Jayro Bustamante: "Mostrar la verdad siempre incomoda"

by Gabriel Lerman December 3, 2019
Actor Jayro Bustamante

Tim P. Whitby/getty images

Desde que debutó en el largometraje 4 años con Ixcanul, Jayro Bustamante parece estar destinado a romper barreras. Fue la primera película guatemalteca en ser seleccionada para participar del Festival de Berlin, en donde ganó el premio Alfred Baur, y también se llevó importantes galardones en Cartagena, Guadalajara y una media docena de festivales más. Este año, Bustamante ha vuelto a la carga, repitiendo en Berlín con Temblores, su segundo filme, y participando por primera vez de Venecia con un tercero, La llorona, una curiosa adaptación del mito latinoamericano a la compleja realidad política guatemalteca. En Temblores, que se ha estrenado comercialmente en Estados Unidos, Jayro se ha atrevido a tocar el tema tabú de la homosexualidad en la clase alta de su país. En esta entrevista, nos contó cómo es lo de ser el director guatemalteco que está transformando el cine de esa nación centroamericana. 

En el mundo que vivimos hoy, la historia que cuentas en Temblores parece ser de hace 20 años atrás, pero ¿sigue siendo así en Guatemala?

Sí, no puedo generalizar, pero yo creo que si comparamos Guatemala con países más desarrollados vivimos en una especie de retraso de unos 50 o 60 años. Por eso me tomé la libertad, ya que hablo de una sociedad un poco más retrograda, de utilizar una estética más setentera. Hay algo en las películas americanas de los setenta que me gusta mucho. Lumet fue una gran inspiración en esta película entonces digamos que ese desbalance social que Guatemala presenta me sirvió también para la estética.

Tanto La llorona como Temblores figuran como películas del 2019. ¿Cuál es la que siguió a Ixcanul

Temblores fue la segunda película y empezó su vida en el Festival de Berlín en febrero del 2019 y La llorona en Venecia de ese mismo año, unos meses después. Lo que ocurre es que a La llorona la terminamos muy pronto y Temblores llevó como un año y dos meses de post producción, así que hay casi dos años entre una y otra.

No hay muchos directores en América Latina que puedan estrenar dos películas el mismo año. ¿Qué pasó?

Yo creo que las tres películas hacen un tríptico que empecé a trabajar en el 2013 más o menos. En el 2015 saqué Ixcanul pero los otros temas ya estaban bastante avanzados, encima La llorona tuvo indirectamente muchas voces que decían que no nos iban a dejar filmar porque habla de la historia reciente de Guatemala y ese tema es complejo todavía, así que tuvimos que acelerar para terminarla.

Es cierto en Guatemala hay mucha gente que no te tiene simpatía precisamente porque te metes con los temas de los que no se quieren hablar?

Yo hice las películas tocando los tres temas que representan la discriminación más fuerte de nosotros que son indio, homosexual y comunista, este último como se entiende en América Latina, no políticamente. Es muy raro porque la gente preferiría que yo presentara una imagen de una Guatemala colorida porque todavía nosotros tenemos ese tipo de comentarios completamente paternalistas en los que seguimos diciendo “nuestros indígenas” y si queremos ser menos discriminativos decimos “nuestros inditos”. De alguna manera nos gusta decir que nuestros “inditos” son coloridos, son sonrientes, que ellos están felices, entonces mostrar la verdad siempre incomoda en una sociedad que se miente a sí misma.

A veces el cine ayuda a curar o a sanar a una sociedad ¿No crees tú?

Eso espero, el gran problema de nuestra sociedad es que tuvimos esa guerra tan larga que duró casi 40 años, que aparte silenció todo. A los que hablaban los desaparecían y los demás se fueron, entonces tuvimos un tiempo de silencio muy fuerte en el que las artes se volvieron decorativas o se tornaron muy raras porque no tenían espacios. Por eso ya que de alguna manera nos es tan difícil abordar esas cosas desde la política o desde lo social porque le tenemos tirria o simplemente porque una parte de la sociedad está cansada, creo que el arte puede ser otro tipo de lenguaje que tenga menos anticuerpos, aunque si los tenga.

Por otro lado, haces tú primer largometraje de ficción, entra al Festival de Berlín y tiene repercusión internacional ¿qué generó eso en la sociedad de Guatemala?

Generó dos cosas raras a la vez. Por un lado, una incomodidad sobre los temas que se trataban y por otro, mucha alegría. En esta sociedad acostumbrada a que las primeras páginas de los periódicos son tan terribles, de pronto una buena noticia nos causa orgullo nacional. A mí me sorprende mucho que me nombraran embajador honorario de Guatemala y al mismo tiempo no les gusta lo que yo hablo. Pero hay otra cosa que se tiene que entender de estas sociedades y es que dentro de las instituciones hay gente que tiene mucha más conciencia que otras, entonces estos últimos tratan de hacer algunos cambios que, aunque parezcan chiquitos, en sociedades represivas siempre son significativos.

Tú te fuiste a seguir tus estudios a Francia ¿Qué crees que habría pasado contigo si no hubieras hecho ese viaje? ¿Hubieras podido convertirte en el realizador que eres hoy?

Seguro que en el mismo no, creo que de alguna manera hubiese terminado haciendo cine. Para mí, la carrera representó un esfuerzo mayor de lo que puede ser para cualquier persona. No tenía ninguna escuela a la mano ni tampoco un poder económico tan fuerte como para irme después del bachillerato o estudiar en uno relacionado con el cine, entonces el proceso de construirme como persona, de construir mi propia estabilidad económica para después poder llegar a trabajar significó un montón de tiempo. Eso es lo que les pasa a todos los directores en Guatemala hoy en día, son también emprendedores que con mucho esfuerzo levantan ellos mismos sus propias películas. No hay fondos, no hay inversiones, es todo muy complejo.

¿Tus películas podrían haberse hecho sin participación europea o las has podido hacer debido a la coproducción?

La primera película realmente la hice con un préstamo personal y la filmación llegó hasta un primer corte con ese dinero y después entró una productora francesa que nos ayudó a terminarla, y a partir de los premios que el largometraje obtuvo, hubo una catapultada que yo no esperaba pero que logró que las otras dos fueran más fáciles hacerlas. En cambio, por ejemplo Nuestras madres se hizo de una manera mucho más tradicional, en cuanto a los fondos, llevó el tiempo que necesitaba para construirse, un poco como Temblores, fueron dos películas en donde Europa si fue importante, aunque la diferencia es que en Temblores yo también soy productor, así que aporto una parte muy importante desde mi país y eso permite que la película pueda ser guatemalteca.

Temblores está protagonizada por Juan Pablo Olyslager, que tiene una larga trayectoria en Guatemala. ¿Cómo es encontrar los elencos en Guatemala con un cine tan limitado?

Desde Ixcanul yo no hice un casting buscando actores porque sabía que no había, me refiero a los de cine, hay muchos de teatro, entonces yo parto de la base de hacer un casting de talentos y una vez que estoy seguro que tienen algo que se les puede explotar realmente, empieza una formación que en la primera película duró 6 meses, en Temblores, con algunos duró un año y algo, con otros 3 o 6 meses dependiendo de cómo los iba encontrando y en La llorona hicimos 3 meses de trabajo. Es una manera de trabajar que incluye un esfuerzo social más grande y más largo. Entiendo que otras producciones puedan no querer tomar ese riesgo o ese tiempo y apuestan a algo que es más seguro y que lleva más dinero. Con respecto a Juan Pablo, que es el actor más conocido en Guatemala, llegó tarde al proyecto. Yo no estaba pensando mucho en él en un principio porque había hecho un tipo de cine que podemos catalogar como más local, pero después me di cuenta que tenía un abanico más grande de emociones, entonces también lo invité a participar de ese coaching y esa formación que creamos y de manera realmente muy generosa y muy modesta me dijo: “Claro que sí, yo empiezo de cero y empecemos como vos lo hablás”, que de alguna manera me servía a mi como para ponerlos a todos bajo el mismo registro. Igualmente, él ya traía ciertas cosas de profesionalismo que me ayudaron a mí un montón y a los otros actores también.

¿La gente en Guatemala va a ver cine guatemalteco?

La gente en Guatemala va a ver Avengers y cine gringo, pero hay una necesidad de cine guatemalteco, aunque es muy poquito hay que empezar por el hecho de que menos del 9 por ciento de la población tiene acceso a las salas de cine y que nosotros no tenemos producción televisiva porque todo lo compramos ya hecho, entonces fuera del cine independiente que se hace, no hay nada realmente, incluso las comedias o el cine más local o más popular en Guatemala se realiza de esta forma.

Me imagino que en Hollywood o a nivel internacional habrán visto tu trabajo y estarán interesados para que filmes en inglés. ¿Por dónde va a seguir tu camino?

Me han hecho propuestas, pero hay una cosa que es compleja con la manera en la que nosotros trabajamos en América latina y creo que puedo generalizar un poco, y aunque si tengamos una escuela bastante estructurada y podamos llegar incluso a grandes industrias también tenemos algo muy artesanal en lo que hacemos y que es lo que más estoy tratando de cuidar porque tengo miedo que sin eso no me quede bien la película. No es una cosa de purismo y de decir que no quiero ensuciarme ni venderme, es simplemente que si me quitan a mí lo artesanal puede que no sea un director a quien les interese pagarle. Tiene que ver con la responsabilidad profesional. Claro que si hay alguna historia que me toque la haría sin mucho conflicto. Siendo sincero seguramente mi próxima película va a ser en español, aunque sí que estoy mucho más interesado en contar una historia en francés porque he vivido la mitad de mi vida en Francia así que tengo muchos más lazos con esa sociedad.

Cuando decidiste seguir el camino del cine en un país que no tenía industria cinematográfica, ¿qué fue lo que te llevó a decidir hacer películas?

Era muy chiquito, así que tuve la suerte de ser todavía demasiado ingenuo para poderme marcar eso y creo firmemente que hay personas como yo que tenemos algún desorden psicológico que nos hace amarrarnos a ciertas ideas, porque creo que la naturaleza del ser humano es mucho más curiosa. Eso de que a los 11 años uno sepa lo que quiere hacer y darle a eso día a día para lograrlo me parece un poco enfermito a mí, y fue lo que me pasó. Yo empecé con las historias de niños en la plantación de café que tienen mis abuelos maternos y allí se contaban relatos siempre y el narrador tenía un rol importante en esa sociedad chiquita. Y luego yo crecí en un pueblo maya que era una localización bendecida por la naturaleza, situada alrededor de un lago, con tres volcanes, un sitio muy bonito que también atrajo una gran cantidad de extranjeros a vivir allí y mucho turismo. Había una especie de café bar donde los turistas dejaban libros y VHS, y se hacía como un intercambio de películas y literatura. Yo iba mucho a ese lugar donde empecé a descubrir el cine europeo. Una de las que más me marcaron, fue Átame de Pedro Almodóvar, que cuando la miré me sorprendió y dije “le dieron permiso de hacer eso”, era como el reflejo de mi opresión total.