Javier Fesser: “Un buen filme es el que no puede quedarse en un cajón”

by Rocio Ayuso November 19, 2020
Filmmaker Javier Fesser

manel cresser/amazon

Hijo de una familia de artistas, Javier Fesser supo por Terry Gilliam que lo suyo iba a ser el cine. Y gracias a Jean-Pierre Jeunet, que su género sería la comedia. Su dieta de cómics y dibujos animados se deja sentir en sus largometrajes más taquilleros, aunque el más galardonado haya sido su única incursión en el drama y la candidatura al Oscar la obtuvo con un mediometraje para la UNICEF sobre la importancia de educar a la infancia. Una filmografía variada la de este gran amante del cine que estrena su último largometraje, Historias lamentables, en Amazon.

Historias lamentables parte de un guion antiguo que encontró en una mudanza. ¿No le preocupó la fecha de caducidad de sus notas

Fue un guion que escribí en 1988, el primero que escribí en mi vida y cuando no tenía ni idea de contar historias, de escribirlas y menos de rodarlas. Pero me encantó volverlo a leer. No valía un duro como guion, pero recordé el lugar desde el que lo había escrito, con una inocencia pasmosa y una falta de miedo total, cuando estaba descubriendo el cine y quería conocerlo todo. Ahora está escrita partiendo de cero, lo escribí todo de nuevo, pero intentando mantener la ingenuidad de aquella primera vez.

¿Es posible volver a esos 20 años?

No creo que haya perdido nunca esa fascinación por aprender, pero es verdad que cuando estaba todo por aprender, el camino se pintaba muy emocionante y la aventura apetecía muchísimo. Ahora ha llegado a ser doloroso. Tengo experiencia de bastantes años contando historias, pero no tenía ni idea de cómo hacer esta película. Me pasa con todas. Ningún camino transitado en otras películas me ha valido para esta ni para ninguna. Cada una tiene su protocolo, su camino, y es difícil trasladar una experiencia a la otra.

¿Cuánto ha quedado de la historia original?

El espíritu del guion, el de los personajes. Cuanto más veo Historias lamentables más la veo como dibujos animados siendo una película de imagen real. Pero mis referencias más fuertes, y no lo digo con vergüenza sino feliz, vienen del tebeo. De los dibujos animados, de lo que he mamado en la tierna infancia. Esta película tiene mucho del correcaminos, del mundo de la Warner Bros y de muchas otras cosas que uno ha ido incorporando en la vida.

Hablemos del rodaje, ¿cambia mucho el hecho de ser cuatro historias?

Al principio pensaba que iba a ser una producción fácil porque las iba a separar como cuatro historias cortas, casi como cuatro cortometrajes. Pero al final se convirtió en el rodaje simultáneo de cuatro películas porque durarán 30 minutos cada una, pero todas tienen un mundo y un universo particular y se multiplica todo por cuatro.

A scene from "Historias lamentables"

Ua escena de Historias lamentables.

amazon

 

Todos los actores con los que trabaja son nuevos. ¿Por qué?

Como espectador, me encanta ver caras nuevas, me parece un regalo cuando ves un actor o una actriz por primera vez y se convierte en el personaje de la película. Como director también me gusta sorprenderme. Hay actores conocidos maravillosos y por eso son tan conocidos pero sus registros están bastante explotados. Incluso para los directores, es difícil extraerles algo que no conocemos. Por eso hicimos un casting de directores de casting, porque la mayor parte de las veces es una declaración de intenciones muy chula, pero acabas recurriendo a las vías por las que vienen las mismas caras. Así que mi agenda estuvo en blanco para encontrar talento con mucho nivel, porque ahí fui muy claro, pero encontrando las caras que correspondían a esos personajes. Pero tampoco es ningún dogma. He encontrado un reparto que se corresponde con los personajes de esta película.

Su filmografía alterna entre la comedia y el drama, la farsa y el compromiso social. Entre todo ello, ¿cuál es el título que más le ha marcado?

Entre todas las que he tenido la suerte de hacer destacaría Binta y la gran idea, un mediometraje hecho con la colaboración de UNICEF en el Senegal que me regaló la posibilidad de utilizar mi trabajo, mi capacidad en contar historias, para otra cosa distinta de los cines, las palomitas y los resultados de taquilla. Apostar claramente por educar e inspirar haciendo que nos conozcamos mejor unos a otros. Me abrió un camino que no conocía. Han venido muchos otros entre medias que tiene que ver con el cine sin el dinero, el éxito o la crítica. Tuve la suerte de trabajar en esto, de prestar mi trabajo para que hablen otros, pensado directamente en los niños como espectadores. Películas con mucha chicha pero a la vez divertidas y entretenidas, porque el cine es para pasarlo bien, entretenerte, emocionarte pero con un tema que te va a dejar lleno de preguntas. No se me ocurre nada tan poderoso como el cine para zarandear tu conciencia y hacerte trabajar por mejorar cosas.

¿Y en el cine de otros? ¿Cuál dejó esa huella?

En mis inicios fue Brazil, de Terry Gilliam. Es donde decidí que eso es lo que yo quería hacer, cine. Delicatessen también fue muy importante para atinar porque me mostró que más allá de cine, lo que quería hacer son películas de un determinado tipo. Eso fue cuando estaba despertando y hubo películas que me dieron pistas. Pero hubo un momento posterior, más maduro, cuando dices ‘esto no me lo había imaginado’. Ese llegó con Las tortugas también vuelan (Turtles Can Fly). Esa película fue el ejemplo de que el cine me permite meterme en la piel de otro. En un idioma que no hablo, en una familia que no tiene que ver con la mía, pero esa película me hizo ser ese chaval de esa historia. Ahí fue cuando dije eso de ‘el cine es una pasada’.

Sin embargo, son muchos los que dicen que el cine ha muerto.

No tengo esa sensación para nada. Con Historias lamentables hemos cambiado el orden de las ventanas y por eso salimos en Amazon pero a los seis meses vamos a los cines. Es un escenario nuevo, pero no podemos quedarnos a verlas venir. A mi me pedía el cuerpo que esta película esté al alcance de espectador, pero tengo un mono de cine muy grande. Es una necesidad y no creo que sea solo porque me dedico al cine. La experiencia de ver una película en cine es muy difícil de reemplazar. Pero tampoco me quiero mover por la nostalgia sino ser muy práctico. Porque todo esto de la distribución me parece muy pequeño con respecto a lo verdaderamente importante: que sea una buena película, que esté bien contada, que tenga sentido. Para mi, un buen filme es el que no puede quedarse en un cajón.

¿Cuál fue esa primera película que le llevó al cine?

El recuerdo más remoto que tengo es el cine Carlos III en Madrid viendo Tiburón con mi padre. El estaba “de Rodriguez” en verano y yo tuve que ira a Madrid al dentista. Tuve a mi padre para mi solo todo el día, yo, de una familia de nueve hermanos. No me lo creía. Nos fuimos a ver Tiburón y me acuerdo que yo miraba más a mi padre que a la película.