Jaime Maestro: “Por suerte, hay poca titulitis en la animación”

by Rocio Ayuso June 22, 2020
Animator and director Jaime Maestro

Jaime Maestro nunca ha querido dejar su Valencia natal. Oportunidades no le han faltado pero su lucha está en hacer lo que le gusta, animación, y hacerlo en casa, creando industria y ofreciendo oportunidades a los que, como él, quieren trabajar en este campo sin convertirse en un nómada del medio. Misión cumplida como refleja el estreno el próximo 24 de julio en Netflix de Animal Crackers, filme codirigido por Tony Bancroft, Scott Christian Sava y Maestro con un reparto estelar que incluye las voces de Emily Blunt y John Krasinski y fruto del trabajo de Blue Dream Studio en Valencia.

Ha sido una larga batalla hasta llevar Animal Crackers a las pantallas

El proyecto lleva camino andado. Conozco a Scott desde hace más, pero hace unos 7 años, cuando acabábamos un pequeño proyecto, me dijo que tenía posibles inversores si les presentaba un “teaser”. Por entonces yo estaba dirigiendo mi escuela Primer Frame y vi la oportunidad de traernos un proyecto grande a Valencia así que reuní un grupo de ex alumnos para hacer lo que llaman un “proof of concept” en un tiempo récord. Casi un año después me dijo que los inversores habían dicho que sí y nos fuimos a celebrarlo a Disneyland. Como era un proyecto de Blue Dream Studio, la empresa de Scott, montamos la filial en España para ofrecer una mayor transparencia.

Para entonces ya había ganado el Goya con El vendedor de humo. ¿Ayudó en algo?

El Goya sirve a nivel local. El cristal de Annecy te sirve más dentro de la industria, pero al final del día tu carta de presentación es tu portafolio. Por suerte, hay poca titulitis en la animación. Es la calidad de lo que muestras y si lo haces a tiempo lo que habla por ti.

¿Cuán difícil fue montar un estudio de este tamaño?

Fue como el corto de Wallace y Gromit, cuando Gromit va colocando las vías del tren mientras viene el tren detrás, pues así. Encima la película fue un salto a la piscina que nació como algo mucho más pequeño de lo que se convirtió. Porque yo ya había montado antes estudios y luego tuve una llamada vital de montar una escuela porque siempre fui un autodidacta con la espinita clavada por no haber aprendido nunca en un sitio. En España no hay CalArts ni Gobbelins y cuando monto Primer Frame no había nada parecido. La película empieza con ex alumnos y a medida que entra más presupuesto puedo ir contratando más gente. Con el casting es de primerísimo nivel pudimos contratar a grandes profesionales como Javier Visedo o Fran Fernández Lapena. La película fue cantera de muchísimo talento.

Siempre hablamos del gran talento español en la animación, pero ¿cuáles son las carencias?

Los productores. El talento se acumula en la parte artística, pero está muy descompensado a nivel de producción. Los hay buenos, pero son muy poquitos. No exportamos productores como exportamos otro talento. Falta esa pata empresarial, de producción y de inversión, incluso. Falta una buena cantera de productores que entiendan y respeten al artista.

¿A qué cree que se debe?

Para los que vienen de imagen real y dan el salto a la animación es un choque cultural. No tiene nada que ver. Nos meten ahí cuando un estudio de animación se parece más a una empresa de videojuegos que a un rodaje de imagen real.  Además, se rueda tan poquito que cuesta mucho hacer cantera. Más vale que tu primera película de animación sea perfecta o te crucifican. En imagen real tienes muchas más oportunidades de trabajar. También son más baratas.

¿Qué tiene Valencia que da tantos artistas en el campo del dibujo y la animación?

Incluso en pintura si nos vamos a (Joaquín) Sorolla. Hay mucho nivel en Valencia. Igual suena a medio en broma, pero yo lo atribuyo a las fallas. Más allá de la fiesta es muy impactante. Si desde pequeño sales a la calle y durante una semana ves monumentos que son diseños de personajes brutales en cada esquina es una inspiración que va calando. Valencia es una ciudad muy artística. Y es uno de los motivos por los que nunca me he ido porque la llamada de Los Ángeles la he tenido, de Londres, de Nueva York.  Pero no me voy porque cada año hay una cantera importante de gente. En La Tribu, mi actual estudio, queremos captar gente que se ha ido y el talento local.

¿Dónde nace su pasión por la animación?

Desde pequeño me gustaba dibujar. Pero dedicarme a la animación era algo extraterrestre. Pruebas el cómic, leo mi primer libro de animación, “La magia del dibujo animado”, y lo que me cambió la vida fue Akira. Eso y otra cosa que me marcó fue cuando iba al instituto vino un profesor de sustitución y me enseñó el programa Autocad en el aula de informática. Empezó a hacer un zoom a una locomotora, a la puerta, a la manivela y dentro había un texto del Quijote. Me enamoré. A partir de ahí aprendí Autocad, 3D Studio. Enfermé con aquello. Y también descubrí que se podía vivir de esto.

Sin embargo, desde que se estrena Animal Crackers en Annecy hasta ahora han pasado tres años. ¿Cómo se vive este impás?

En aquella época no te esperas que iba a tener los problemas que tuvo con la distribución, pero me quedo con nuestra presencia en Annecy y con las buenas críticas que tuvo. Tu eres consciente de la película que has hecho. Sabes las limitaciones. Pero no sabes la acogida que va a tener. El resto lo he vivido en la distancia. Termino Animal Crackers y tengo claro montar La Tribu como un pasito más allá. No hemos parado de trabajar. Hemos trabajado en Red Shoes y en Wish Dragon, de Sony, y mientras estamos desarrollado nuestros propios proyectos de los que espero que se conozca uno muy pronto.

Y de Annecy, ¿qué recuerdo queda de una cita que este año tuvo que ser virtual?

El primer año que fui a Annecy fue algo impactante, ver tanto amor por la animación y tanta gente volcada de todo el mundo en un mismo sitio. El primer año lo vi como mero espectador, la segunda fui con un corto (Friendsheep) y encima se llevó un premio. Siempre me he sentido muy bien acogido. En el campo de la animación es sin duda el mejor. Un paréntesis obligatorio para quien le guste la animación.