Érica Rivas: "El mundo cinematográfico está mirando al cine argentino"

by Gabriel Lerman October 18, 2019
Actress Erica Rivas

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Si hay un papel porque el que se la recuerda tanto dentro como fuera de la Argentina es el de la novia desairada en el último episodio de Relatos salvajes, la película de Damián Szifron que en 2015 fue nominada al Oscar. Sin embargo, en su país, Érica Rivas es conocida por una larga trayectoria que incluye el cine, la televisión y el teatro, y en la que no falta uno de los programas mas populares de la pantalla chica local, una versión argentina de la comedia televisiva Married with Children. Durante el pasado Festival de Toronto, tuvimos la oportunidad de hablar con ella poco después de presentar allí Los sonámbulos, la película de Paula Hernández que protagoniza y en la que también participan Luis Ziembrowski, Daniel Hendler, Marilú Marini y Ornella D'Elia. Esta historia sobre una familia en aprietos ha sido incluida en la sección latinoamericana del Festival Internacional de Cine de Chicago.

¿Cómo fue lograr que este grupo de actores pareciera una familia?

Tuvimos muchos ensayos con todos. Yo conozco en particular a algunos de otros trabajos, con Marilú por ejemplo ella me dirigió en una obra. Con ella tenemos una relación familiar en el mejor de los sentidos y me parece que es algo tan familiar, tan cercano, esos fines de año en Buenos Aires que tienen el calor, la endogamia de ese momento, la falta de felicidad de alguna manera que genera eso y contrario a lo que se publicita de fin de año y de las fiestas.

¿Y cómo fue crear una relación de madre e hija con ésta chiquita que recién empieza?

Ornella es una actriz que tiene una intuición muy grande, es muy trabajadora, trabajamos con María Laura Berch que es una entrenadora de actores con la que yo ya había colaborado en varias oportunidades. Se dedica más que nada a niños pero además es actriz y es una persona muy importante para poder trabajar con alguien que recién empieza. Esta creo que es la segunda o la tercera película de Ornella y fueron muchos ensayos. Por supuesto que los actores tenemos muchas herramientas para imaginarnos cosas, proyectando sobre otra persona. Yo por ejemplo tengo una hija de 18 años así que tengo de dónde alimentarme. Siempre estoy actuando con mis amores y con mis odios. Ornella estaba súper abierta, ensayó muchísimo ella sola y con nosotros. Fue muy interesante el trabajo. No hubo momentos de improvisación aunque lo parezca.

Me imagino que en una película como esta en donde no pasa nada hasta que pasa, ¿ese desenlace es lo que estás esperando durante toda la filmación?

Creo que uno está acostumbrado a ver películas que tienen que ver con lo narrativo todo el tiempo. Incluso como actores uno estudia la partitura de una manera narrativa, como si no pasara nada hasta que pasa y cuando yo la vuelvo a ver a la película y veo cómo construimos cada escena, te diría que en cada escena pasa lo que pasa en toda la película. Ocurre que no se construye de la misma manera. Si está en un tiempo distinto y en una forma de contar distinta pero yo creo mucho en que esto también está cambiando porque las nuevas directoras están empezando a poner sus puntos de vista y sus formas de contar. Las formas de contar que tenemos las mujeres no son las que uno espera. Esto que decía esta chica "estoy esperando que pase algo y no sé qué es", esa sensación ya de estar esperando a mí me parece una muy buena cosa porque uno tiene esa costumbre de estar esperando que algo suceda, que explote la bomba, que la chica se convierta y bueno, son nuevas narrativas, nuevas formas de contar. En cada escena hay una bomba y cuando la volvés a ver te das cuenta que en cada escena hay algo que está nombrando ese final, está diciendo que ese final se está viniendo por eso es que uno tiene la sensación de que no pasa nada porque estás esperando que algo pase.

Me da la sensación que en las últimas películas que hiciste buscas trabajar con directoras mujeres, ¿es distinto que cuando el director es un hombre?

Lo primero que te diría que para mí que una directora mujer se acerque a proponerme un proyecto ya es algo raro porque no somos la mayoría. Entonces eso ya tiene un plus de valor para mí. Las películas que tienen mujeres como directoras, escritoras o guionistas tienen una necesidad de ser contadas y para mí es muy importante porque te diría que uno casi no tiene que hacer nada, uno está ahí y la película ya se está contando, como si la película misma fuera un animal que necesita expresarse, esa sensación que tenemos también por todo esto que está pasando, esta nueva marea feminista. En Argentina se está viviendo un momento muy especial. La verdad que yo lo veo como algo muy visceral, no siento que sea algo en dónde estemos contando un paisaje o un estado de ánimo, es una historia que tiene una necesidad de que sea dicha. Yo cuando la estaba filmando todo el tiempo lo pensaba, esa necesidad de la película misma de salir y de gritar. Si te ponés a pensar, no hay muchas películas sobre abusos intrafamiliares, es un tema difícil y más tocado por una mujer.

¿Cómo fue la experiencia cuando te tocó ese personaje maravilloso de Relatos salvajes que no sólo fascinó a la Argentina sino al resto del mundo?

Recibir ese guión de un director como Damián Szifrón después de 12 años de no haber hecho cine para él, era algo que estaba esperando. Damián es amigo mío. Siempre aunque yo no esté voy a ver lo que él hace porque me encanta, así que recibir algo de él fue un regalo del cielo. Encima ese papel, ese episodio, toda la película porque, como te decía antes, yo siento que Relatos salvajes tenía una necesidad de contarse a sí misma. Una necesidad de hablar sobre esa violencia, sobre lo que pasaría si llegáramos hasta esos límites. Eso qué quiere decir la película era algo que se correspondía mucho con lo que a mí me pasaba también y fue sorprendente ver que no solamente pasaba en Argentina sino que había un montón de problemáticas que nosotros pensábamos que en países más civilizados o primermundistas no iban a tener, las tenían igual y se identificaban de la misma manera y pasaba exactamente lo mismo. Eso fue muy lindo, muy emocionante, muy revelador. Fue una experiencia de las más lindas que me tocó vivir.

Damián hizo esa película y vino Mark Wahlberg y se lo llevó a trabajar con él. ¿Tuviste alguna invitación desde Estados Unidos?

No, la verdad que no, será que yo no hablo inglés.

¿Y no se te cruzó por la cabeza la idea de aprovechar el éxito para ponerte a estudiarlo?

No sé. La verdad que siento que si yo fuera un alma que elige el momento de la historia dónde nacer, yo hubiese elegido este momento y la manera en que soy. Me hubiese encantado aprender otros idiomas pero también me inspira mucho Argentina. Siento que es un país en donde pasan cosas que me movilizan, más allá de qué todo el tiempo también estoy insultando, por supuesto porque soy argentina, una insulta todo el tiempo a los argentinos, a la Argentina misma, a los modos de ser, pero si siento que es un lugar en el mundo en el que están pasando cosas en donde a mí me gustaría estar y, oh casualidad, estoy ahí. Trabajo en televisión, cine y teatro, ¿qué más puedo pedir?. Además mirá como el cine argentino está posicionado dentro de los festivales internacionales. Yo creo que el mundo cinematográfico está mirando al cine argentino y mucho, así que yo estoy contenta.

En esta riqueza de posibilidades, ¿cómo decides cuando hacer televisión y cuando cine, o es el material en sí y no te importa tanto en qué medio?

Sí, es un poco el material. Lamentablemente no me está tocando que me gusta en lo que me llega de televisión y de cine me pasa que me llegan guiones que me gustan y otros que me gustan pero no siento qué pueda hacerlos. Y en el teatro lo que me pasa es que tiene que ser algo con lo yo esté muy en correspondencia con el estado en el que estoy en ese momento, porque el teatro es un lugar en el que estás muy presente y son más largos los tiempos. Siento que desde hace un tiempo a esta parte no puedo hacer cine y teatro. Hago cine o teatro. Dejo de hacer lo que tengo que hacer en teatro para hacer las películas o al revés porque no puedo hacer las dos cosas juntas.

Trabajaste en uno de los programas argentinos más exitosos de todos los tiempos en tu país con lo cual me imagino que vas por la calle y todo el mundo te habla como si te conociera de toda la vida, ¿disfrutas un poco del anonimato cuando sales de Argentina?

Sí, igual tampoco es que soy tan famosa y la gente me está molestando todo el tiempo. La gente se acerca siempre con mucho respeto. Hacer reír es una de las cosas que más me gustan en la vida. Creo que fue por lo que quise ser actriz, entonces la verdad es que se acercan con agradecimiento porque hacer reír te produce agradecimiento, a mí me pasa con la gente que me hace reír, entonces para mí no es nada cansador. Sí me gusta el anonimato para poder observar, eso sí que para mí es una parte enorme dentro de mi trabajo como actriz y en Argentina me cuesta más porque me están mirando a mí.

¿Cómo fue que se te concretó el sueño de ser actriz? 

Por suerte tiene un final feliz entonces no podría decirte que fue trágico pero tendría que ser una comedia trágica porque en realidad yo siempre pensé que no iba a poder trabajar como actriz porque no sabía si iba a tener talento o sí aunque tuviera talento me iban a conocer. Miles de cosas que se me pasaban por la cabeza que eran cosas que también se les pasaban a mis padres, ambos universitarios y a los que les costó mucho llegar a ser universitarios. Entonces en un momento me dije a mí misma “estoy actuando qué estudio, en realidad, no estoy estudiando. No puedo, estoy trabajando muchísimo como actriz…”. En ese momento estaba estudiando psicología, estaba casi por terminar, me faltaban dos años pero me pasaba que se me venía en contra todo el trabajo que necesitaba para seguir profundizando como psicóloga. Era en contra de la actriz o por lo menos era como yo me lo estaba tomando, fue también justo cuando fui madre, entonces ahí fue un momento en el que dije “bueno esta soy yo, más allá de si me va bien o no, voy a intentar por acá”, y no te digo que un montón de veces no pensé “¿Por qué no seguí con la carrera?”, porque me iba mal como actriz. Por eso yo en general recomiendo que uno termine una carrera para por lo menos tener esa herramienta para poder trabajar de otra cosa. De todas formas, en lo que hago sigo trabajando con la psicología. Hay algo de querer curar con la actuación, de querer transformar la angustia mía y la de los demás, qué ven lo que hago, en otra cosa.