José Esteban Alenda: “Combatir el virus de la manera en que podamos”

by Rocio Ayuso March 23, 2020
Filmmakers Cesar and Jose Esteban Alenda

César y José Esteban Alenda

academia/festival de gijón

Aunque su apellido es parte del tejido que da forma al cine español, los hermanos José Esteban y César Alenda tienen una larga carrera en el campo del cortometraje pero solo cuentan en su filmografía con un largometraje, Sin fin, película con la que este año fueron nominados al Goya. Un filme con el que ahora han hecho historia ofreciéndolo de manera gratuita a cualquiera que desee verlo en red en estos días en el que las salas están oscuras y los espectadores tienen la responsabilidad social de estar en sus hogares. Un sentimiento solidario que estos cineastas heredaron, como muchas otras cosas, de su padre, José Esteban Alenda, productor ejecutivo en numerosas películas de José Luís Garci incluido el primer Oscar de la cinematografía española, Volver a empezar, y el distribuidor que abrió la puerta y los cines de la España de la transición a grandes películas. En esta entrevista te invitamos a conocer mejor a estos cineastas con conciencia.

¿Cómo nace la idea de ofrecer Sin fin a quién quiera durante este tiempo de confinamiento?

Nosotros nos hemos criado con una conciencia social que nos hace sentir mal por no poder hacer algo más cuando hay una parte de la sociedad que se está comiendo el marrón. No es poco lo de ser disciplinado y mantener la cuarentena. Es una responsabilidad clarísima para no propagar el coronavirus. Pero también nos dimos cuenta de que la única otra manera en la que podíamos colaborar era aliviando la cuarentena haciendo que la gente se evada con el cine. Nos pareció fundamental aportar ese granito de arena. Leí un tuiter de Guillermo Fesser recontando una anécdota del Apolo 11 cuando un reportero se acercó al que cortaba el césped en los alrededores de la lanzadera espacial y le preguntó qué hacía. Su respuesta fue ‘estoy ayudando al hombre a llegar a la Luna’.  Una anécdota que extrapolaba al frutero que ahora está trayendo la fruta a las tiendas y que está combatiendo el virus de la manera que puede. Creo que lo deberíamos de hacer todos para apoyar a un grupo de gente que nos está ayudando por encima de sus posibilidades. Combatir el virus de la manera en que podamos por pequeña que sea.

Esta oferta es un broche muy bonito para una larga trayectoria como la de Sin fin. Háblenos de la gestación de este proyecto.

La cuarentena de Sin fin duró siete años. Nació como un proyecto de largo, no como un corto, pero por el tipo de película que es vimos que era muy difícil de levantar y decidimos seguir lo que bautizamos como al “estrategia Whiplash”. Porque Damien Chazelle empezó también la película con un guion de largo y le orientaron a que hiciera un corto. Acabó en Sundance tanto con el corto como luego con el largo. Quisimos replicar ese modelo porque creímos que era la manera más realista de llevarlo a cabo y se comprobó que fue una estrategia exitosa.

¿Han servido de algo los premios a lo largo de su carrera?

El mundo del corto nos pilló formando parte de una generación de directores que no éramos jóvenes realizadores sino “viejóvenes”. Y nos costó salir porque había una crisis muy gorda y la industria decidió apostar por nuevas voces. Los premios, las nominaciones al Goya, nos sirvieron para seguir haciendo cortos, pero no para hacer el largo. Fue un valor añadido, pero no diferencial. Con el largo, la nominación al Goya sí que nos ha colocado en un lugar distinto. Nuestro próximo proyecto será con La Zona porque les gustó mucho Sin fin y el Goya abrió muchas puertas. Pero el año siguiente habrá una nueva hornada. Los tiempos de cine son los que son. Como nos dijo un productor amigo cuando estábamos a punto de estrenar, ‘suerte en ese trance’. Al final se mezclan muchas cosas. El cine no es una fórmula matemática.

A scene from "Sin Fin", 2020

Una escena de Sin fin.

 

Sin que haya fórmulas matemáticas, en su caso lo que hay es un legado. El apellido Alenda es un referente en la industria española. ¿Cómo influyó su padre en su carrera?

El mayor legado de nuestro padre -y no creo que fuéramos conscientes ya que yo tenía 22 años y mi hermano, 20, cuando se murió- fue la pasión por el cine. Era algo común en una o dos generaciones anteriores a la nuestra. El cine era una pasión. A veces se nota que eso se ha ido perdiendo, esa pasión que movió ese momento político de finales de los 70 y principios de los 80. La base desde la que se construyó nuestra conciencia social y que no es comparable a lo que hizo esa generación de productores, directores, guionistas, distribuidores que nos dio un cine impensable, rebelde, rompedor. Gracias a esa generación nosotros hemos heredado ese espíritu combativo. Esa búsqueda de la autenticidad. Algo fundamental ahora más que nunca cuando la censura es mayor. Porque está muy en boga la autocensura, el ahora escribo no lo que quiero sino lo que puedo vender, algo muy instalado en nuestra industria pero que es una rémora y que acabará afectando mucho al cine. Hay una especie de fórmula en las pantallas y el cine no es un modelo, es un prototipo. Cada película es algo diferente.

¿Cuál es su gramática cinematográfica? ¿Cómo se organizan el trabajo? ¿Hubo alguna diferencia con su estructura haciendo cortometrajes?

Sin fin es una película pequeña que rodamos en 24 días casi con más de 20 tomas al día. Tuvimos que aprender a nivel de escritura, pero en puesta en escena no vimos grandes diferencias con el corto. Trabajamos de una manera muy orgánica prácticamente con el mismo equipo técnico y creativo. Nos hemos educado audiovisualmente viendo lo mismo y funcionamos bien juntos, pero depende de quién plantee el proyecto, es el que tiene la decisión final.

¿Y cómo productores? Más allá de Sin fin acaban de recibir dos candidaturas a los Premios Platino del Cine Iberoamericano como productores del filme brasileño El despertar de las hormigas.

Siempre firmamos los hermanos Alenda como marca, pero lo mismo que el montaje le corresponde a César, la producción la gestiono yo. César no suele estar involucrado en la producción ni en nuestros proyectos ni en los ajenos. Tengo una formación más ligada a la producción, a lo mejor por herencia, y en los tiempos muertos de los proyectos apetece estar en otros donde puedes pensar que eres necesario.

¿Qué películas le convencieron para hacer cine?

Nuestra infancia fue muy peculiar porque tuvimos la suerte o la locura de habernos criado no necesariamente viendo películas animadas sino otro cine como el de los hermanos Marx. Nos las veíamos todas, una tras otra, sobre todo A Day at the Races que debe de ser la película que más hemos visto. Luego no habremos hecho comedia, pero nos marcó mucho. El cine de Hitchcock, las reposiciones que hacía nuestro padre de películas como The Asphalt Jungle, de John Huston; Sullivan’s Travels (de Preston Sturges), o The Private Life of Sherlock Holmes, de Billy Wilder. Estamos más cerca del cine estadounidense de esa época o del independiente de los 90 que de otro cine.

Y además de Sin fin, ¿qué películas recomendaría en tiempos de confinamiento?

Buscaría algo más de comedia. Recuerdo la peli de Peter Bogdanovich Noises-Off, con la que más me he reído nunca. Y toda la filmografía de los hermanos Marx. Por maravillosas que sean no recomendaría nada de gente confinada como The Platform (de Galder Gaztelu-Urrutia) o Ace in the Hole, de Billy Wilder, aunque comunique con lo que está pasando. Iría por algo más de humor inteligente.