Kenny Ortega: “He visto lo más feo de la discriminación”

by Rocio Ayuso September 11, 2020
Diector and choreographer Kenny Ortega, 2020

armando gallo/hfpa

Está clarísimo lo que más enorgullece a Kenny Ortega. Y no es necesariamente su trabajo con los mejores, desde Gene Kelly a Madonna, pasando por Michael Jackson o Gloria Estefan. O que su carrera como actor, director, productor o coreógrafo está salpicada de éxitos que van de Newsies a High School Musical. En su casa, rodeado de un gran número de los galardones conseguidos a lo largo de sus 70 años de vida, a Kenneth John Ortega le falta tiempo para arrancar la entrevista diciendo “¿sabías que mis abuelos son españoles?” Eso sí, su español no está disponible en estos momentos. Acaba de regresar de Las Vegas, y el calor y el cansancio detienen su lengua en el idioma de Hollywood.

Hablemos primero de esa otra familia que ha forjado con su nueva serie, Julie and The Phantoms. ¿Qué le mantiene en contacto con una nueva generación de espectadores?

Tengo una familia muy extensa con sobrinos y sobrinas, con sus hijos y sus hijas, muchas generaciones a las que les encanta la música, la fiesta. A mi abuela le encantaba el flamenco. A mi madre, el baile. Mis hermanas cantan. Siempre amé esta profesión, desde pequeño, el cine, el teatro, la música. Para mi fue una forma de comunicación, de contar historias y nunca he perdido el entusiasmo. Comencé como actor y luego salté más a ese lado más conceptual, a las coreografías, a la dirección. Pero mi corazón siempre ha estado contento con lo todo que hacía. Por eso consigo conectar con todas las generaciones, porque el trabajo que hago es fresco, lleno de alegría y ese es el espíritu que transmito a los que trabajan conmigo.

¿Quizás con una mayor intensidad en el caso de Julie and the Phantoms al tratarse de una protagonista hispana?

Una de las principales razones por las que quise hacer esta serie es por la diversidad. Eso contó con todo mi apoyo. Desde el principio quise una protagonista latina, una familia latina. Ya iba siendo hora de tener gente de color al frente de la serie y explorar otras culturas, de encontrar una joven que se sintiera cercana, auténtica, brillante. Algo que encontramos en Madison Reyes, la hija de una familia puertorriqueña orgullosa de sus raíces. Sí, me siento muy orgulloso de haberlo conseguido porque no creo que tengamos suficientes referentes de nuestra diversidad. Pero adoro cada proyecto que he hecho o no lo habría hecho. Este simplemente fue especial porque fue mucho más ambicioso. La única pega que puso Netflix es que se preguntaban cómo íbamos a encontrar lo que buscábamos. Yo sabía que lo conseguiríamos. Julie and the Phantoms es una serie que no solo funcionará en la pantalla sino en el escenario. Esa siempre es mi esperanza.

¿Siente que ha mejorado la presencia hispana en Hollywood?

Esa es la gran pregunta. Y aunque tenemos mucho que andar, la respuesta es sí. Tanto en Disney TV como en Netflix me he dado cuenta que ya no necesito mantener esa conversación. Que son muchos los que están pendientes de que exista esa diversidad tanto a un lado como al otro de la cámara. Cuando comencé mi carrera no solo tenía que ser yo el que hiciera la pregunta, sino que tenía que defenderla porque los había que venían a decirme que si mi cuerpo de baile no era un poco oscuro. “¡Ponle más luz!”, les contestaba. O querían que emparejara blancos con blancos, latinos con latinos, negros con negros, y yo les decía que no, que me dejaran trabajar. Ya no me veo en esas situaciones. Queda mucho por hacer, pero veo el entusiasmo, veo lo que se ha conseguido, que la gente se está levantando de su silla para hacer oír la voz del cambio y eso es excitante.

¿Alguna vez se ha sentido víctima de la discriminación?

¡Claro que sí! (Silencio) Demasiadas veces. Hubo un momento, cuando era joven, que un jefe de policía me tendió una trampa y puso mi vida en peligro con algo con lo que no tenía nada que ver. No le gustaba lo que yo representaba. Me veía como un ser ofensivo, una afrenta al status quo, y maquinó un plan que me llevó a la cárcel y podía haber acabado con mi vida. He visto lo más feo de la discriminación. Pero nunca me di por vencido. Siempre he hablado con la verdad por delante. Nunca he tenido miedo.

Esa misma verdad con la que habló muy temprano sobre su homosexualidad.

Me siento muy cómodo hablando de ello. Solo me siento incómodo con esa porción del mundo que todavía no ha abierto los ojos para aceptar lo que ellos no son. Reconocí públicamente mi homosexualidad en 1971 o 72 en la revista “The Advocate”. En primera página. Tendría 20 o 21 años y no eso era ‘cool’ pero en ese momento el movimiento necesitaba gente que se arriesgara. Sabía que estaba arriesgando mi carrera, que me ponía en peligro. Pero también sabía que tenía que hacerlo. Entonces no sabíamos lo que nos esperaba, pero no nos importaba. Teníamos que hacer lo correcto. Ahora también hago lo que puedo porque vivimos en un mundo que sigue siendo tendencioso. Pero no va a durar. Hay que sacarles de su sueño. El mundo no les pertenece, nos pertenece a todos. Hay que moverse y actuar.

¿Cree que influye en su fortaleza esa sangre española de la que está tan orgulloso?

(Risas). Mi abuela era de Bailén. Una mujer de armas tomar. Muy vinculada con la Iglesia, pero también una vecina increíble. Teníamos unos vecinos negros que la tenían enamorada, el señor y la señora Williams. Y siempre venían por la puerta de atrás. Mi abuela pensaba que era por la confianza que nos tenían, pero le dije que pensaban que no podían entrar por la puerta principal. Enseguida les dijo que o entraban por delante o no entraban. ¡Y cómo nos defendió en la Iglesia! Yo estaba en catequesis. Una monja me dijo que entendería lo que era la fe cuando llegara al cielo y cuando le dije que no podía esperar me dijo que era un pecador. Mi abuela fue y le cantó las cuarenta. A mi abuela no la paraba nadie. Una mujer con grandes principios, que trabajó con sus manos en el campo, en la industria y fue toda una inspiración para mi. Quizá mi energía la saco de ella.

¿Y su inspiración artística?

Mi abuela adoraba la música, el flamenco, y bailaba mientras cocinaba. Mis padres fueron hijos de la Segunda Guerra Mundial. Mi padre sirvió en la guerra y mi madre ayudó a los soldados. Ambos se conocieron bailando. Eran bailarines increíbles, swing, ‘jitterbug’, se lo bailaban todo y les dejaban la pista para ellos. Como no tenían dinero para niñeras me traían a la pista de baile con solo tenía 3 o 4 años y recuerdo verlos con tal admiración. Disfrutaba con su felicidad en la pista de baile. Luego, en casa, bailaban en el salón. Estoy seguro de que eso me llevó a la música y al baile, el amor y la felicidad que ellos irradiaban. Busqué siempre el amor y felicidad que mis padres disfrutaban bailando.

Y consiguió disfrutarlo junto a los mejores, de Gene Kelly a Michael Jackson, Madonna o Gloria Estefan. ¿Cuál fue su mejor baile?

Mi madre acaba de morir a los 94 años, aquí, en mi casa, conmigo. Ella fue la primera persona con la que bailé. Y el año pasado, cuando me dieron el premio como una de las personas más legendarias de Disney, cuando se puso a tocar una orquesta de swing, subí a mi madre al escenario y la saqué a bailar. Fue nuestro último baile y el más memorable de mi vida.