Isabel Allende: "Hollywood ha cambiado completamente"

by Gabriel Lerman November 1, 2017
Author Isabel Allende

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Su primera novela, La casa de los espíritus, se convirtió en 1982 en un éxito tan grande que la consagró rapidamente como una de las escritoras más celebradas de América Latina, llegando al cine 9 años después con un elenco internacional que incluía a Meryl Streep, Glenn Close, Winona Ryder, Jeremy Irons y Vanessa Regrave, entre otros Su segundo libro, De amor y de sombras, siguió lo que parecía ser una tradición en 1994, al convertirse en película con Antonio Banderas y Jennifer Connelly en los papeles principales. Sin embargo, aunque Isabel Allende ha seguido publicando sin solución de continuidad, recibiendo elogios por sus libros Eva Luna, El plan infinito, Hija de la fortuna y las mas recientes El juego de Ripper y El amante japonés, así como la recién publicada Más allá del inverno, sus impactantes historias no han continuado llegando al cine. La escritora chilena que lleva ya décadas viviendo en Estados Unidos nos contó el por qué, en una entrevista en la que también habló de su reciente participación en un episodio de Jane the Virgin, en el que le tocó actuar junto a Gina Rodriguez.

Has tenido mucho éxito, pero sigues escribiendo sin parar. ¿Por qué?

La verdad es que me encanta contar historias. Soy curiosa respecto al mundo y a la gente. Creo que mientras pueda escribir lo voy a hacer, aunque en algún momento, supongo, la mente me va a fallar. Pero por el momento siento que lo puedo seguir haciendo y mientras pueda, lo voy a hacer. No es un sacrificio, la idea de jubilarme sería para mí un sacrificio.

¿Cómo surgió Más allá del invierno? ¿Hay elementos autobiográficos en él?

El personaje de Lucía se parece a mí, pero está basado en una amiga mía, Milena, que es periodista y escritora, que vivió también en el exilio. Le desaparecieron a un familiar, volvió a Chile, escribió libros sobre la represión, sobre los militares, y le dio cáncer de pecho y finalmente se murió. Ella fue la verdadera inspiración de Lucía, y también puse muchas cosas mías. Los tres personajes tienen, como quien dice, un modelo humano. El personaje de Lucía tiene a mi amiga en Chile y a mí también. En cuanto al personaje de Evelyn Ortega, la chica de Guatemala, yo tengo una fundación, y trabajo con mujeres y con niños. Después que murió mi hija yo creé esa fundación en honor a mi hija, y uno de los temas que se repiten todos los años en la fundación son los refugiados y los inmigrantes, porque trabajamos con ellos. Y el caso de Evelyn Ortega, yo conozco muchos, no tuve que inventarlo. El personaje del profesor, de Richard, es una mezcla de un amigo mío y mi hermano. Son personas que tienen vidas muy regulares, exactamente como el personaje. Ahora lo curioso  es que empecé a escribir ese libro como siempre, el 8 de enero de 2016. Fue en enero cuando hubo esa tormenta tremenda de nieve en toda la costa este, pero sobre todo en el estado de Nueva York, que paralizó a la ciudad por tres días, entonces pude basar mi libro en el invierno real de la tormenta porque también me servía de metáfora para el invierno emocional que están viviendo los tres personajes. Y que al correr riesgos al salir de aventuras, al salir de sus rutinas y su seguridad, descubren la solidaridad, la compasión, la amistad y por último el amor.

Ahora, cuando empecé a escribir ese libro, yo también estaba viviendo un invierno propio, porque ya de bastante tiempo mi matrimonio no funcionaba, me había divorciado de mi marido recientemente, acababa de dejar la casa y me había ido a vivir a una casa chiquita… Se había muerto mi perra, se había muerto mi amigo, se había muerto mi agente. Era un tiempo malito, bastante gris. Empecé a escribir el libro un poco para exorcizar mi propio invierno. Y como la vida es muy rara, por ahí por mayo, cuando ya tenía bastante escrito del libro, un señor me oyó por la radio cuando iba manejando a Boston y escribió a mi oficina y lo volvió a hacer todas las mañanas y todas las noches durante 5 meses. Al final lo conocí, cuando el libro estaba terminado. ¡Y el señor se parecía bastante a Richard! Era un tipo que tenía una vida bastante rutinaria, un viudo, con una vida establecida en la que no pasaba nada, ni bueno ni malo. Entonces al conocerme decidió que podía correr el riesgo, y bueno, ahora acaba de vender la casa, de deshacerse de todo lo que tiene y se viene con la ropa puesta a vivir conmigo en diciembre. El caballero tiene 74 años, así que, imagínate, un riesgo bastante gigante. Yo le digo: “Bueno, ¿Y qué pasa si no resulta, si no funciona?” Y él me dice. “Bueno, viviré en la calle”, porque se deshizo de todo. O sea que todo, todo puede pasar en la vida.

Eso que me cuentas es un poco Notting Hill en la tercera edad. Porque hay que tener valentía para escribirle todos los días y todas las noches a una escritora famosa para ver si muestra su lado humano. ¿No es cierto?

Bueno, pero le resultó. Así que valía la pena, creo yo. Y para mí, sin duda, valió la pena responder y estar abierta a esa posibilidad. No era nada romántico los mensajes que enviaba. Eran “Buenos días”, “Buenas noches”, una foto de su capuchino, cosas así. Pero nada que yo me sintiera acosada o incómoda.

Cuando empezaste, tu primer libro se hizo película al poco tiempo, y yo creo que eso ayudó mucho a tu carrera. Y tu segundo libro también se hizo película al poco tiempo, pero después, con tantas historias lindas que has contado, con tantas historias cinematográficas, no se han concretado en el cine. ¿Es una frustración?

Ha sido así porque yo no he querido firmar los contratos. Desde entonces hasta ahora, Hollywood ha cambiado completamente y resulta que ahora, cuando firmas una opción o cuando firmas un contrato, te piden todo. Ellos te pagan una suma nominal y luego te ofrecen un porcentaje de lo que entre, que nunca lo recibes porque todo va a representación pública, y a propaganda, publicidad y qué se yo. Y además, qué auditoría cabe tú no lo sabes. Pero te piden todo. Te piden los derechos para hacer la película y cualquier otra forma que se les ocurra, animación, lo que quieran. Quieren el copyright de los personajes; eso significa que si yo escribo otro libro con el mismo personaje tengo que pagarles un royalty. Entonces yo no puedo firmar ese tipo de contrato. ¡Además en qué términos, ¿para siempre? Antes los contratos tenían término, La casa de los espíritus eran 20 años, que ya se cumplieron. Entonces ya está el libro en manos de una agente que quiere hacer una segunda versiónpero ya no voy a firmar un contrato así, voy a firmar un contrato con término, no para siempre.

¿Cuando tú escribes, es un proceso más intelectual o visual? ¿Tú imaginas las escenas como si vieras una película?

No las veo, las vivo. A veces, cuando una escena es triste, ando varios días mal. Porque ando pensando en eso, ando sintiendo, me pongo en la piel de los personajes. El proceso intelectual es la investigación, que tiene que ser bien a fondo. Como te decía, para que la historia sea creíble tiene que tener un buen fundamento, el lugar, el tiempo y los hechos tienen que estar muy bien investigados. Sobre eso uno puede crear la ficción, pero hay que tener conocimientos importantes.

¿Cómo fue tu experiencia en el set de Jane the Virgin?

¡Fantástico! Mira, en la teleserie, a Jane le gusta escribir, quiere ser escritora, y desde que era jovencita me ha tenido a mí como ídolo, a quien ella quería emular, por lo que me invitaron a hacer una aparición. Y en el episodio, yo aparezco como “Isabel mágica” cuando ella era chica y cuando ella era adolescente, pero finalmente cuando ella escribe el libro y hay una pequeña fiesta de presentación en una librería, yo me presento en persona como soy ahora. Entonces fue muy divertido porque en las primeras escenas tengo que aparecer joven, entonces pasaba horas y horas en maquillaje, poniéndome extensiones en el pelo, pero es imposible verse mucho más joven. Y después, en las últimas imágenes aparezco yo como soy ahora. Fue muy divertido conocer a toda esa gente.

¿Y cuando hiciste esas escenas, encontraste a una Isabel actriz dentro tuyo?

No, para nada. ¡Para nada! Es un mundo tan diferente. Yo vivo en un mundo cerrado, introvertido, todo ocurre en mi cabeza y en unos pocos libros que tengo alrededor. Esto otro es una locura, todo el mundo participa. Yo no sé cómo lo coordinan, francamente, yo no podría trabajar así.

¿Ves cine y televisión?

No, no soy de ver mucha televisión ni mucho cine. Sí veo las películas cuando son buenas, pero no soy de ver mucha televisión. No sé ni prender la televisión en mi casa, con decirte que delante de la pantalla hay objetos, una orquídea, la foto de Paula, y qué se yo... Eso te da una idea de cuánta televisión veo. Cuando viene Roger, el amante, a verme, entonces movemos la planta y las fotos y vemos televisión.

¿Pero lo poco que miras en televisión, se mete en tus libros de vez en cuando?

No. a veces una imagen de algún lugar se me queda en la cabeza, pero muy rara vez una historia, muy rara vez. En parte porque mucho de lo que vemos en televisión son cosas de crímenes, o son cosas policiales, cosas así de las que yo no escribo. O de política. Las que yo escribo son historias de gente común y corriente como tú y como yo, gente que anda en la calle.