Gabriel Rodríguez: “La serie nos ha motivado para volver al cómic”

by Rocio Ayuso March 12, 2020
Gabriel Rodriguez

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Todo comenzó con un cómic. Este es el origen de la nueva serie fantástica de Netflix, Locke & Key, cuyos orígenes datan de hace más de una década. Fue en 2008 cuando el escritor estadounidense Joe Hill y el dibujante chileno Gabriel Rodríguez aunaron sus fuerzas para llevar al público las primeras páginas de esta historieta ahora adaptada a la pantalla por Carlton Cuse, el cerebro mexicano detrás de Lost. Un triángulo perfecto que tardó en convertir su trabajo en serie, pero donde el hijo de Stephen King y el arquitecto que prefirió ganarse la vida construyendo un mundo en viñetas conectaron desde el primer momento. Una unión que continuaría en otros trabajos como la adaptación al cómic de NOS4A2 y otros proyectos futuros. Pero ahora le toca a Rodríguez el turno de explicar esta simbiosis entre sus criaturas de grafito para el cómic y las de carne y hueso que pueblan la pantalla.

 Ha pasado más de una década desde la publicación del cómic Locke & Key hasta su llegada a las pantallas. ¿Qué ocurrió en este tiempo?

Nada más aparecer en el mercado se dio un interés en el cómic tanto como serie de televisión, luego película y de nuevo serie nada más aparecer en el mercado. El primer piloto fue muy ambicioso, para Fox, producida por los estudios de Steven Spielberg. Pero Fox prefirió Terra Nova y Alcatraz. Recuperar los derechos tomó cuatro años y medio pero la aparición del streaming y el avance tecnológico visual que se produjo en este tiempo permitió desarrollar el proyecto de nuevo, esta vez para Hulu y con Carlton Cuse y con los hermanos Muschietti. Pero por otras circunstancias el proyecto quedó pensamos que muerto hasta su presentación en Netflix, una nueva versión partiendo de cero y orientada a un público más masivo, interesado en lo fantástico, y así fue como la plataforma ordenó una temporada completa.

Durante años, cuando trabajó adaptando al cómic CSI fue su obra la que se acomodó a la serie. En esta ocasión ¿se adaptó la serie de televisión a su cómic?

Teníamos súper claro que la adaptación tiene que tener la mayor libertad posible porque se trata de otro medio, con otras herramientas narrativas, con otros potenciales visuales. Tanto Joe Hill como yo estábamos muy abiertos a que se hicieran todos los cambios necesarios para hacer una serie exitosa en streaming de la misma forma que hicimos todo el esfuerzo en el cómic para que fuera lo mejor posible en su medio. Además, Joe estuvo involucrado como productor y yo les di todo el material que utilicé para el cómic. Por ejemplo, los planos de arquitectura que utilicé para el Key House incluido el modelo 3D que hice yo mismo o los diseños de todas las llaves. El cómic es más arriesgado, terrorífico, pero la serie mantuvo el corazón del conflicto. Estamos muy contentos de reconocer a nuestros personajes.

Cómo artista visual, ¿qué encuentra en el cómic que no tiene el cine o la televisión?

El cómic tiene esa doble condición de ser una forma de lectura que te ofrece una aproximación más íntima y a la vez cuenta con un potencial de expresión tan fuerte a través de la visualización que lo hace muy trasversal a diferentes lectores. Locke & Key, el cómic, ha triunfado en más 16 idiomas. El cómic tiene la ventaja y la dificultad de que en una página estás viendo muchas escenas al mismo tiempo. Eso te permite hacer relaciones cruzadas entre las distintas viñetas. Y puedes incluso jugar con distintos lenguajes gráficos.

¿Cómo nació la colaboración con Joe Hill?

La editorial nos presentó diciendo que éramos ideales para trabajar juntos en este proyecto. Lo primero que me mandó Joe fue una introducción vía email con una breve presentación de cada personaje y de la historia con el desafío de qué se te ocurre con esto y yo le devolví lo que fue la portada del primer cómic con el Key House, la llave del fantasma y un boceto de los personajes principales. A Joe le encantó la aproximación visual y a mí, los avances del primer número que me parecían tan buenos como los cómics de Vértigo que leía en los 90 en plan La cosa del pantano. Y lo nuestro pasó muy rápido de una relación profesional a una relación de amistad. Fue extraño porque fue muy íntima, diaria, con un vínculo muy intenso, pero sin vernos las caras prácticamente nunca. No le conocí hasta mi primera Comic Con en San Diego un año más tarde, una cita a ciegas invertida. A Joe le considero como un hermano más en mi familia. Ya estamos trabajando en una vuelta al cómic, completando el arco de las historias cortas y desarrollando una saga completa en seis tomos. La serie nos ha motivado para volver al cómic.

Si Joe es su hermano, ¿Stephen King es su padre? ¿Le ha conocido?

Lo conocí en persona en la boda de Joe hace un par de años. También nos intercambiamos emails porque me ofrecieron hacer una edición ilustrada de El resplandor. No llegó a hacerse realidad, pero Stephen me agradeció el trabajo y quiso comprarme la ilustración de portada que había hecho y que le regalé. Pero trato de mantener una cierta distancia porque me imagino el impacto de Stephen King en la vida de Joe. Para él fue muy importante hacerse un nombre antes de que la gente supiera quien es su padre y yo soy muy respetuoso a la hora de mantener una distancia con ese vínculo que le une a una de las personas más populares del mundo.

¿Quiénes son las figuras que más le han marcado en su carrera?

Con 8, 9, 10 años tuve acceso a las historietas de Astérix y de Tintín y que junto con los cómics de superhéroes y Conan el bárbaro que se publicaban en Chile me llamaron la atención. Estos y otros cómics me mostraron que podían ser forma de entretenimiento y arte. Así fui descubriendo a Alan Moore y sobre todo a Moebius y eso hizo que me explotara la cabeza con una fascinación absoluta.

¿Cómo está la situación del cómic en Chile?

En 2002 fui de los primeros donde los artistas de Latinoamérica que gracias las redes del internet pudo mostrar su trabajo y conseguir comisiones más allá de nuestras fronteras.  Chile es un mercado tan pequeño que es imposible sustentarte profesionalmente de una actividad como el cómic. Ahora hay una veintena de autores chilenos trabajando en el extranjero y eso nos permite empezar a ofrecer proyectos locales. Las editoriales también se han dado cuenta de que hay un potencial en los países Latinoamericanos. Estamos en un estado todavía embrionario pero muy estimulante. Porque cuando empecé, pensar en dedicarme a vivir de los cómics era tan poco real como ser astronauta. Ahora somos punta de lanza de una nueva de generación.