Forgotten Hollywood: Ramón Novarro, un auténtico ídolo del cine mudo

by Noël de Souza September 8, 2020
Ramon Novarro

Getty Images

El 30 de octubre de 1968, dos jóvenes chaperos llamaron al timbre de una casa en Laurel Canyon. Fueron invitados a entrar por un hombre de 69 años con una túnica. Unas horas más tarde, el hombre fue encontrado muerto. Había sido brutalmente golpeado hasta morir, ahogado en su propia sangre.

Ese hombre era Ramón Novarro, el “latin lover” de Hollywood.  Su asesinato sacó a la luz publica su homosexualidad, algo que había logrado ocultar a lo largo de su carrera. Inesperadamente, Novarro se convirtió en un símbolo para el colectivo gay de Hollywood.

José Ramón Gil Samaniego nació en 1898, en Durango (México), en el seno de una familia acomodada que emigró a Estados Unidos escapando de la Revolución Mexicana. La familia se estableció en Los Ángeles, donde Samaniego, que bien podía pasar por europeo, trató de irrumpir en el mundo del espectáculo. Durante un tiempo alternó su trabajo de camarero y cantante con pequeños papeles en el cine con el nombre de Ramón Samaniego. En 1922, interpretó el papel de Rupert de Hentzau en El Prisionero de Zenda, película muda dirigida por Rex Ingram. Por sugerencia de Ingram, Ramón cambió su apellido por el de Novarro. Ingram le facilitaría su primer gran éxito al ofrecerle un papel en Scaramouche (1923).

Ramon Novarro in "Scaramouche" (1923)

Ramon Novarro in Scaramouche (1923)

                                                                                                                            

Pero fue su trabajo en Ben-Hur: A Tale of the Christ (1925) lo que le convirtió en una superestrella. Novarro obtuvo el papel principal en la película después de que su primer director, Charles Brabin, fuera despedido. Fred Niblo, quien lo remplazó, había trabajado anteriormente con Novarro e insistió en que este sustituyera al actor original, George Walsh, en el papel protagonista. Francis Bushman interpretó a Messala mientras que Mary McEvoy dio vida a Esther. John y Lionel Barrymore, Joan Crawford, Douglas Fairbanks, John Gilbert, Dorothy y Lilliam Gish, Sid Grauman, Harold Lloyd, Carole Lombard, Myrna Loy y Mary Pickford hicieron de extras en las escenas de las carreras de cuadrigas.

Ramon Novarro and May McAvoy in “Ben-Hur: A Tale of the Christ” (1925)

Ramon Novarro and May McAvoy in Ben-Hur: A Tale of the Christ (1925)

 

La película tardó dos años en rodarse y costó 3,9 millones dólares, convirtiéndose en la película muda más cara jamás hecha. Promocionada como “la película que todo cristiano debería ver”, acabaría recaudando 9 millones de dólares. Ni esa suma fue suficiente para compensar sus costos, pero convirtió a Ramón Novarro en un auténtico ídolo cinematográfico. MGM le subió el sueldo a $10,000 a la semana después de ver la cantidad de correo que recibía de sus fans, mayoritariamente mujeres, que admiraban tanto su belleza andrógina como su cuerpo, que en Ben-Hur mostró con generosidad gracias al reducido vestuario que lucía el protagonista. El año siguiente, tras la muerte de Rodolfo Valentino, Novarro heredaría el título de “latin lover”, pasando a interpretar varios filmes de capa y espada como The Student Prince in Old Heidelberg (1927), junto a Norma Shearer, y Across to Singapore (1928), junto a Joan Crawford, evitando así el encasillamiento que sufrieron otros actores latinos.

También fue cantante e incluso llego a realizar varias giras de conciertos por Europa y Sudamérica.

Sin embargo, con la llegada del cine sonoro, la carrera de Novarro empezó a decaer. Su inglés era bueno pero tenía acento mexicano, lo que supuso un obstáculo para la longevidad de su carrera. Aunque hizo varias películas con Myrna Loy y Greta Garbo, en 1935 MGM no le renovó contrato. A finales de los 30 y durante la década de los 40, el actor continuó trabajando en papeles de reparto y, sobre todo, se mantuvo con los trabajos televisivos que llevó a cabo en sus últimos años.  Los $100,000 por película que cobraba en los años 20 fueron cosa del pasado.

Católico devoto, Novarro vivió atormentado toda su vida por su homosexualidad y por su adición al alcohol.  Su violenta muerte es considerada hoy en día como un crimen de odio que demuestra la homofobia de esa época. Sus asesinos, los hermanos Ferguson, acapararon más atención que la muerte del actor: durante su estancia en prisión recibieron multitud de cartas de mujeres, Truman Capote entrevistó a uno de ellos para un especial de televisión y se publicaron numerosos artículos y novelas sensacionalistas basadas en sus vidas. Aunque fueron condenados a cadena perpetua el tiempo que cumplieron en prisión fue corto. Uno cumplió seis años, el otro nueve, antes de ser puestos en libertad condicional y se especula que esa indulgencia fue debida a que el hombre al que asesinaron era gay. Sin embargo, ambos volverían a la cárcel por delitos posteriores.

Traducción: Paz Mata