretain/getty images

Es una de las actrices más populares y prestigiosas de su generación en Argentina, y sin embargo no dudó a la hora de sumarse a la reciente lucha por la despenalización del aborto en esa nación, marchando por las calles como una más. Madre de los hijos de Gael García Bernal, con quien convivió durante muchos años, Dolores Fonzi suele ser parte de elencos de primer nivel, como ocurrió en las recientes La cordillera, Truman y Nieve negra, algunas de las películas en las que compartió cartel con Ricardo Darín. Curiosamente, si bien ha trabajado anteriormente en España, su labor como actriz se ha concentrado en su país, por lo que su papel protagónico en la producción mexicana Restos de viento de Jimena Montemayor puede ser un paso clave de una carrera internacional. Allí encarna a la madre de dos niños que debe procesar una tragedia reciente que ha transformado para siempre su vida y la de su familia. El film ganó el premio Mayahuel a la Mejor película en el Festival de Cine de Guadalajara, así como el Mezcal al Mejor director y el que otorga la FIPRESCI, y por eso será proyectado este sábado 27 a las 8:30 pm en el TCL Chinese Theater durante el evento anual FICGinLA, que recoge lo mejor de lo que se vió en el principal certamen cinematográfico de México. Llamamos a Dolores a Argentina para hablar sobre su primera incursión en el cine mexicano.

¿Cómo se dio esta posibilidad de ir a filmar a México?

La directora, Jimena Montemayor, había visto material mío y a través de un amigo en común se contactó conmigo. Fue muy inusual porque nos conocimos en persona días antes de empezar a rodar. O sea, hicimos todo el trabajo por Skype unos meses antes. Ella confió plenamente en nuestra relación cibernética, más allá de que ella quería que yo haga al personaje. Yo leí el guión y me sentí muy identificada y me atraía mucho contar el relato de un duelo, pero el proceso de trabajo, fue vía Skype. Yo estaba filmando otra película y pude recién llegar a México 4 días antes de empezar el rodaje. Llegué un jueves y el lunes empezamos. El viernes hubo lectura del guión y me junté con los dos niños que iba a hacer de mis hijos. Fue inusual en ese sentido porque cuando trabajé en España siempre pude viajar una semana en el medio para ensayar y volver.

¿Habías vivido allí?

 “Vivir vivir”, no. Yo sí fui mucho, viajes, Navidad, vacaciones, perno nunca había vivido en México.

En la película estás todo el tiempo con los niños, básicamente. ¿En ese sentido cómo fue la filmación?

Creo que ser madre me ayuda muchísimo para relacionarme con niños, y la producción y Jimena habían estado mucho con los niños preparándolos. Llegué y ya había un sistema establecido muy amoroso, de juego total y hubo mucha improvisación. Sabíamos qué escena teníamos que hacer pero después, para llegar al texto, lo hacíamos de una manera muy lúdica. Y los dos niños eran muy amorosos y muy particulares. obviamente por eso fueron elegidos, pero fue como formar parte de una gran familia. Trabajar con niños es complejo, y en este caso no se sintió esa complejidad porque trabajábamos en función de ellos y el guión está escrito desde su perspectiva. Ya había trabajado con niños, pero en este caso estaba eso que se dice y que no se dice del duelo del padre que está y que no está, en donde la madre todavía no puede soltar su presencia y los niños a través del juego en la película se van relacionando con la pérdida del padre. Todo eso ayudó mucho a que sea llevadero y que los niños se diviertan filmando.

La mayoría de los actores dicen que no tienen que juzgar a sus personajes, pero por otro lado, siendo mamá, me imagino que había escenas donde la hubieras querido abofetearla un poco. ¿Cómo fue esa relación con esta mamá un poco irresponsable?

Hay algo que a mí me ayudaba para la construcción del personaje, que es la época. En ese entonces la crianza era distinta. Uno hoy como padre o como madre se esfuerza por hacer hincapié en las particularidades de cada niño, en potenciar las individualidades, y en la época en que nosotros éramos niños no era así. A la hora de criarlos, los niños eran todos más o menos lo mismo y se acoplaban a la vida del adulto. Es cierto, esta mujer no puede dejarlos ir solos al colegio, o no pueden no comer, pero dentro de esa época siento que había más permisos, como que la paternidad y la maternidad se consideraban de otra manera, entonces me agarré de la época para poder construir a Carmen sin juzgarla. Y entendiendo que un duelo es algo muy personal, es muy difícil juzgar a las personas que atraviesan esa experiencia porque es tan personal que cada uno lo vive como puede. Entonces, en ese sentido me atraía también esa cosa de Carmen tan suelta de responsabilidades maternas. Y me atraía también poder interpretar a una mujer que es madre pero a la vez está atravesada por una situación muy particular y muy radical, por lo que me permití vivir el proceso del duelo desde la actriz, sin culpa.

Jimena decía en una entrevista que quería una actriz que no fuera de México para resaltar la desconexión que Carmen tiene con el mundo que la rodea. ¿Cómo jugó eso en tu interpretación o en el planteo de tu personaje?

Claramente el desarraigo de Carmen, pero también el mío porque solo estuve un mes en México, ayudaba a contar ese aislamiento que sucede cuando uno está atravesando una situación tan particular, tal como dijo Jimena,  Sí, siento que el desarraigo le da a Carmen un color distinto, y que no es lo mismo ser alguien que está en un pueblo, que vive la vida siempre en un mismo lugar y tiene un círculo social a ser una mujer argentina que se casa con un hombre de otro país y deja todo por ese hombre y de repente que ese hombre desaparezca le da otra fuerza a ese perder el suelo. Siento que es una mirada inteligente sobre el guión elegir a una actriz de otro lado para que se acentúe el desarraigo y la soledad cuando el marido, el compañero, desaparece, más allá de que después la película pone en evidencia que la relación no estaba en su mayor plenitud.

¿Te genera una sensación un poco extraña que esta película no tenga un nivel de exhibición en Argentina como las otras en las que has trabajado sólo porque es una producción mexicana?

Si. El sistema de cine en el mundo hace que este tipo de películas tan pequeñas queden un poco invisibilizadas. Después, confío en las películas; si la película no hubiese sobresalido en el Festival de Guadalajara, nadie hablaría de ella. En este tipo de películas hay que trabajar mucho en el sistema, en la distribución, en cómo las producciones empiezan a enlazarse unas con otras, en cómo se redistribuye la forma de hacer cine.

¿Por qué se te hace tan difícil convertirte en directora siendo una persona conocida en Argentina?

Antes había más aval para las operas primas y ahora tenés que cumplir con muchos requisitos o simplemente presentarte a concurso, en donde ganan dos películas de todas las que se presentan. Le han quitado mucho aval a las operas prima. Aunque yo esté en la industria desde hace 33 años tendría que tener películas en mi haber para poder filmar. Si a los directores consagrados les está costando, imaginate a mí.

¿Alguna vez te planteaste irte a probar suerte a otro país?

No… Yo no creo mucho en “ir a hacer la América”. Me gusta mucho lo que empieza a pasar desde lo que hago acá, de la plataforma de lo que vengo haciendo en este país. Me empiezan a llamar de otros lados y creo que es lo que más me gusta, irme a trabajar desde un espacio que me pertenece, no desde intentar hacer un camino nuevo en otro lugar sino potenciar lo que ya estoy construyendo acá.

¿Cuando ves las películas que hiciste cuando recién empezabas, en que crees que has cambiado?

En principio me siento mucho más segura en el ámbito laboral. Ya se cuales son mis lugares de placer en el rodaje, en la espera, en hacer vínculo con el equipo técnico que me parece fundamental para poder trabajar tranquila, en que todo el clima esté en armonía. Me ocupo mucho de eso, de tener buen trato y de tratar de armar un clima de trabajo amoroso. Y eso sí lo aprendí con el tiempo. Y después, como actriz sí me siento mucho más segura, porque soy más grande, ya trabajé mucho y entonces desde la actuación y las herramientas siento que estoy mucho más plantada. Nunca se termina de aprender, y nunca te sentís del todo segura, y siempre antes del primer día de rodaje es como empezar el primer día de clases, pero ya lo conozco. Eso es algo que te da la experiencia.

¿Qué es lo que te lleva a decir que sí hoy en día cuando te envían un proyecto?

La conexión con el director o directora, la historia, si me representa o no, si tengo algo para contar que me parece importante, como dejar en evidencia algún discurso que caducó y que nos viene bien remarcar, o todo lo contrario, un discurso que viene a mostrar el camino de algo. Me gusta mostrar mujeres fuertes con decisiones fuertes. Puede ser muy variada la razón por la que me agrada hacer una película, puede ser porque voy a actuar con amigos o porque quien la va a hacer, director o directora, me cayó bien, o sólo por el guión. Hay un montón de variables.

Usaste tu celebridad argentina para luchar por una causa como la despenalización del aborto. ¿De qué manera te transformó como persona esa lucha y qué fue lo que aprendiste?

Fue muy gratificante en muchos sentidos. Obviamente que fue militar en una causa, que es ponerle el cuerpo y es un gran trabajo no pago. Pero la verdad que me quedo primero con un grupo de mujeres por el cual me siento apoyada y acompañada. Segundo, que si trabajás por una causa justa, que tiene que ver con el bien común y con mejorar la calidad de vida de las personas no hay manera de que eso te traiga algo malo. En mi caso siento que fue así, cuando trabajás con convicción por algo, siento que es algo que se ve y yo lo hice desde ahí. Me atravesó. O sea, se abrió el debate en diputados por el aborto y me atravesó la necesidad de ponerle el cuerpo y así fue. No tuve ninguna duda de lo que tenía que hacer...