La animación iberoamericana aúna sus fuerzas en los premios Quirino

by Rocio Ayuso April 7, 2018
A scene from the aninated series "Pocoyo"

La serie Pocoyó, un éxito internacional, es uno de los finalistas de los premios Quirino de 2018.

courtesy Premios Quirino

Mientras Donald Trump busca cómo levantar un muro entre México y Estados Unidos, en Tenerife (España) los principales creadores de la animación iberoamericana se han dado cita para aunar fuerzas y encontrar un público común para sus producciones.

Su arma se llama los premios Quirino, los primeros galardones dedicados a reconocer lo mejor de la producción de animación en Iberoamérica. Y su base de operaciones, Santa Cruz de Tenerife, la isla española que el 6 y 7 de abril se convirtió en la capital de la animación iberoamericana. Más de 250 profesionales del mundo de la animación en representación de España, Portugal y América Latina se dieron cita para tender lazos de cooperación y ayudar entre todos al reconocimiento de un sector popular pero habitualmente minusvalorado como “cosa de niños”.

Los Quirino acaban de arrancar pero tienen historia. Heredan su nombre del director italo-argentino Quirino Cristiani, creador del primer largometraje de animación de la historia, El apóstol (1917). Y muchos aspiran a mantener su nombre vivo. En este foro de unidad y colaboración un total veinticuatro obras procedentes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, España, México, Perú y Uruguay pugnan por alzarse ganadoras de esta primera edición los Premios Quirino en alguna de sus nueve categorías. España, con 12 obras finalistas, es el territorio más representado, seguido de México y Colombia, con 5 cada uno. Entre los trabajos seleccionados se incluyen títulos como Tadeo Jones 2, El libro de Lila y Ana y Bruno o las series Puerto Papel o Pocoyó, entre otras

También fueron jornadas de reflexión donde los ponentes coincidieron en los muchos puntos de unión que comparte la industria animada iberoamericana de ambos lados del Atlántico. Entre ellos la riqueza de talento, el deseo de contar historias propias y, sobre todo, la necesidad de encontrar su público.

 

Scenes from finalists of the Quirino Awards

(Desde arriba a la izquierda):Puerto papel, El libro de Lila,Ana y Bruno,Tadeo Jones 2.

courtesy quirino awards

 

Carlos Biern en nombre de Diboos, federación de productoras que representa a más del 80 por ciento de la producción de animación y efectos visuales en España, celebró el momento de auge. “Hay de todo en la animación en España”, resumió con los números de su parte. En los próximos cuatro años se prevé en España la producción de 90 largometrajes y 140 series de animación. Un sector audiovisual formado por más de 250 compañías que cerraron la facturación de 2017 generando más de 800 millones de dólares. En este análisis de la animación iberoamericana José Iñesta, fundador del festival  animado Pixelalt, confirmó que las cifras de producción son igualmente alentadoras en México. En la actualidad están en marcha 15 largometrajes animados y otros tantos fueron estrenados en los últimos cinco años. Sin embargo, pese a ser uno de los principales países consumidores de audiovisual en el mundo, sólo un cinco por ciento de la taquilla mexicana procede de sus propias producciones. “Ese es el gran reto”, asegura Iñesta. “Ser capaces de co-crear un contenido hispano que satisfaga no solo a la apuesta iberoamericana sino a la audiencia latina en Estados Unidos”, subrayó recordando a ese 13 por ciento de la población estadounidense que compone el 25 por ciento de la audiencia cinematográfica en EEUU.

El reto va más allá de encontrar formas de coproducción. Iñesta incidió una y otra vez en la necesidad de mejorar la calidad en las producciones. Por eso aplaudió la iniciativa de su compatriota Guillermo del Toro que financiará anualmente los estudios de un mexicano en la escuela francesa Gobelins, reconocida como una de las mejores en la industria de la animación. “El 30 por ciento de los que se van, vuelven. Como él –dijo Iñesta en referencia a del Toro- que salió para triunfar”.

Todos los asistentes describieron los Quirino como una gran iniciativa para llegar a una audiencia potencial de 560 millones de habitantes en el área. Pero dentro de esta loa a la coproducción iberoamericana Marta Machado, de la Asociación Brasileña de Cine de Animación, lanzó una llamada de atención. Y para ello se remontó al pasado, al primer largometraje de animación brasileño, Sinfonía Amazónica (1951) cuando su productor y director Anelio Latini se quejó de que no tuvo público para su obra. “Esa es la historia de Iberoamérica”, lamentó la productora. Incluso la nominación al Oscar como mejor largometraje de animación de la producción brasileña O Menino e o Mundo (2013) sirvió de poco a la hora de aumentar esa audiencia esquiva en su propio país. “Hay que criar una autoestima cultural”, defiende. Para ello propuso la misma táctica que utiliza Hollywood: hacer lo propio interesante y promocionarlo. “Que el público consuma nuestra cultura con gusto, que vaya a verlo porque es nuestro, sin disfrazarlo, sin necesidad de ser Disney, pero sabiendo venderlo, promocionarlo, distribuirlo”, recalcó.

Mira los finalistas de los premios Quirino: