Federico Veiroj: "Vivo de ser director"

by Gabriel Lerman September 6, 2019
Uruguayan director Federico Veiroj

juan naharro gimenez/getty images

Se destaca por una larga trayectoria haciendo cine en Uruguay, por más que para su tercera película, El apostata, haya optado por trabajar en España. Como el mismo lo cuenta, desde que dirigió Acné en 2008, con la que participó del Festival de Cannes, Federico Veiroj ha encontrado la forma de estrenar regularmente películas y vivir de su profesión. Con La vida útil ganó premios en numerosos festivales, incluyendo La Habana y con la cuarta, Belmonte, se llevó el galardón al Mejor guion en el Festival de Mar del Plata. Ahora llega con su producción más ambiciosa, Así habló el cambista, al Festival de Toronto para luego seguir a San Sebastián. El filme, que en inglés se conocerá como The Moneychanger y ha sido elegido como el representante de Uruguay en el Oscar, está protagonizado por su compatriota Daniel Hendler como un especialista en cambiar dinero que sabe como aprovechar las inestabilidades políticas para enriquecerse. Lo acompañan los argentinos Dolores Fonzi y Luis Machín y el chileno Benjamín Vicuña.

¿Cuál es la importancia de que Así habló el cambista participe del Festival de Toronto?

Para mí la importancia es enorme, no sólo porque el festival es increíble y es el primero en que va a estar la peli sino porque también para mí es un lugar que me ha recibido con mi primer corto en el año 2004. Luego todas mis películas se han exhibido ahí, menos Acné que se estrenó en Cannes. Hay algo para mí en esa continuidad, que el festival me siga aceptando me parece también importante porque es un sitio que exponencia a las películas de una manera increíble. Siempre me ha ido muy bien.

La vida útil también fue candidata uruguaya al Oscar, ¿de qué manera te parece que ha evolucionado el cine uruguayo desde esa película a está, en casi una década que ha pasado desde entonces?

Las calidades creo que siguen siendo dispares, como en cualquier otra cinematografía. Ha aumentado la cantidad de gente que intenta hacer películas, y también hay algo más de apoyo del público. Mi caso es excepcional ya que mis películas tienen en su mayoría dinero privado. He juntado socios inversores y siempre me ha ido bien, siempre he recuperado. Quizás lo que ha variado más desde esa época a esta es la cantidad de películas que se han hecho. De la calidad prefiero no hablar porque es una visión muy personal.

En el caso puntual de esta película me parece que el nivel de producción que tiene es muy inusual para el cine uruguayo, ¿no es así?

Es quizás una de las dos películas con más presupuesto que se han hecho junto con una de Beatriz Flores Silva. La verdad es que sí, tiene como una dimensión bastante grande e inusual para lo que se ha hecho hasta ahora en Uruguay y también por la cantidad de actores internacionales de la talla de Fonzi, Hendler aunque en realidad es uruguayo, Machín y Vicuña así que creo que eso es una ganancia en mi caso, qué es lo que la película precisaba pero es algo quizás inusual también en una película de Uruguay.

¿Cuál dirías que fue el mayor desafío de esta película?

El mayor desafío te diría que ha sido mantener las ganas de hacerla con 7 años de tiempo desde que descubrí la novela hasta hoy. Desde el primer momento en que la empecé a leer dije “voy a hacer la película”, pero no era mi momento. Aún así a las dos semanas ya la estaba adaptando y ya tenía una opción del autor, sabiendo que no era el momento porque estaba trabajando en otra, que era El apóstata, que es mi tercera película, mi familia que crecía. No era el momento porque yo sabía que tenía que ser una película grande en términos de producción, de puesta en escena. El mayor desafío fue mantener la ilusión por tanto tiempo. Estuve también acompañado en este barco por amigos, en este caso el coguionista que también es el fotógrafo, Arauco Hernández, y tiempo más tarde también por la productora.

Es curioso que 7 años después la historia no podría tener más vigencia...

Sí, es increíble la actualidad que tiene, pero hay también una realidad, sin meterme en cuestiones político económicas, y es que en el momento en que se escribió la novela que era plena dictadura en ambos países justamente se hablaba de esto, de la época del “Rodrigazo” qué es como un momento particular de la economía argentina pero sí que han habido como grandes momentos de impacto para Uruguay de lo que sucedía en Argentina y eso nunca dejó de ser actual. Lo que pasa que ahora justamente están en un momento álgido en la vecina orilla.

A scene from "The Moneychanger", 2019

Una escena de Así habló el cambista.

cortesía film factory etertainment

 

La película retrata muy bien el lugar geopolítico que ocupa Uruguay porque todo el tiempo está hablando de lo que pasa en Argentina, de lo que pasa en Brasil y de cómo eso repercute en la vida de este hombre y en la vida del país

Sí, yo creo que a la vez que es un retrato de ese personaje está también pintando lo que acontecía en esos tiempos en la región, una especie de incertidumbre económica de la que este personaje obviamente se aprovecha.

Uno de los riesgos que tiene tu película es que el protagonista es a la vez el villano. ¿Cómo manejaste esta dicotomía?

Ahí hay varios asuntos, primero que nada es obviamente una película más en donde uno sigue a un protagonista que tiene unos valores que no son los mejores en términos objetivos, como ocurre en el cine clásico americano con personajes del hampa y eso tiene también su costado seductor, como el misterio que envuelve a un personaje así y que le pasa a alguien que desde el minuto uno está admitiendo que es parte del mal. Para poder seguir en 90 minutos a un personaje así había que lograr tener cierta empatía con él a través de su torpeza, de lo que se puede rescatar de su humanidad, buscándole objetivos concretos, una relación amorosa y objetivos que conecten con cualquier espectador. La clave era esa y de hecho en la novela hay una faceta del personaje que tiene que ver con el cinismo. Eso en el montaje lo quité porque me parecía que en este personaje no había lugar para el cinismo pero si para el humor. Esto fue algo que tuve muy en cuenta, cómo hacer para seguir durante 90 minutos a un personaje que es un sinvergüenza y si encima es un cínico lo hubiese alejado mucho y esa no era la idea.

¿Podrías haber hecho esta película con un elenco local?

Se podría haber hecho. Daniel es uruguayo por más que viva en Argentina pero me parece que el hecho de tener unos actores con un oficio y con una experiencia tan grande ayuda a que la película logre despegar hacia otros lados. Quizás hubiésemos perdido trascendencia internacional, que es algo clave para una película de estas características.

Daniel Hendler es un actor con una larguísima trayectoria. Tiene un carisma tan fuerte que en general no lo vemos transformarse demasiado y sin embargo en esta película lo obligas a convertirse en otro, ¿Cómo fue el trabajo con él?

Daniel es mi mejor amigo desde hace 30 años. Empezamos estudiando teatro juntos a los 13 y es alguien que conozco mucho y tenemos mucha complicidad. O sea que lo primero que tuve que hacer fue desdoblarlo de que sea mi mejor amigo y para eso había un tema que tenía que ver con el personaje. Yo siempre lo había imaginado de otra altura y de otra complexión física y hay algo también de los dientes de mi amigo Dani. Yo creía que el personaje iba a tener dientes grandes, es por eso que le pusimos una prótesis inspirada en unos dientes de un amigo, entonces eso ya lo sacaba de ser mi amigo, era el personaje, alguien nuevo. Lo que hicimos fue hablar mucho, ensayar bastante y preguntarnos en cada escena que es lo que acontecía. Fue como construir un personaje que yo sabía que él no había hecho, que no estaba repitiéndose. Lo obligué a buscar recursos de otros lados que sabía que él tenía, ciertos tics o ciertas cosas que él suele hacer en algunos personajes que no se aplicaban en este, qué tenía que ver con una actitud, con un estar, con un pararse en la escena y que obviamente para un actor con la trayectoria de él que también ha trabajado en teatro no era fácil de entender, pero era un desafío importante. La actuación y el estar del personaje hasta en la grabación del off fue fundamental y era algo que se trabajó muy al detalle. Además se ve la transformación con los años. No es un personaje que comienza y termina igual.

¿Y Luis Machín?

Es una maravilla. Lo tuvimos desde tiempo antes de filmar asociado al proyecto porque me encantaba él y fue una felicidad trabajar con él desde el primer ensayo hasta en la escena,. Cuando se ponía a filmar la cámara elevaba el material de una manera increíble. Es algo que de verdad me pasó con todos los actores con los que trabajé, con Vicuña, con Fonzi, con él, con Bolani, con el chico que hace como del ayudante de Hendler. Me parecía que el casting era fundamental en esta película y el personaje de Machín también lo era. Tenía que tener una gran precisión y lo captó de una forma maravillosa.

¿Cuán complicado fue hacer época en una película de Uruguay?

La verdad es fue complicadísimo porque si bien la película tenía algunos recursos no eran los suficientes para un despliegue mayor y estábamos con lo justo. Yo no quería hacer una ostentación de la época, estamos en los '50 y no quiero hacer una ostentación de las vestimentas perfectamente planchadas, lo mismo en los '60 con los colores o en los '70 con los diseños típicos. Intenté bajar la paleta de colores, era más un ocre y un dorado, ese es el color de la peli y tenía que estar como en las distintas épocas pero lo trabajé lo más posible de alguna manera para “apastelarlo”, que fuese una cosa más clásica, incluso también por el ambiente que estábamos mostrando, el microcentro en la ciudad vieja de Montevideo donde la gente no estaba vestida a la moda como si fuese un lugar de veraniego sino más clásica, de sobretodo y trajes, pero si fue una cosa trabajada al detalle que no fue fácil.

¿Cuán difícil es ganarse la vida como director de cine en Uruguay?

Yo viví un tiempo en España y mi tercera película, El apóstata, la filmé en Madrid, es una película española en todo sentido. No quiero hablar de la dificultad porque eso se hace cuando uno está frustrado y no hace lo que quiere y en mi caso he hecho lo que he querido en tiempo y forma siempre desde que he empezado. Por ahora me ha ido bien. Las películas que he hecho se han visto por muchos lados, se han vendido y vivo de ellas y pretendo seguir haciéndolo de las películas que escriba o de las cosas que se me encarguen. También he producido las películas que he hecho antes. De esta soy asociado, no estuve en la cabeza de producción, pero también el rol de productor de mi propio trabajo me ha dado beneficios porque he invertido y me ha ido bien y es como una mezcla, no sólo es que vivo de ser director sino también de escribir y de producir lo que he hecho y por ahora no te digo que sea fácil pero me ha ido correctamente.