Fernando Trueba: “ 'El olvido que seremos' es una película muy mía”

by Rocio Ayuso November 12, 2020
Director Fernando Trueba

Villa/Getty Images for RFF

Cuando Fernando Trueba ganó el Oscar con Belle Epoque, se lo dedicó al único dios que conoce, a Billy Wilder. Cinéfilo hasta la médula y uno de los cineastas más conocidos del cine español desde que su Opera prima cambió las reglas del juego, Trueba se ha ido a Colombia para rodar su último filme, El olvido que seremos. Centrado en la biografía del mismo título que escribió Héctor Abad Faciolince sobre su padre, un hombre bueno asesinado en Colombia, el filme fue parte de la selección oficial del Festival de Cannes, honor del que les privó la pandemia. El “hermano pequeño” de Truffaut nos cuenta en esta entrevista sus lazos con el libro, su amor por el cine y las razones por las que espera no ser olvidado.

¿Qué hace un madrileño rodando una película tan personal en Colombia?

También he rodado con anterioridad en Brasil, en Chile, en Cuba. Mientras filmábamos esta vez tuve la impresión de estar rodando Belle e\Epoque, incluso Opera prima. Para mi, El olvido que seremos es una película muy mía. Todas las acabo llevando a un terreno personal o no las puedo hacer. La vi como una película sobre una educación, lo mismo que algunas de mis favoritas como L'Enfant sauvage, de (Francois) Truffaut, o The Miracle Worker, de Arthur Penn. Tenía muy claro que no quería hacer una película social. Quería hacer una de sentimientos, una carta de amor de un hijo a su padre y, sobre todo, yo que soy de una familia de mucha gente, recrear esa burbuja que es la familia. No me sentí en terreno ajeno a pesar de que dije que no la quería hacer. No es que no me sintiera capaz. Es que pensaba que no se debía de hacer.

¿Qué le hizo cambiar de opinión?

Compré el libro cuando salió. Cristina (Huete, su esposa y productora) lo leyó inmediatamente y lloró, pero como tengo siempre cien libros en la mesilla allí estuvo casi un año. Luego se convirtió en un libro que regalé mucho a gente muy cercana. Y de repente me llaman para ofrecerme esto que tantas veces he comprado. Les digo que me halaga mucho pero que no se puede hacer porque es un relato muy íntimo y personal y una película es lo contrario a eso. Sigo pensando lo mismo, pero empecé a darle vueltas a cómo concentrarme en dos momentos mientras se trata de una historia que transcurre a lo largo de 25 años. Y esa cosa de la primera persona. Y que es un libro bueno, peligro. Pero de nada estoy más feliz que de haber rectificado.

¿Fue más difícil convencerles de contar con un actor español como Javier Cámara para interpretar a una figura de la cultura y la política colombiana como Héctor Abad Gómez?

Nunca me sentí tan bien acogido como en Colombia. Tenía una buena amistad con el país, con Victor Gavíria, uno de los directores que más admiro en el mundo. No hubo semana que no vinieran o él o Laura Mora, directora de Matar a Jesús, por el rodaje. Y aunque yo tenía a Javier en la cabeza fue Héctor el que me dijo eso ‘hay un actor español que me recuerda a mi padre que se llama Javier Cámara’. Pero, claro, el equipo era cien por cien colombiano y se imponía que el reparto tenía que ser colombiano. Así que empiezo a hacer el casting viendo a lo mejorcito de esa generación. Pero además de la coincidencia física, Javier es muy bueno haciendo acentos y cuando hace Narcos no solo se prepara el acento -que luego en esa producción se pasaron los acentos por el forro- sino que le regalamos el libro. Todo esto años antes de la película. Héctor y yo les decimos a los productores todo esto, pero sobre todo les hablamos del amor a la vida de Héctor. De su risa contagiosa y continua. En sería patética porque no forma parte de su personalidad. Pero Javier la tiene. Además de ser un genio como actor. La familia flipó con su elección. Héctor reconoce que ahora se le mezclan Javier y su padre en el recuerdo, y Cecilia, su viuda, nos dijo que le daban ganas de acercarse y darle un abrazo

A scene of "El olvido que seremos", 2020

Javer Cámara en una escena de El olvido que seremos.

Cohen Media Group

 

El olvido que seremos también se convirtió en una película familiar por su parte, con su hermano David Trueba encargado de adaptar el guion.

Cuando acepto el encargo estoy en medio de una película de animación que estoy preparando con Mariscal. Me dicen que les corría mucha prisa a efectos de producción y me piden un escritor de confianza. Héctor ya me había dicho que nunca había escrito un guion y que tardó 20 años en poder escribir el libro y lo hizo llorando de la primera a la última página y no quería volver a abrir esa herida. Así que dije que de confianza solo conocía a David, en mi opinión el hombre que ha hecho la mejor adaptación al cine de una novela como es Soldados de Salamina y que ha hecho una adaptación con la que Héctor está feliz.

Y en medio de esta felicidad, llega la pandemia y se cancela el Festival de Cannes donde la película era parte de la sección oficial.

Como siempre tiro a lo positivo, soy un optimista subnormal, dije eso de maravilloso porque así me ahorro el photocall y la alfombra, esas ceremonias estúpidas. Alguna ventaja tiene, no todo es malo. Estamos en una época muy rara y nunca habíamos pensado que esta película era tan accidentalmente actual, pero, por desgracia, es más actual de lo que nos pensamos.

Si durante la ceremonia de los Oscar dijo que Billy Wilder era su dios, ¿quién sería su padre en el cine?

Todos los que nos gusta el cine, o la literatura, nos hacemos una especie de familia con aquellos que nos son cercanos porque de alguna manera te han ayudado a ser quien eres. Por supuesto Wilder, (Jean) Renoir, son figuras paternas para mi lo mismo que (Ernst) Lubitsch. Truffaut, también muy importante para mi, fue más un hermano mayor, el que te cuenta las cosas y te abre al mundo. Y Preston Sturges, el tío divertidísimo que viene a comer a casa de vez en cuando.

¿Recuerda su primera película, la que le abrió los ojos al cine?

Entre las películas claves en mi vida y, cuando no sabía quién era Billy Wilder, fue Love in the Afternoon. Entonces ni sabía que las películas las dirigían directores, pero aquí me di cuenta que estaba todo colocado en su sitio por algo. Una visión muy intuitiva para un niño de 13 años que por entonces no tenía intenciones de cine. Fue como si me enseñaran las reglas del juego. Y luego es importantísima L'Enfant sauvage. Cuando se estrena, yo estaba esperándola. Había recortado unos artículos, tenías fotos y me fui al cine. Me compré una entrada de gallinero, las más baratas, allí arriba, como ver la tele en un bar de lo lejos que estaba. Todo esto sin decir nada en el colegio o a mi familia.

Opera prima, su primera película, acaba de cumplir 40 años. ¿Cuál es el balance de estas cuatro décadas?

Me parece mentira que haya pasado ese tiempo. Se me ha pasado muy rápido. A veces lamento no haber hecho alguna película más y luego pienso que todo es así por algo, que yo las películas las barrunto mucho, las doy muchas vueltas necesito el tiempo. Woody Allen necesita hacer una cada año porque de no hacerlo se suicidaría, pero yo necesito mi ritmo, dedicar tiempo a leer o a no hacer nada. Tengo un talento al que nadie puede vencerme que es el de perder el tiempo. Soy un genio a la hora de perder el tiempo.