La música de Jeff Goldblum

by Rocio Ayuso June 18, 2016
Jeff Goldblum at the piano

Jeff Goldblum and the Mildred Snitzer Orchestra perform at a benefit in Los Angeles.

Getty Images

Jeff Goldblum salvó el mundo de las garras de los dinosaurios de Parque Jurásico. Y cada veinte años salva la humanidad de su desaparición por culpa de lo mucho que le gusta a los alienígenas invadir la Tierra el 4 de julio, ya sea en Independence Day o ahora en Independence Day: Resurgence. Pero entre medias, lo que realmente le gusta hacer a este actor estadounidense de 63 años es tocar el piano. Y para eso no hay que esperar décadas. Simplemente, durante cualquier visita a Los Angeles, es posible encontrar al actor al piano en el Rockwell, un antro de copas y teatro situado en el bohemio barrio de Silver Lake donde suele tocar los miércoles que no viaja. “Pásate cuando quieras que por allí estaré. No tienes más que darme una palmadita en el hombro”, asegura de lo más amistoso a cualquiera que pasa. “Reserva una mesa y allí me pillas. Es solo un hobby pero me encanta”, añade.

La música es el otro Jeff, el que solo más recientemente salió del armario artístico. Toca el piano desde niño y oyéndole hablar de jazz uno se pregunta si el verdadero Goldblum no es un músico que se oculta tras la interpretación. “Muy al contrario, durante mucho tiempo preferí ocultar mi amor por la música para que siguiera siendo divertido”, confiesa. “Nunca intenté tener una carrera musical. Empecé a actuar muy joven y siempre me poseyó la idea de que quería ser actor. Pero debo de reconocer que en más de una ocasión, de chaval, cuando tenía 15 años, me dieron trabajo en Pittsburg porque tocaba el piano”, confiesa sus pecadillos. Ahora ya no esconde su pasión. Si en Los Angeles es un habitual del Rockwell, por ahí lleva varios conciertos junto a Woody Allen en el Carlyle neoyorquino; improvisando en alguna ocasión con Jeff Daniels y su guitarra, o de baladas con la trompeta de Peter Weller. Eso además de ponerle letra en una ocasión al tema de John Williams en Parque Jurásico o interpretando con su grupo, la orquesta Mildred Snitzer, los temas de Independence Day en galas benéficas.

Goldblum también se pasa el día canturreando. Cuando rueda, cuando posa para un reportaje fotográfico, incluso mientras habla. La música brota de su cuerpo como una especie de Bobby McFerrin utilizando su torso como caja sonora. “También lo hago para meterme en el personaje, porque me inspira, siempre es interesante. Y se lo digo al director, al compositor, por si eso le informa”, comenta de una de sus muchas manías. “Pero lo mío es la palabra escrita. Hacer obras de teatro, películas. Son mi estímulo. La música es muy diferente. Mi hobby”, insiste protector.

De boquilla dice que en cine le gusta todo, lo mismo que en música. “Luego me quedo con lo que me interesa”, aclara contradiciéndose. Quiere decir que se lo ve todo. O que lo escucha todo. Que es todo oídos. Pero por el jazz que le gusta tocar en Rockwell y por la música que brota de sus labios, tipo Gershwin, es fácil deducir que le gusta algo un poco más clásico, añorante. “David Bowie siempre es interesante”, agrega del ídolo fallecido el futuro héroe de Marvel ahora que trabajará en Thor: Ragnarok.

También reconoce que en ocasiones es el cine el que le abre los oídos a nuevas músicas, como esos temas brasileños que le enseñó Seu Jorge mientras trabajaba con Wes Anderson en The Life Aquatic with Steve Zissou y de los que se quedó prendado. O la vida en general que recientemente le ha dado la oportunidad de dar la vuelta al mundo en cruceros organizados por el cofundador de Microsoft, Paul Allen, donde ha coincidido con artistas como Quincy Jones, Stevie Wonder, Rufus Wainwright, Joe Walsh o los miembros de Snarky Puppy, entre otros. “Una buena compañía para tocar”, agrega de esos otros conciertos que, a diferencia del Rockwell, son solo para sus oídos y los millonarios que le acompañan.