Eduardo Blanco: "Los actores hacemos más fracasos que éxitos"

by Gabriel Lerman June 6, 2019
Actpr Eduardo Branco

samuel de roman/getty images

En Alta mar, la nueva serie española que ha llegado a Netflix, encarna al capitán que lleva a un barco de lujo a Río de Janeiro en la década del '40. Sin dudas es todo un lujo teniendo en cuenta que a Eduardo Blanco, el actor argentino que ha brillado en la trilogía de éxitos de Juan José Campanella El hijo de la novia, Luna de Avellaneda y El mismo amor, la misma lluvia, en los últimos años no se lo suele ver muy seguido en la pantalla gracias al suceso de la puesta teatral del mismo Campanella, Parque Lezama, una adaptación de I'm Not Rapaport de Herb Gardner que tras 2 años en cartel en Buenos Aires llegará a finales de agosto a Madrid. Blanco, que reparte su tiempo entre España y Argentina, conversó con nosotros desde la capital española sobre su último trabajo y una carrera que ya se extiende a lo largo de 4 décadas.

Me da la sensación de que eres un actor muy selectivo. ¿Qué fue lo que te llevó a comprometerte en esta serie de varios episodios?

La realidad es que no siempre hay una cosa, siempre son una serie de circunstancias. Uno de los motivos se llama Pepe Sacristán. Cuando a mí me lo ofrecieron él ya estaba en el elenco. Además es toda una aventura nueva, porque es la primera vez que trabajo para una plataforma. Es una producción de la empresa Bambú directamente para Netflix; y esto no pasa por ningún canal de televisión, y entonces es como un mundo nuevo, y esto también me resultaba excitante. Es más, yo estaba en España en ese momento haciendo en teatro El precio de Arthur Miller. Se daban todas la circunstancias y por eso dije “Bueno, me subo a este barco aunque lo tenga que conducir yo”.

¿Influye en algo saber que esta producción va a llegar instantáneamente a 180 países en el mundo?

Cuando uno hace un trabajo no piensa en eso. Uno participa en contar historias ya sea en teatro, cine, televisión, televisión de aire, llamémosla así, exactamente igual que en una plataforma. Lo que sucede es el después que no está en manos de los actores. Yo antes tenía la sensación de que el teatro o la televisión inclusive viajaban de a pie y el cine lo hacía en avión. Ahora la sensación es que, ya que estamos hablando de un barco, de que el cine viaja en barco y lo que viaja en avión supersónico son las plataformas. Porque esto es impensado, sí, creo que son 180, 190 países y con un público potencial de 150 millones de personas. ¡Es un número que yo creo que ni siquiera escribí alguna vez! De todos modos, uno va a hacer el trabajo con el oficio y la profesionalidad y todo el empeño que uno pueda poner cada día, y va a tratar de hacerlo mejor cada día sin pensar en eso.

Me da la sensación de que eres uno de los actores argentinos que están mejor posicionados en España en este momento. ¿Tú crees que el hecho de ser hijo de gallegos te preparó para poder trabajar en los dos sitios?

No. Ser hijo de gallegos lo que tiene en todo caso es algo, digamos, de un recorrido emocional, que tiene que ver con la afectividad y nada que ver con la cosa profesional. Mis padres son gallegos y vivirían digamos a unos 20 kilómetros uno del otro pero se conocieron en Argentina. Yo la primera vez que estuve en Galicia, en la casa de uno y de otro, cuando fui a conocer nada tenía que ver con lo profesional y sí un sentido de pertenencia, con alguna experiencia que me resultó increíble, como por ejemplo estar en la tumba de mi abuela materna que yo no conocí, porque cuando mi madre fue para Argentina ya había muerto, y caérseme las lágrimas de emoción. Entonces cuando vine a España por primera vez me sentía que estaba en mi segunda casa y así todavía lo siento al día de hoy. Pero no veo a España o a Galicia en particular ligadas a mí de una manera profesional. La verdad es que he tenido mucha suerte a partir de El hijo de la novia. Desde esa época yo vengo a trabajar aquí.

 

A scene from "Alta Mar", 2019

Eduardo Blanco en una escena de Alta Mar.

netflix

 

Hablando de España y Argentina, uno de los mejores trabajos de tu carrera fue en Vientos de agua, que tuvo mucho éxito en Argentina pero no en España. ¿Te quedó un poco de frustración de que esa serie haya quedado tan limitada?

De todos mis trabajos Vientos de agua es el que me conecta a una cosa más emocional que profesional. Entre otras cosas, porque yo fui uno de los armadores de ese proyecto, que habla de mí, habla de vos, y habla seguramente de tus amigos y tus familiares de Argentina o de España, inevitablemente habla de todos nosotros porque cuenta varias historias a la vez. Por otro lado creo que nos adelantamos a la época, porque hoy en una plataforma como Netflix tendría un boca en boca fulminante. Y otra cosa que tengo para decirte es “No es tan así”. ¿Y por qué te digo esto? Porque vos decís que Vientos de agua no funcionó en España. Fue en la televisión de aire, hicieron una emisión y como salió segunda, con unas críticas espectaculares, al otro día decidieron pasar de los martes a las 10 de la noche a los viernes a la 1 de la mañana. Pero durante todo el año 2006 en España el DVD más vendido fue la serie americana Lost y el segundo fue Vientos de agua. Hace 15 años ya que la hicimos, y recibo comentarios como si estuviera la gente todavía viéndola.

Conociste a Juan José Campanella cuando los dos eran estudiantes. ¿Crees que hubieras encontrado el éxito y un lugar en tu profesión si ese encuentro temprano no se hubiese dado?

¿Y cómo saberlo? Yo creo mucho en los caminos que unen a las personas, y que en los caminos van sucediendo cosas si uno está atento y es creativo.No digo que uno tiene que estar permanentemente tratando de ver qué percibe, pero es así como funciona, un poquito más naturalmente, más armónicamente. Suceden por algo. Y esos caminos se entrecruzan. Con Juan José Campanella como con Fernando Castets, que fue coguionista de varias de sus películas, somos amigos desde que teníamos 20 años y ellos estudiaban cine y yo teatro y coincidimos en un largometraje que ellos hacían en súper 8. Pero no es que hicimos esa película y se terminó. Durante la filmación soñamos una obra de teatro, que ellos escribieron. Y se estrenó en la Argentina en el año 82. Le fue espectacularmente bien en el marco del off. Se llamó Off Corrientes, justamente, y los protagonistas eran dos estudiantes, uno de cine y otro de teatro en búsqueda de ese espacio que uno quiere conseguir cuando abraza algo con pasión. Después Juan se fue a estudiar a Estados Unidos, Fernando intentó hacer sus cosas, yo las mías.

Juan estuvo 9 años viviendo en Nueva York sin volver a la Argentina, y cuando volvió, nos volvimos a encontrar y tuvimos un sueño. Dijimos “¿Y si volvemos a hacer algo los tres juntos”? Bueno, ese fue el embrión de lo que fue dos o tres años después la película El mismo amor, la misma lluvia, que te diría que es la que de alguna manera nos abrió las puertas a los tres. Por ejemplo, para hacer El hijo de la novia, que ese ya fue un éxito internacional y nos abrió más puertas. Fue todo un camino, aunque tranquilamente cualquiera de los tres en ese recorrido pudo haber abandonado ese camino, porque siempre en los caminos hay muchos altibajos, porque uno tiene hijos, que tienen esa maldita costumbre de querer comer todos los días… (risas) Y bueno, cosas como esa a uno lo pueden hacer trastabillar y decir “Mejor me busco un trabajo en serio”.

¿Cómo te llevas con el éxito?

Es muy fácil confundir el éxito. Es un tema muy complicado en este momento para la gente muy joven. Pues yo recuerdo una vez, y muchas veces conté esta anécdota, mi hijo estaba en el colegio primario y un día lo voy a buscar y había ahí una pizarra, con una encuesta que le habían hecho a los chicos, no me acuerdo si de 11 o 12 años, que egresaban de la primaria, de qué querían ser. La famosa pregunta de cuando sean grandes, y casi un 70 por ciento contestaban “famoso”. Te estoy hablando de mi hijo que tiene 31 años cuando tenía 9 o 10, así que imaginate la cantidad de años: en los '90 ya contestaban “famosos”, no “un médico famoso”, “un actor famoso” “un ingeniero”… No. “Famosos” era el rubro que tenía más de un setenta por ciento. Me pareció tan peligroso, porque eso sí es como la nada misma. Porque si vos me decís, un doctor famoso, un actor famoso, bueno, eso es algo. Ahora, si vos decís “famoso” es como rubro, lo mismo con “exitoso”, un rubro vacío.

Pero sin duda lo decían porque no tuvieron la experiencia de ser famoso y estar comiendo en un restaurante y que todo el mundo te pida un autógrafo o una foto, o tratar de caminar por la calle y que todo el mundo te trate como si te conociera de toda la vida.

Lo que pasa es que yo no me considero famoso, me considero un actor reconocido. A los famosos yo los meto en otro rubro, sinceramente. Los meto más en el rubro de la televisión de aire. Si lo traslado a Argentina, te puedo preguntar quién es famoso, y bueno, famosos son Susana Giménez, es Tinelli, Suar, más allá de que él también es es actor.

Un Ricardo Darín…

Ricardo Darín es un actor, muy prestigioso que sí es famoso, ponele que fuera la excepción. No sé si logro explicar lo que quiero decir con esto. La verdad es que lo que recibo siempre de la gente es mucho respeto, admiración, alguno que se desubica… Depende del momento en que te agarre, si muchos te vienen a expresar su admiración al mismo tiempo, bueno, puede ser muy tedioso. Pero en general me gusta definirme como un actor reconocido, pero en todo caso no le hago el juego a la fama. Conozco muchos que sí lo hacen. Podría, por ejemplo, decir en este momento “estoy en la plataforma de Netflix y me cuentan que en Argentina ahora la calle está llena de afiches con mi cara. En España hace años que yo recibo la consideración y el afecto de la gente, y me siento muy querido. Me siento muy querido también por los compañeros con los que me ha tocado trabajar, del medio artístico español. Así que me siento muy querido y respetado, pero podría contártelo de otra manera. Me gusta un poco bajar la pelota a tierra y decir “Bueno, nosotros hacemos esto, qué bueno que esté resultando exitoso, pero lo que resulta exitoso, por lo menos como lo vivo yo, es Alta mar. O sea, nosotros los actores hacemos más fracasos que éxitos. Incluido Ricardo Darín, o Pepe Sacristán, preguntale a cualquier actor a ver qué te cuenta...