Forgotten Hollywood: Dolores del Río

by Noël de Souza September 17, 2020
Dolores Del Río

Edward Steichen/Getty Images

María de los Dolores Asúnsolo y López-Negrete nació en Durango (México) el 3 de agosto de 1904. Perteneciente a una familia de la aristocracia mexicana, Dolores vivió rodeada de intelectuales y artistas. Cursó sus estudios en una prestigiosa escuela, pero su mundo se vio amenazado por la insurrección de Pancho Villa en su región.  Del Río y su madre escaparon de la ciudad de México disfrazadas de campesinas, mientras que su padre cruzó la frontera hacia Estados Unidos. Cuando, finalmente, la familia se reunió en 1912, lo hizo bajo la protección de Francisco I. Madero.

En 1919, una Dolores de 15 años, inspirada por el baile de Anna Pavlova, rogó a su madre que le permitiera tomar clases de ballet. Dos años más tarde fue invitada a bailar en un evento benéfico donde llamó la atención de un rico terrateniente, Jaime Martínez del Río y Vincent, 17 años mayor que ella. A los dos meses de conocerse la pareja se casó, iniciando una luna de miel en Europa que duró más de dos años.

A principios de 1925, Dolores conoció al cineasta Edwin Carewe, que viajó a México para asistir a una boda. Fascinado por su belleza y su personalidad, Carewe le propuso a la joven trasladarse a Hollywood, donde le auguraba un prometedor futuro como actriz. Después de considerar la propuesta, su esposo (que secretamente quería ser guionista) accedió a que aceptara la oferta y se mudaran a Los Ángeles. A su llegada a Hollywood adoptó el apellido de su marido y a partir de entonces se dio a conocer con el nombre artístico de Dolores del Río.

Carewe puso en marcha una campaña publicitaria en torno a la figura de Dolores del Río, dándola a conocer como una rica heredera, una “dama de la alta sociedad mexicana”, que había llegado a la ciudad con un baúl cargado de extraordinarios chales y exquisitas peinetas. El primer papel que obtuvo fue en el film Joanna (1925), al que siguió otro en High Steppers (1926).

Poco a poco, Carewe fue alimentando la reputación de su estrella, haciendo público cada uno de sus movimientos. Después de actuar en The Whole Town is Talking (1926), le llegó su primer papel protagonista en Pals First, dirigida por el propio Carewe. Desde entonces, Dolores fue considerada la cara más bonita de Hollywood. Bernard Shaw diría de ella: “Las dos cosas más bellas del mundo son el Taj Mahal y Dolores del Río”.  Cuando le preguntaron sobre su belleza, ella contestó: “Ocúpate de tu belleza interior, de tu belleza espiritual, y eso se reflejará en tu cara.  Tenemos la cara que hemos ido creando con el paso de los años. Los errores y las malas acciones cometidas aparecerán en tu rostro. Dios nos da la belleza y nuestros genes nos proporcionan los rasgos físicos, pero el que la belleza permanezca o no dependerá de nuestros pensamientos y obras”.

A medida que su fama comenzó a aumentar en Hollywood, su matrimonio se fue deteriorando porque su marido se sentía relegado a un segundo plano. Tras el divorcio, él se fue a vivir a Europa donde murió poco después. Dolores no estuvo sola mucho tiempo. Pronto conocería al director artístico de la Metro Goldwyn Mayer, Cedric Gibbons, artífice de la arquitectura de muchas de las salas de cine de Hollywood y el hombre que en 1928 diseñó la estatuilla del Óscar.

Dolores del Rio in “Ramona” (1928)

Dolores del Rio in Ramona (1928)

 

Con la llegada del cine sonoro, Del Río actuó y cantó en la primera película con sonido sincronizado que hizo la United Artists, Ramona, a la que siguió su tercera colaboración con Raoul Walsh, The Red Dance (1928). En 1929, Carewe animó a Dolores a que trabajara en su nuevo filme, Evangeline. Al igual que en Ramona, Evangeline se estrenó junto a una selección de discos Vitaphone conteniendo una compilación de diálogo, música y efectos de sonido.

Del Río se divorció de Gibbons tras conocer a Orson Welles, quien más tarde describiría a Dolores como “el mayor amor de su vida”. Welles la dirigió en The Day of the Terror y quiso hacer más películas con ella, pero ninguna llegó a buen término. Del Río permaneció al lado de Welles durante el rodaje de Citizen Kane. Posteriormente, el director sería invitado por Nelson Rockefeller a visitar Sudamérica como embajador de buena voluntad para contrarrestar la propaganda fascista sobre los estadounidenses. Durante su estancia en Brasil, Welles tuvo varias aventuras amorosas en Río de Janeiro. Dolores se enteró de ello y terminó la relación con el director mediante un telegrama que Welles nunca respondió.

En 1932, David O. Selznick ofreció a Dolores protagonizar Bird of Paradise en el papel de una bella nativa de Polinesia destinada a ser sacrificada a los dioses del volcán. Más tarde, sería invitada a la proyección de la cinta mexicana, ¡Qué viva México!, a la que asistió con Ramón Novarro y Lupe Vélez. La película, dirigida por Sergei Eisenstein, fue acusada de promover el comunismo en California por su acusado nacionalismo y matices socialistas. Por este motivo, Dolores fue tildada de comunista en Estados Unidos.

Posteriormente, la actriz protagonizó películas para Warner Brothers, MGM, Universal y 20th Century Fox, entre ellas Brother´s I Live for Love (1935), de Warner Brothers; The Devil´s Playground (1937), de Universal, y The Man from Dakota (1940), de MGM. Aún así trabajar en Hollywood fue cada vez más difícil para una mexicana cuyo nombre aparecía en la llamada “Lista Negra”, junto al de otras actrices como Joan Crawford, Greta Garbo, Katharine Hepburn, Marlene Dietrich y Mae West. A esto se añadía el hecho de que su caché era demasiado alto y los propietarios de las salas de cine no sabían si podrían recuperar su dinero, dada la poca recaudación en taquilla.

En medio de estas crisis personales y profesionales, Dolores decidió regresar a México tras la muerte de su padre. “Quería seguir el camino del arte. Dejar de ser una estrella y convertirme en actriz y eso solo podía hacerlo en México, no en un país que era mío, pero no conocía”, dijo.

En México, los principales directores de cine quisieron trabajar con ella, incluyendo Emilio Fernández, quien en 1943 le ofreció un papel en Flor silvestre, la primera película mexicana proyectada en el festival de Cannes. El interés de Fernández por Dolores fue más allá de lo profesional. Continuó contando con ella para los papeles principales de sus películas. Entre ellas estuvo Las abandonadas, donde la actriz interpretó a una mujer que pierde a su hijo y cae en la prostitución, papel por el que ganó el Ariel de Plata, el equivalente mexicano al premio de la Academia de Hollywood. Este amor, no correspondido por Dolores, hizo que Fernández se comportara de forma errática durante el rodaje y se hiciera difícil trabajar con él. Hubo muchas ocasiones en las que Del Río amenazó con abandonar la producción. Cuando terminó el rodaje, la actriz anunció que nunca más volvería a trabajar con Fernández. Pero, después de trabajar con otros directores, Dolores volvió a reunirse con él para hacer La malquerida (1949).  En ella dio vida a Raimunda, una mujer que se enfrente a su propia hija por el amor de un hombre, papel por el que recibió muy buenas críticas. Ese mismo año, su prima, una activista política, le pidió que firmara un documento para la “Conferencia por la paz mundial”. Lo que nunca imaginó Del Río es que con este acto sería, de nuevo, tildada de comunista.

Poco tiempo después conoció al millonario Lewis A. Riley que en esa época mantenía una relación sentimental con Bette Davis.  La pareja terminó casándose.

Del Río se convirtió en el icono de la Edad de Oro del Cine Mexicano. Su carrera floreció con papeles que le valieron muchos premios, incluido un segundo y tercer Ariel de Plata. Twentieth Century Fox quiso aprovechar este buen momento ofreciéndole interpretar a la esposa de Spencer Tracy en Broken Lance. Pero el gobierno estadounidense le denegó permiso de trabajo por lo que el papel fue a parar a Katy Jurado. En 1956 su situación política quedó resuelta y pudo regresar a Estados Unidos para trabajar en teatro. En 1957, Dolores fue elegida para ser la vicepresidente del jurado del festival de cine de Cannes, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar ese cargo.

Los estudios Fox contaron con ella para interpretar a la madre de Elvis Presley en el film Flaming Star.  Más adelante, rodo a las órdenes del italiano Francesco Rossi en el film More Than a Miracle, junto a Sofía Loren y Omar Sharif, donde interpretó a la madre de Sharif. Después, participó en varios programas televisivos como The Dinah Shore Chevy Show y I Spy, finalizando ese periodo con su intervención en Marcus Welby, M.D.  Su última película fue Los hijos de Sánchez (1978).

A parte de su carrera artística, Del Río fundó la Sociedad para la Protección de los Tesoros Artísticos de México y la Residencia Dolores del Río, en la que acogió a los hijos de actores.

Cuando le preguntaban como llevaba la vejez, respondía: “El ejercicio físico, la dieta alimenticia y los productos de belleza son una pérdida de tiempo, porque todos tenemos que envejecer.  Si las mujeres fueran más prácticas y usaran el sentido común, en vez de invertir su tiempo en tratamientos de belleza lo harían descansando y durmiendo. De esta manera tendrían el cutis más bello y el espíritu más tranquilo”.

“El hecho de envejecer es parte de la vida, de ese gran proceso que es la existencia. Más que mi cuerpo, es la mente lo que intento conservar, porque a través de la mente puedo permanecer joven”.

El 11 de abril de 1983, Dolores recibió una invitación para acudir a la ceremonia de entrega de los Óscar. Horas más tarde, murió en su casa de Newport Beach, California.                             

Traducción: Paz Mata