Hari Sama: "Sundance para mi es un sueño hecho realidad"

by Gabriel Lerman January 25, 2019
Director Hari Sama, at Sundance 2019

Bernardo Villanueva/Sundance Institute

Tiene una carrera como director tan diversa como su propia vida, porque aunque su primera película fue la comedia Sin ton ni Sonia, que firmó con su nombre de nacimiento, Carlos Sama, a la que siguió el drama El sueño de Lu con el que Úrsula Pruneda se llevó el Ariel a la Mejor actriz, y premios similares en los festivales de Málaga y Shanghai. Más tarde hizo otro drama, Despertar el polvo y después un documental, Sunka Raku: alegria evanescente, para seguir con una versión de Pinocho en la serie televisiva Érase una vez. Ahora Hari Sama regresa al cine con Esto no es Berlín, un retrato autobiográfico sobre su transformación de estudiante de escuela conservadora en músico y artista. La película que representa a México en el Festival de Sundance es también un retrato de ese país en 1986, cuando se jugó allí el mundial de futbol y cuenta en su elenco con la recién nominada al Oscar Marina de Tavira, aunque el papel principal recae en Xabiani Ponce de León. Pocos días antes de llegar a la nieve, hablamos con quien también tiene un papel de reparto en el filme sobre este nuevo logro en su carrera.

¿Qué significa para ti que te hayan seleccionado para Sundance?

Sundance para mi es un sueño hecho realidad. La verdad que es un festival que admiro y respeto profundamente como espectador, como cinéfilo de toda la vida. Siento que es un festival joven, con garra, un poco como con el espíritu de mi película. Es un festival muy joven que en estos pocos años de vida está prácticamente al nivel de los festivales europeos de primera. Me parece el festival más lógico para estrenar una película como Esto no es Berlín.

¿Cómo surge esta nueva película tuya?

Es una película que tiene que ver con mi adolescencia, que fue fuerte, prematura, como heredera de esta generación de divorcios masivos con familias muy conservadoras que de pronto no supieron muy bien cómo acomodar toda esta revolución que les estaba ocurriendo. A los que nos tocó vivir en los '80, algunos venimos de esos hogares rotos, deprimidos. A mí particularmente me tocó la bendición de que en esa enorme necesidad de conexión con algo me encontré con un grupo de jóvenes mayores que yo que estaban haciendo una microscópica revolución, porque esto no fue la movida madrileña, esto fue una cosa que ocurrió en un circuito pequeñísimo, en un país que si bien la dictadura mexicana nunca ha sido oficial como la argentina, nunca ha estado tan claro. En el México de los '80 había rezagos de lo que ocurrió en el 68 y en los 70. Estaba todo prohibido, no había conciertos, realmente a los jóvenes nos habían robado el espacio público, pero a mi me toca conocer a esa gente que poco a poco van recuperando espacios a través de la absoluta clandestinidad. Estos artistas plásticos no tenían donde exponer, no tenían donde mostrar sus performances y entonces empiezan a tomar departamentos del centro, fábricas abandonadas, y un lugar que además tuve el privilegio de filmar en él que era la casa de unos adolescentes, unos jovencitos, que sus padres le dejaron en el icónico barrio de Coyoacán y estos jóvenes empiezan a rentar la casa para artistas, para fiestas, incluso para grupos de rock, donde empiezan a exponer instalaciones y un arte como mucho más rudo. A mí me toca crecer al lado de toda esta gente loca, maravillosa, muchos de ellos ya no viven por los excesos, el sida y tal, y siempre supe que había que hacer una película de eso.

A scene from "This is Not Berlin", 2018

Xabiani Ponce de León y José Antonio Toledano en una escena de Esto no es Berlin, selección World Cinema, Sundance 2019.

Alfredo Altamirano/Sundance Institute

¿El título Esto no es Berlín es una queja o es una declaración de principios?

Yo creo que está todo eso incluido en el título, creo que los jóvenes en este universo post-moderno tenían un enorme interés por lo que estaba sucediendo en Nueva York, Londres y Berlín, y que de alguna manera vivir en un país en el que había esta dictadura, donde no había lugares donde ir, donde escuchar esta música, de repente había una sensación de desamparo y decir ¡esto no es Berlín! Por otro lado son los mismos jóvenes que piensan eso tratando de hacer un arte muy influenciado por lo que estaba ocurriendo en Europa en ese momento. La música jugaba un rol importantísimo, incluso lo era disfrazarse para salir en la noche. Era casi una postura ideológica vestirte de sacerdote, pintarte los ojos, levantarte el pelo, teñirtelo de rojo, todo ese cuento era una posición ideológica pero también había esta búsqueda de convertirlo en una cosa mexicana y decir “Esto no es Berlín, esto es Chilangolandia, esto es el D.F.". Muchos de estos chicos se fueron a Nueva York, como Gabriel Orozco. Es curioso porque muchos historiadores del arte en México no tienen mucha información de los 80, no la buscan cuando en realidad en este circuito del que te hablo estaban naciendo artistas como Francis Alÿs, Gabriel Orozco, Damián Ortega, Rubén Ortiz, gente que después se volvió súper famosa pero fuera de México.

Para poder mostrar todo este desenfreno del que me hablas tuviste primero que hacer una pintura de otro México, de esta escuela privada católica donde los estudiantes van en uniforme. ¿Qué fue lo más difícil de la película, crear este mundo conservador del principio o poder mostrar cómo era la explosión artística de la segunda parte de la película?

Creo que lo difícil para mí sinceramente fue empezar a darme cuenta muy pronto que la película me estaba afectando emocionalmente mucho más de lo que yo pensaba, como que son asuntos que he trabajado muchísimo a nivel personal en mi vida porque pienso que las cicatrices más importantes, las que nos definen como seres humanos y que nos van acompañar casi toda nuestra vida vienen o de la infancia o de esta época adolescente. Las mías vienen muchas de ahí entonces estar viendo a esta madre ahí en su cuarto deprimida y tan cerca de donde yo crecí me empezó a mover mucho y me pasa lo mismo en la parte conservadora, complicada, de la desconexión familiar como con la parte de la fiesta porque también tiene su costo, te cobra los excesos, te cobra la indecisión sexual, te cobra muchas cosas. Hubo momentos en los que yo sentía que estaba reviviendo pasajes de mi vida de una forma muy potente y eso si fue muy fuerte emocionalmente. Creo que eso fue lo más difícil: la obsesión de poder recrear esos momentos de una manera verosímil y dotada de la profundidad que me parecía que se requería. Yo mismo me convertí en un personaje que está inspirado por un tío pero que realmente fue una influencia más musical, este tío es la figura masculina que me hubiese gustado tener.

¿Hasta qué punto es autobiográfica y en qué punto se despegó de tu propia experiencia y se fue construyendo otra historia?

Yo creo que tiene un punto de partida muy autobiográfica. El protagónico se llama como es mi nombre original, pero finalmente si hubo que despegarla para poder convertir en una ficción funcional. Nosotros somos 3 hermanos y en la película solo hay 2 porque así me convenía, que fuera solo el hermano pequeño y el mayor, si bien nosotros tenemos una hermana en el medio. Quizás la depresión de mi madre no fue tan grave como la del personaje de la película, pero yo me permití llevar las cosas a un extremo. Mi madre está de hecho aterrada, no sé si va a poder ver la película, cada vez que sale el tema la veo que tiembla por debajo de la mesa...

Estás estrenando esta película en medio de un fenómeno único en la historia del cine mexicano que se llama Roma...

Ya sé, es insólito que les esté ocurriendo eso como está ocurriendo, ya Cuarón era un fenómeno mediático antes de Roma, creo que ni él mismo se esperaba los alcances que ha tenido.

Si bien a nivel de tiempos la historia no coincide por un par de años el mundo que recrea tu película no es demasiado lejano al de Cuarón. Incluso en tu filme también trabaja Marina de Tavira como la madre del protagonista...

Te decía hace un rato de esta casa que tuvieron estos chicos que fue un espacio muy importante para nosotros que crecimos en los '80, ese lugar estaba en las afueras de Coyoacán, este barrio icónico de la ciudad de México. En ese lugar tuvo su oficina durante años Carlos Cuarón, el hermano de Alfonso. Íbamos a las mismas fiestas, venimos de las mismas escuelas. Yo fui amigo de Carlos cuando estábamos estudiando cine. En este movimiento de artistas muchos venían de la clase media del Distrito Federal a los que le interesaba el arte, la música, el post-punk y toda esa cosa que estaba sucediendo en Europa, pues éramos un grupo de gente de clase media y no había muchos lugares adonde ir,  entonces tú te ibas enterando que había una exposición clandestina en un departamento del centro y llegabas a esa exposición clandestina con una performance y tocaba una banda y seguramente en la banda tocaba un amigo de Alfonso y todos éramos los mismos.

Tienes toda otra carrera como músico, pero has hecho muy poco como actor, ¿por qué?

He hecho poco porque no invitan. Hice mucho teatro siendo muy niño y he querido actuar, yo me he dado personajes chicos en mis películas, este es el más grandecito que he hecho y tengo la esperanza perversa de que esta película sirva para convencer a algunos directores de que me pueden ofrecer un papel y que yo voy a trabajar muy bien con ellos porque a mí me gusta mucho actuar. Lo disfruto inmensamente. Lo intenté hace un tiempo en México pero como no tenía tanto que enseñar, no funcionó. Sinceramente no tengo mucho tiempo de ir a hacer muchos castings, pero por supuesto pero si alguien ahora me ve y siente que lo puedo hacer, siento que tengo alma de actor. Me apasiona la construcción de personajes y el trabajo con los actores.