El BAFICI, puro cine independiente

by Gabriel Lerman April 10, 2019
Ambiance at the 2019 BAFICI, Buenos Aires

gabriel lerman/hfpa

A lo largo de sus 21 años de vida, el BAFICI, el festival de cine independiente de Buenos Aires, ha ido creciendo y transformándose desde una simple idea, la de dotar a la capital argentina de un festival de nivel internacional con un énfasis en el cine no comercial, hasta convertirse en una verdadera tradición.

En abril, la ciudad, tradicionalmente ávida de cine, le abre las puertas durante 10 días a aquellas películas que de otro modo no encontrarían un lugar en la cartelera. Si bien unas pocas, especialmente de confección nacional, tendrán más tarde un estreno comercial, durante la duración del BAFICI el que parpadee y se distraiga se perderá para siempre la oportunidad de ver en la pantalla grande propuestas de cinematografías remotas, directores de culto o documentales que luego sólo podrán encontrarse en internet. Inaugurado en 1999 por una iniciativa de la secretaria de cultura de la ciudad, con la presencia de Francis Ford Coppola y Todd Haynes, en sus primeros años tuvo su sede principal en el barrio tanguero del Abasto, para luego trasladarse a la Recoleta, uno de los vecindarios más exclusivos de Buenos Aires.

Pero este año, el BAFICI se ha mudado a Belgrano, un barrio lo suficientemente alejado del centro como para que inicialmente fuera el pueblo en donde los ricos de la temprana metropolis pasaban sus vacaciones veraniegas. Allí, en el Multiplex Belgrano, 8 salas proyectan películas sin solución de continuidad, mientras que el cercano Museo de Arte Español Enrique Larreta, un palacio castellano de principios del siglo XX que perteneció al escritor que le da su nombre, es el punto de encuentro donde tiene su sede física el festival, y en donde por las noches se realizan conciertos y eventos sociales.

Dividido en numerosas secciones, dedicadas al cine argentino, latinoamericano, internacional, sobre derechos humanos y cine de vanguardia y género, cada una de las cuales otorga premios, el BAFICI provee una programación ininterrumpida en numerosos puntos de la ciudad que incluye todo tipo de actividades culturales, proyección de cortos, cine para niños, laboratorios para cineastas, y retrospectivas, que recuperan tanto grandes éxitos del cine comercial como la obra de realizadores de culto, como es el caso del británico Julien Temple, que este año acompaña en persona las proyecciones de sus films. Si bien para poder ver las películas hay que pagar entrada, abundan las actividades gratuitas, y se destacan particularmente las proyecciones al aire libre.

El festival tuvo su puntapié inicial el 3 de abril con la premiere de la película argentina Claudia de Sebastián de Caro, protagonizada por Dolores Fonzi, en el masivo auditorio del Parque Centenario, y en el primer fin de semana del evento se realizó la Maratón Bafici, en la que durante 48 horas se proyectaron filmes a cielo descubierto. Otra iniciativa a destacar que tiene lugar en los primeros días del evento es el BAL, la plataforma de desarrollo de proyectos y co-producción del BAFICI, en el que participan realizadores con primeras y segundas películas que buscan fondos para poder terminarlas, así como productores emergentes de Latinoamérica con proyectos avanzados. Un filme que viene haciendo olas, y que ha ganado premios en Sundance y en Guadalajara, Los tiburones, pasó por el BAL en ediciones anteriores y este año tendrá en el BAFICI su premiere sudamericana, con la presencia de su directora, Lucía Garibaldi, y su protagonista, Romina Bentancur.

En los primeros días del festival pudieron verse tanto películas que actualmente tienen difusión mundial, como Gloria Bell de Sebastián Lelio, como nuevas propuestas del cine argentino, entre ellas Familia de Edgardo Castro, que tuvo aquí su premiere mundial, Ituzaingo V3RIT4 nuevo trabajo del inusual Raúl Perrone, La excusa del sueño americano de Florencia de Mugica y Laura Mara Tablón, o Badur Hogar de Rodrigo Moscoso. No faltó el cine peruano, con Casos complejos de Omar Forero o el español, con "Ana de día", ópera prima de Andrea Jaurrieta. También se vieron en Buenos Aires producciones suizas como Cronofobia, de Francesco Rizzi, hablada en italiano, o la notable All is True de Kenneth Branagh, el éxito de Sundance Monos, de Alejandro Landes y la inclasificable They Shall Not Grow Old, último trabajo de Peter Jackson.