Guillermo Francella: "Esto no es adquirido, es algo innato"

by Gabriel Lerman November 29, 2018
Argentine actor Guillermo Francella

Juan Naharro G./getty images

Este fin de semana regresa a Los Ángeles el ciclo New Argentine Cinema en la sala Egyptian de la American Cinemateque, en la que se proyectarán 5 películas que reflejan el buen momento actual que está pasando el cine argentino. Y si bien la noche inaugural el viernes será con El ángel, la película de Luis Ortega que es la representante de ese país en el Oscar, la figura del ciclo será indudablemente Guillermo Francella, ya que es el protagonista de dos de los filmes que se verán allí. El sábado a las 7:30 pm se lo podrá ver en Mi obra maestra, que dirigida por Gastón Duprat, uno de los realizadores de El ciudadano ilustre, lo encuentra otra vez mano a mano con Luis Brandoni, y el domingo a la misma hora se proyectará Animal, el regreso de Armando Bo a la dirección tras ganar el Globo de Oro al Mejor guion con Birdman. El comediante más famoso de la Argentina, quien ha impactado con papeles dramáticos como los de El secreto de sus ojos y El clan, habló con nosotros desde su Buenos Aires natal para contarnos de ambas películas.

En Animal tuviste que limitar tu veta humorística. Y por otro lado, sueles interpretar a pícaros, y éste es un hombre bonachón, hasta que empieza a corromperse, ¿Cómo fue trabajar con esos dos elementos?

Hay algo fundamental que fue la economía y la austeridad gestual, la economía en todo sentido: en lo postural, en lo corporal, en el decir, en el hablar. Necesitábamos tener una empatía con la gente, también fue importante la empatía que uno puede llegar a tener como intérprete, pero despojado de cualquier recurso que me pueda quedar cómodo a mí, y eso fue vital transitarlo. Fue muy interesante porque me permitió colocarme en un lugar que tampoco conocía de mí; incluso desde lo estético: me veo irreconocible en mi estética general, es un hombre distinto. Eso es lo que más me interesa en esta nueva etapa que ya lleva unos 13 o 14 años: de películas que me permitan bucear en algo nuevo. Personajes como los de “El secreto de sus ojos”, “El clan” o “Animal” me alejan de lo que la gente acostumbra a ver de mí. He hecho películas que han sido bien diferentes y me han permitido colocarme en una zona que se aleja del confort, con personajes no queribles como el de “El clan”, que a mí me permitió también explorar algo nuevo, y eso a mí me da vitalidad, me gusta cuando soy conducido por gente como Campanella, Trapero o Armando, en roles antagónicos al recurso que uno lleva, la picardía o la complicidad con el espectador. Intento que no sea nada exacerbado, y esos roles me hacen colocar en un lugar que me da mucho placer como actor.

Tu personaje de Animal hace acordar a los que hacían Alberto Sordi, Nino Manfredi, Vittorio Gassman en el cine italiano de principios de la década de 1970...

El neorrealismo italiano, sumado a Marcello Mastroianni, Ugo Tognazzi, Gassman, Sordi, han sido mi escuela. Muchas veces me preguntan en quién me baso: en nadie, pero lo que ha marcado mi vida ha sido el neorrealismo italiano, esa etapa del cine italiano donde había siempre una crítica social detrás del humor, o momentos durísimos que atraviesan el modo de interpretar. Bueno, tengo una extracción italiana pura y tiene un poco que ver también con eso, de modo que si has visto algo parecido, a mí me enaltece, me pone muy feliz.

¿En Mi obra maestra estás más cerca del Francella que conocemos?

Sí, con cierta austeridad. Es una película “amable”, como la llamamos aquí, como un masaje al alma. Es una película que también habla de muchísimas cosas. El autor, Andrés Duprat, hermano de Gastón, es el Director del Museo Nacional de Bellas Artes de la Argentina, gente que conoce mucho ese mundo, y lo hicieron transitar en ese universo, el negocio de la pintura, y que podría haber sido en cualquier ámbito: médico, de un abogado, de un deportista, porque habla de muchísimas cosas, del advenimiento del arte contemporáneo, del paso del tiempo, qué pasa con una persona que fue furor en una década determinada y por no modernizarse, por no cambiar su modo de trabajar, pasa a ser alguien descartable, teniendo una obra gigantesca y magistral. Es la historia entre un pintor y un marchand amigos de muchísimos años, muy antagónicos entre sí, con un perfil muy definido de cada uno. Es una de esas películas que te llenan el alma, eso es Mi obra maestra, pero también con una crítica social detrás.

Guillermo Francella in Mi Obra Maestra and Animal

Francella en escenas de Mi obra maestra y (abajo) Animal.

a contracorriente films/film factory entertainment

 

Yo me imagino que debes ser un actor muy buscado, que te deben llegar muchas cosas de muchos lados. ¿Es difícil decidir lo que vas a hacer?

No sé si es difícil, pero sólo aquí en la Argentina, hay en el mundo entero una carencia de buenas historias, de buenos guiones originales, que te generen emoción o alegría por transitar, no es tan fácil, es verdad. Leo mucho, pero no me convenzo tan fácilmente. Cuando hay un buen guión, es más sencillo todo. Por supuesto tiene que haber un director que lo sepa contar. Me llegan guiones teatrales, cinematográficos. Las últimas 10 películas de esta segunda etapa de mi vida que empezó con Carlos Cuarón y Del Toro e Iñárritu con Rudo y cursi, y después vino una seguidilla de 10 películas con directores bien disímiles, Campanella, Ana Katz, Marcos Carnevale, Daniel Burman, Alejandro Maci, Trapero, Duprat, Bó, Eduard Cortés. Cuando elijo creo no equivocarme. No me interesa tanto que intuya que pueda ser taquillera sino que me enamore de la historia, que me enamore del momento en que se está haciendo: si es contemporáneo o si es de otra década. Yo veo series, películas, y veo avidez en el mundo entero de contar buenas historias.

Tendrías un mercado gigante si te atrevieras con el inglés. ¿Lo pensaste en algún momento?

Sí, lo que pasa es que estudiar un idioma de adulto cuesta tanto… y pensar de otro modo. Esta fluidez, esta frescura que a veces me veo desde lo interpretativo creo que mermaría pensando la frase que voy a decir. No creo que me sentiría como pez en el agua, porque yo sé que muchos actores usan fonética. Yo estudié pero tardo en armar una frase, tardo en tener fluidez, y actoralmente eso es la muerte. No significa que si algún día tengo un rol importante y de algún modo me obligan, por más que tenga acento no importa. Me esforzaría muchísimo con un profesor, y como soy meticuloso y obsesivo lo haría. Pero me inquieta no sentirme cómodo desde el punto de vista de no tener la frescura nata, porque esto no es adquirido, es algo innato. Acá me va muy bien, lo que me pasa en Argentina es fantástico. En toda América Latina que se ven mis trabajos. Me han ofrecido una vez hacer una audición después de “El clan”, pero la audición era en inglés y la verdad es que no me animé. Yo tenía un proyecto teatral que no podía abandonar, pero no me metí en esa cosa de “me pongo un manager, empiezo a audicionar en Estados Unidos, me instalo un par de meses". No sé, en una época de mi vida tal vez sí, ahora tendría que ser algo muy importante, algo que me seduzca mucho, que a raíz de las películas que la gente conoce de mí me puedan convocar, pero no ha llegado ese momento.

Cuando tenías tanto éxito haciendo cierto tipo de comedia, ¿Cómo se produjo este quiebre, con una oferta que te vino de afuera o fue producto de una necesidad?

No, yo lo exteriorizaba en todos lados, yo sabía que a muchos directores les gustaría trabajar conmigo pero no me convocaban. Yo sé lo que les pasaba: soy un hombre muy popular en la Argentina, y muchas veces los mismos autores, tenían miedo de que con mi sola presencia distraigan lo que ellos quieren contar. Pero yo siempre les decía: "confíen en mí, te puede pasar los primeros diez segundos, pero después va a funcionar". Y dicho y hecho: lo que pasó con “El secreto de sus ojos” es una cosa maravillosa. Estaba un poco irreconocible, pero después estuve muy reconocible en un montón de películas donde ya vino el voto de confianza, por eso ahora todos los directores quieren trabajar conmigo. Pero tuvo que ver también con el puntapié inicial . Tenía muchas ganas de que me pase esto: lo expresaba todo el tiempo, hasta que tuve la oportunidad —del exterior, fijate vos, no de aquí—, y no fue tan sencillo. Tuve que hacer una audición junto a 40 compañeros nuestros, prácticamente todo el nomenclador de actores buscaba ese personaje de Batuta de Rudo y cursi, y tuve la bendición de que me entreguen a mí el personaje, y fue muy bueno lo que generó Batuta en México. Me ternaron para los premios Ariel. Pero vino del exterior, y acá salían testimonios en todos los diarios argentinos de lo que opinaban esos tres monstruos mexicanos de mí. Y fue también un muy buen puntapié inicial. Pero como me dijo Cuarón una vez: “está bueno reinventarse a los 50 años”. Y es verdad, estuvo muy bueno porque yo tenía muchas ganas que me pase lo que me pasa en este presente.

El Oscar a El secreto de sus ojos, ¿fue un momento especial en tu vida?

Fue muy especial para mí, para la Argentina, para nuestra industria. No te olvides que en 80 años solamente La historia oficial y El secreto de sus ojos se llevaron la estatuilla. Hubo varias que quedaron entre las 5 pero después no ganaron. Así que ha sido un motivo de enorme orgullo, además con un personaje extraordinario, que me trajo un montón de satisfacciones: fui muy feliz con mi Pablo Sandoval, ese alcohólico que fue para mí muy importante, y estar con Juan, que tenía ganas de que yo esté en Los Angeles con mi esposa, estar presente en la ceremonia, subir al escenario, el haber estado tantas madrugadas de mi vida viendo en la Argentina junto a mi hermano la ceremonia cuando éramos jovencitos, imaginarme algún día estar ahí. Poder estarlo ha sido muy movilizante, muy emotivo, muy fuerte. El estar junto a Juan, codo a codo, que generó un vínculo fantástico. Luego hicimos una serie inolvidable de dos años aquí, El hombre de tu vida, con Brandoni. Fue algo maravilloso.